Cuando se juntan los cinco amigos que integran “El Ovillo” –y eso no es fácil: si bien viven en localidades relativamente cercanas del norteño departamento General Obligado, igualmente son varios los kilómetros -45 entre Avellaneda y Malabrigo, por ejemplo- que los separan, comienzan a dialogar también diferentes disciplinas: fotografías, pinturas acrílicas sobe tela, acuarelas sobre papel, instalaciones textiles, óleos, grafitos…
El arte de buscar la punta del ovillo
“El Ovillo” es un colectivo integrado por cinco artistas –de distintas disciplinas- del norte santafesino, con una particularidad: sus miembros viven en diferentes localidades: Malabrigo, Reconquista, Avellaneda. ¿Cómo es hacer arte –del bueno- desde el interior del interior? Hay que buscar la punta de este ovillo…

Es decir: juntar y “ovillar” estos hilos diferentes –diferentes lugares de residencia, diferentes lenguajes artísticos- conlleva una primera dificultad fáctica. Y si además el colectivo que forman debe exponer en la capital provincial, o en cualquier otro punto lejano, las dificultades y las distancias se multiplican.
Nada de ello les impidió a Lis Stangafero (de Avellaneda), Margarita Savoia, Lucas Riedel y Hernán Fernández (reconquistenses, los tres) y Silvana Coronel (de Malabrigo) reconocerse, asociarse, “funcionar” y “traccionar” juntos. Se conocieron en el profesorado de artes visuales que cursaron. Y formaron “El Ovillo” en 2025.

“Somos conscientes –dice Margarita Savoia, una de las integrantes del grupo- que geográficamente hablando es complicado hacer arte contemporáneo desde acá. El público, quizás, no está acostumbrado a ver este tipo de propuesta y se conecta mejor con el arte tradicional o costumbrista. Pero no lo vemos como una desventaja. Nosotros salimos de ahí, somos parte de ese público también. Estamos alejados de las grandes urbes, y nos cuesta interactuar con otros artistas y públicos más relacionados con lo que hoy hacemos. Pero es nuestra realidad, nuestra raíz y la aceptamos y tratamos de resignificarla. Sí es un gran desafío tener acceso a muestras o exposiciones, porque estamos alejados y tanto el tiempo como los costos son diferentes para nosotros. Aun así, siempre estamos buscando la forma de participar en muestras o activaciones para mostrar lo que hacemos”.
Lucas Riedel, reconquístense, también se refirió a la distancia con las grandes urbes. “Considero que producir arte desde este contexto tiene ventajas y desafíos: la distancia respecto de los grandes centros culturales permite una mayor libertad creativa, ya que las tendencias y las influencias del mercado no llegan con la misma intensidad; eso habilita formas de pensar y producir arte más personales, ligadas a nuestras experiencias y contextos cercanos”.

Si bien vienen de diferentes ramas del arte, acuerdan una sensibilidad común, reconocible en muchas de las casas de pueblos o ciudades rurales del (mal llamado) “interior”. En sus puestas, uno va a ver a los miembros de “El Ovillo” en una suerte de cocina, tejiendo algunos, dibujando otros, como si se tratara de una reunión en la que puede circular el mate, unas tortas fritas o una torta recién hecha. Derribada la cuarta pared, los ocasionales visitantes caminamos como flotando por ese punto de encuentro, en el que se advierten reconocibles objetos, figuras, tejidos e imágenes de lo cotidiano.
“El Ovillo” por “El Ovillo”
Explicado por ellos mismos, estos jóvenes artistas se definen: “El Ovillo es un grupo de artistas jóvenes emergentes del norte de Santa Fe, con integrantes de distintas ciudades como Reconquista, Avellaneda y Malabrigo. Surge de la necesidad de visibilizar una escena artística activa, atravesada por las identidades y experiencias de cada territorio”.
Consideran que “la propuesta pone en diálogo esas miradas y la multiplicidad de lenguajes plásticos para reivindicar la producción de calidad en una región muchas veces fuera del foco, invitando al espectador a resignificar escenas y saberes íntimos de lo cotidiano: gestos, vínculos y memorias que habitan los objetos más simples”.

La exhibición se complementa con un montaje que evoca un rincón doméstico y acciones performáticas donde el encuentro, la conversación y lo del día a día, entre mates, tejidos y relatos, se vuelven parte de la obra.
Esos ritos domésticos
“Rito doméstico” es el nombre que eligieron para una puesta reciente en la capital provincial (fue en mayo, en la Estación Belgrano, en el marco de + Feria, donde su propuesta fue seleccionada entre múltiples artistas), que propone la exploración de lo cotidiano como un archivo vivo, construido a partir de historias familiares, gestos y prácticas que atraviesan la experiencia de habitar espacios compartidos.

