Santiago de Chile volvió a sufrir los efectos de un fenómeno meteorológico extremo. Una intensa tormenta descargó lluvias, granizo y fuertes ráfagas de viento sobre la capital chilena, provocó inundaciones en calles y edificios y arrancó partes de los techos de una terminal de micros.
Los impactantes videos que dejó el feroz temporal que golpeó a Santiago de Chile
Una fuerte tormenta provocó destrozos en la capital chilena, afectó el transporte público y dejó a miles de hogares sin electricidad. Las autoridades declararon la alerta roja tras una semana marcada por un aluvión.

La emergencia obligó a activar los protocolos de respuesta y llevó a las autoridades a declarar la alerta roja en la Región Metropolitana.
El episodio ocurrió el martes 13 de octubre, apenas cinco días después del aluvión que afectó al sector de Las Condes, en el área precordillerana de la ciudad. Esta vez, las precipitaciones estuvieron acompañadas por tormentas eléctricas y una caída de granizo tan intensa que, en distintos sectores, el hielo se acumuló sobre calles y veredas con una apariencia similar a la nieve.
La situación generó complicaciones en distintos puntos de Santiago, especialmente en las comunas del centro y el oriente. Las imágenes difundidas por residentes mostraron calles anegadas, agua dentro de edificios y daños en estructuras expuestas al viento.
Techos arrancados
Uno de los episodios más impactantes se registró en la Terminal Sur de la Estación Central, donde fuertes ráfagas provocaron el desprendimiento de partes de la cubierta. Las chapas y otros elementos de la estructura quedaron esparcidos en el sector de circulación de los autobuses, en una escena que fue registrada por testigos.
La Dirección Meteorológica de Chile indicó que el fenómeno podría corresponder preliminarmente a un tornado de categoría EF-0. Sin embargo, la clasificación debía ser estudiada por especialistas para determinar con precisión su naturaleza y alcance.
Las ráfagas alcanzaron velocidades estimadas de entre 105 y 137 kilómetros por hora, según los reportes meteorológicos difundidos después del episodio. También se informaron daños en techumbres, revestimientos, canaletas y árboles en distintos sectores de la región.
El granizo provocó otros problemas en la capital. En algunas zonas, la acumulación de hielo obstruyó los desagües y contribuyó a las filtraciones y al colapso de techos, particularmente en edificios antiguos. Las autoridades municipales debieron atender múltiples emergencias mientras las calles permanecían anegadas.
La tormenta también afectó el funcionamiento del Metro de Santiago. Algunas estaciones de una de sus principales líneas quedaron habilitadas únicamente para la salida de pasajeros, mientras que las inundaciones y las dificultades en la circulación complicaron los desplazamientos.
Alerta roja
Ante la magnitud del fenómeno, el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) declaró la alerta roja para la Región Metropolitana. La medida permitió movilizar los recursos disponibles para atender a las personas y los sectores afectados.
El ministro del Interior de Chile, Claudio Alvarado, señaló que los organismos de emergencia estaban desplegados para asistir a quienes sufrieron daños en sus viviendas, vehículos y otras propiedades. También remarcó la importancia de mantener informada a la población para facilitar traslados más seguros.

La Superintendencia de Electricidad y Combustibles informó que más de 36.000 hogares quedaron sin suministro eléctrico durante el episodio. En paralelo, la Dirección Meteorológica emitió una alerta para la zona central del país, desde la región de Coquimbo hasta Biobío.
La nueva tormenta llegó después del aluvión registrado en el sector de San Carlos de Apoquindo, en Las Condes. Aquel episodio provocó daños en viviendas y dejó personas heridas, además de generar preocupación por el riesgo de nuevos deslizamientos y flujos de barro en las áreas cercanas a la cordillera.

Las autoridades chilenas estimaron que el temporal que afecta al país desde mediados de año dejó al menos 16 personas fallecidas y más de 3.000 damnificados, como consecuencia de inundaciones, desbordamientos y daños en infraestructura.
En este contexto, los organismos de emergencia mantuvieron la vigilancia ante la posibilidad de nuevos episodios de inestabilidad. La sucesión de fenómenos extremos volvió a poner en primer plano los riesgos asociados a las precipitaciones intensas en una ciudad que, en pocos días, pasó de enfrentar un aluvión a soportar una tormenta con granizo, inundaciones y vientos destructivos.








