Una mañana de extrema violencia sacudió este miércoles a Río de Janeiro tras un operativo policial en una serie de comunidades del centro de la ciudad que terminó con ocho muertos, varios heridos y una fuerte reacción de grupos narco en las calles.

Se trató de la operación del Bope en el Morro dos Prazeres. Entre las víctimas fatales se encuentran un jefe narco y un vecino tomado como rehén. La reacción de las bandas incluyó colectivos incendiados, barricadas, caos vial y suspensión de clases en distintos puntos de la ciudad.

Una mañana de extrema violencia sacudió este miércoles a Río de Janeiro tras un operativo policial en una serie de comunidades del centro de la ciudad que terminó con ocho muertos, varios heridos y una fuerte reacción de grupos narco en las calles.
Entre los fallecidos se encontraba Claudio Augusto dos Santos, alias Jiló, señalado por las autoridades como uno de los principales referentes del narcotráfico en el Morro dos Prazeres. También murió Leandro Silva Souza, un vecino que fue tomado como rehén durante el despliegue.

La operación fue llevada adelante por el Batalhão de Operações Especiais, el grupo de élite de la Policía Militar, y comenzó cerca de las cinco de la mañana. Más de 150 agentes, con apoyo de patrulleros y blindados, avanzaron en las comunidades de Prazeres, Fallet, Fogueteiro, Coroa, Escondidinho y Paula Ramos.
Según la reconstrucción oficial, en medio del procedimiento un grupo de delincuentes irrumpió en una vivienda y tomó cautivos a Leandro Silva Souza y a su esposa, Roberta. La situación derivó en un episodio dramático que terminó con el hombre herido de muerte.
De acuerdo con lo informado por el comandante del Bope, la fuerza intentó resolver la toma de rehenes sin escalar el enfrentamiento, pero se produjeron disparos dentro de la casa. Leandro recibió un balazo en la cabeza, mientras que su esposa fue rescatada en estado de shock y quedó a disposición de la Justicia para brindar testimonio.
La violencia no quedó restringida a las favelas alcanzadas por el operativo. Poco después del inicio del despliegue, distintos puntos de la ciudad comenzaron a registrar ataques coordinados con barricadas, vehículos atravesados y colectivos incendiados.
Uno de los focos más críticos se dio en la Avenida Paulo de Frontin, en el barrio de Rio Comprido, donde un colectivo fue prendido fuego y otros vehículos fueron utilizados para bloquear la circulación. La escena generó una densa columna de humo, paralizó el tránsito y complicó el acceso al túnel Rebouças.
Las autoridades y empresas del transporte atribuyeron estos ataques a una represalia directa de las bandas ligadas al Comando Vermelho, la organización criminal que tiene fuerte presencia en las comunidades intervenidas. La ofensiva impactó de lleno en la movilidad urbana de una de las zonas más transitadas de Río.
De acuerdo con la empresa Rio Ônibus, al menos cinco colectivos fueron usados como barricadas y uno de ellos terminó completamente destruido por las llamas. Siete líneas debieron modificar su recorrido y no menos de diez servicios resultaron alterados durante la mañana.
El impacto también alcanzó al sistema educativo y sanitario. Siete escuelas municipales suspendieron las clases, mientras que una unidad de atención primaria cerró sus puertas. Otras tres dependencias continuaron funcionando, aunque con restricciones por razones de seguridad.

En paralelo, el Hospital Souza Aguiar recibió a diez personas baleadas. Ocho hombres ingresaron ya sin vida, una mujer quedó internada en estado estable y un policía fue asistido por heridas leves antes de ser dado de alta.
Como saldo del operativo, la Policía Militar informó además el secuestro de dos fusiles, cuatro pistolas y dos revólveres. También fueron detenidas cuatro personas acusadas de haber participado en los disturbios callejeros que agravaron una jornada marcada por el terror, el fuego y la interrupción de la vida cotidiana en Río de Janeiro.