Los rincones de una casa, los objetos heredados y los gestos aprendidos en el ámbito familiar activan recuerdos que exceden lo individual y se transforman en memorias colectivas que trascienden el tiempo, otorgándole importancia a esos escenarios simples que formaron parte de una historia pasada y que hoy forma parte inevitable de lo que somos y nuestra identidad.
a través de lenguajes como el dibujo, la fotografía, la pintura y el textil, las obras recuperan escenas y saberes íntimos que, al entrelazarse, abren espacios a nuevos modos de pensar las conexiones que nos forman: los gestos que se repiten, los vínculos que persisten a través del tiempo y de generaciones, las memorias que habitan los objetos más simples. El trascurrir diario y sencillo se revela como un espacio cargado de sentido, donde lo rutinario pueden transformarse en símbolo, en huella, en celebración.
La propuesta de montaje –explican- “se organiza a partir de una disposición de obras de pequeño y mediano formato (dibujos, pinturas, fotografías y piezas textiles) que se distribuyen sobre la pared generando un diálogo entre sí por medio de una composición abierta y adaptable al espacio”.
Los dibujos y fotografías se colocan mediante imanes, permitiendo un montaje ágil y la posibilidad de reconfiguración durante la instalación. La pintura sobre bastidor se fija con pequeños clavos para garantizar estabilidad. Los textiles, como repasadores y piezas tejidas, se presentan colgados, utilizando clavitos o cinta doble faz según las características de cada soporte.

El montaje se complementa con la incorporación de mobiliario que remite a un rincón doméstico, reforzando el carácter de la propuesta. En este espacio se desarrolla una activación performática a lo largo de la feria: los integrantes del colectivo habitan la escena realizando acciones cotidianas como tejer, bordar, jugar a las cartas y compartir conversaciones invitando a los visitantes a sumarse en estas prácticas.
Esta instancia no se plantea como un evento particular sino como una presencia continua, donde el hacer y el estar forman parte de la obra. La interacción con el público se da de manera espontánea, a través del intercambio de charlas, relatos o “chismes”, acompañados por elementos propios de lo cotidiano como el sonido de la radio de fondo o el mate compartido, integrando así la dimensión vincular al montaje general.
En primera persona
Margarita Savoia: “Soy de Reconquista, en el norte de Santa Fe. Soy docente, profesora de Artes Visuales y artista visual. Crecí con mis abuelos y tíos, que eran panaderos. Y también con mi abuela, que era ama de casa. Así es que crecí en casas antiguas, con olor a pan recién horneado, con montañas de leña y bolsas de harina. También patios grandes, llenos de plantas. Y la cocina y la comida fueron parte de la vida familiar, donde transcurrían todas las historias y todo en ese espacio común. Toda mi obra transita de alguna manera en esos espacios. En las casas, las cocinas, los patios, las anécdotas familiares y en un montón de objetos que pasan de generación en generación”.
Lucas Riedel: “Soy de Reconquista y soy el integrante más nuevo del grupo. Mi producción artística se centra principalmente en la fotografía digital, explorando los paisajes urbanos de pueblos y zonas rurales del norte santafesino. Si “El ovillo” se relaciona con las costumbres, tradiciones, arquitecturas y legados propios de las ciudades pequeñas y pueblos del norte de Santa Fe, mi aporte viene desde las formas actuales de habitar esos espacios. Creo que acerco al grupo una mirada atravesada por las cotidianidades contemporáneas y por el presente que nos rodea, las formas contemporáneas de vida en ciudades pequeñas: los paisajes urbanos actuales, los hábitos comunes y las formas que construyen como se vive hoy y se transita estos espacios; tanto desde las temáticas como desde la técnica, ya que mi herramienta principal de trabajo es la computadora y la edición digital”.
Lis Stangafero: “Soy de Avellaneda y realizo principalmente dibujos y pinturas. Estoy ahora trabajando en un proyecto que habla del hogar, la familia, encuentro entre personas queridas en un almuerzo de domingo, rescatando imágenes simbólicas como el pan casero, la radio, el mate junto al fuego mientras se prepara un asado, la mesa, los platos, os sonidos, los aromas, las risas. Al mismo tiempo, trabajo en un proyecto que rescata las casas fundacionales de mi ciudad, haciendo un registro fotográfico de relatos y dibujos que buscan mostrar de manera sutil y sensible objetos de antes que hacen a nuestra historia, nuestra familia, nuestra tradición. “El Ovillo”, ya desde su nombre, es nuestro punto de encuentro en donde hilamos historias que tienen que ver con lo personal y con lo colectivo, vivir en el norte de Santa Fe, muchas veces olvidado. Y para mí es un lujo, ya que es una tierra llena de historias, de resiliencia, de luchay de relacionarse con el otro para juntar fuerzas y salir adelante”.
Silvana Coronel: “Soy artista y docente, tengo 26 años y vivo y trabajo en la ciudad de Malabrigo. “El Ovillo” es una hermosa experiencia conjunta. La verdad es que pegamos mucha buena onda y nos apoyamos y alentamos para seguir en este camino elegido. El hecho de participar –primero como público- en ferias de arte contemporáneo, que no son comunes en nuestra zona, nos motivó a mostrar lo que hacemos, porque es genuino y es auténtico. Pudimos participar en muestras en Santa Fe y en Resistencia, que son capitales de provincia. Es importante para nosotros, porque viajamos en grupo, mostramos lo nuestro, vemos lo que hacen otros artistas. Seguimos creciendo, todo el tiempo, y eso me pone muy feliz”.
Hernán Fernández, de Reconquista, completa el grupo.
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