Por Verónica Dobronich
El clima laboral también es emocional (y se entrena)
El desgaste en quienes lideran no solo afecta su rendimiento, sino que impactará de forma directa en el clima, la toma de decisiones y la salud emocional de los equipos.

Cuando se habla de clima laboral, muchas veces se lo asocia con beneficios, encuestas de satisfacción o iniciativas puntuales. Sin embargo, el clima no es algo que se mide únicamente en indicadores, sino que se experimenta todos los días a través de las emociones que circulan dentro de los equipos.
Cada interacción, cada conversación y cada decisión impacta en cómo las personas se sienten en su trabajo. Un comentario fuera de lugar, una falta de reconocimiento o una mala gestión de un conflicto pueden deteriorar el clima más que cualquier política formal. De la misma manera, una escucha genuina, una devolución a tiempo o un espacio de confianza pueden fortalecerlo significativamente.

El clima laboral no es neutro. Siempre está cargado de emociones, aunque no siempre se hagan explícitas. El problema es que, en muchas organizaciones, estas emociones no se gestionan. Se espera que las personas se adapten, que resuelvan por sí solas o que dejen lo emocional fuera del trabajo, como si fuera posible separar completamente ambas dimensiones.
Entrenar el clima implica desarrollar habilidades que muchas veces no fueron parte de la formación tradicional: comunicación efectiva, gestión de conflictos, empatía, escucha activa y regulación emocional. Estas competencias no solo mejoran la calidad de los vínculos, sino que también impactan en la forma en que los equipos trabajan y resuelven desafíos.

El liderazgo tiene un rol clave en este proceso. No solo por lo que hace, sino por lo que habilita. Un líder que escucha, que reconoce y que gestiona adecuadamente las tensiones contribuye a un clima más saludable. Por el contrario, un liderazgo que evita conflictos o que se comunica de manera ineficiente puede generar un entorno de desconfianza.
El clima laboral no es algo que simplemente ocurre. Se construye y se entrena. Y en esa construcción, las emociones ocupan un lugar central que ya no puede ser ignorado.










