Son esos fenómenos que surgen en las ciudades en la actualidad que no se sabe cuándo empiezan, pero que tienen su presencia de una manera imperceptible y van creciendo con el tiempo en forma exponencial. Se ven en las calles, en las avenidas, en los semáforos, como enjambres desatados, incontrolables, invasivos.
Nueva "plaga" urbana
El notable aumento de motos en Santa Fe genera serios problemas en el tránsito, colapsa guardias médicas y expone la falta de controles urbanos eficientes. Entre la necesidad laboral y el costo del boleto, la proliferación de motos transformó la convivencia en las calles y multiplicó los accidentes viales.

Arremeten contra todo y todos. Eluden o al menos tratan de eludir los controles, violan las normas de convivencia. Superan las velocidades permitidas. Van en contra mano, por izquierda, por derecha. Zigzaguean cual demonios por los espacios o intersticios disponibles.
Claro, en toda esta trama y aunque parezca mentira, existen normas básicas de seguridad que, obviamente en su gran mayoría no se cumplen: empezando por la indumentaria obligatoria, siendo indispensable el uso del casco, resistente y abrochado de manera correcta, sumando ropa adecuada y guantes de protección.
Se sigue lo relativo a la visibilidad. La recomendación es mantener las luces delanteras encendidas durante todo el día, para advertir la presencia a los manejantes de otros vehículos. Finalmente, se debe prestar atención a los requisitos legales: para circular en forma legal es necesario contar con la debida licencia, a la vez de cumplir con los límites de cilindrada, de la normativa vigente.
Santa Fe, la capital, está sufriendo una fuerte saturación de motos. Se calcula una densidad de aproximadamente veinte vehículos de dos ruedas por cada cien habitantes, según datos aportados por un diario local. La brecha con los autos es mínima, ya que hay veintitrés automóviles por cada cien vecinos.
El tipo de modelo que se adquiere, en un sesenta y cinco por ciento, corresponde a birodados urbanos de ciento diez centímetros cúbicos de cilindrada, las cuales se eligen por su bajo costo y menor consumo, además de patentes e impuestos más accesibles.
Las principales ventajas del uso de las motocicletas de baja cilindrada es en primer lugar la agilidad, porque permite circular de forma compacta y encontrar estacionamiento con mayor facilidad, en zonas de alto movimiento vehicular.
En segundo lugar, influye en lo económico para el que la adquiere, por el reducido costo en combustible y mantenimiento, en comparación con otros rodados. También debe sumarse a esta realidad el crecimiento de las aplicaciones de reparto que concentra a cientos de trabajadores altamente precarizados, en esquinas y veredas de zonas comerciales, incluso llegando a bloquear el paso peatonal
En los últimos años, el porcentaje de motos pasó del veintiséis por ciento al treinta y ocho por ciento del parque automotor. En cuanto a las víctimas, las motos concentran casi la mitad de las muertes en accidentes de tránsito en la provincia, de acuerdo a información publicada por otro diario.
Un dato muy curioso, es en torno a que se acumulan medio millón de multas anuales por diferentes motivos, como ser falta de casco, uso del celular al conducir y otros. Como resultante de todos estos eventos, se ha llegado al abarrotamiento sanitario y delictivo.
Los hospitales, sanatorios y centros de salud sufren un total desborde, por politraumatismos de conductores vulnerables, a la vez que crecen los hurtos y el uso de motos sin patente, como herramienta para cometer arrebatos.
El gobierno provincial y el municipal realizan operativos con bastante continuidad, a los efectos de impedir las famosas molestias y peligrosas picadas, evitar ruidos molestos y control de documentación. En estos operativos que se realizan con bastante continuidad, se han retenido decenas de motos en infracción, en distintos barrios.
Una noche, de hace poco tiempo, transitaba por la costanera y me encontré de pronto con un retén policial-municipal.
Tuve la suerte de que no me detuvieron para control, pero yo igual estacioné el auto al lado de uno de los funcionarios, puesto que le dije que a escasos metros de allí y a ojos vista, tres motos a la par, hacían piruetas de la conocida en la jerga como "willy" (del original en inglés wheelie, el famoso "caballito").
El hombre con cara de nada y sin inmutarse me respondió que ellos no podían hacer nada, porque no estaban asignados para eso. Yo perplejo, argumenté sobre el peligro que corrían los motonautas y los terceros. La respuesta del uniformado, sin movérsele una pestaña fue inexorablemente la misma.
Con cierta indignación que contuve, puse rumbo al centro. La realidad habla, porque frente al aumento del transporte público y al avance del trabajo independiente (léase precario), las motos se definen como la opción más económica e indispensable en la urbanidad. Uno observa y trata de estar ajeno a este caleidoscopio urbano, hasta que irremediablemente le toca sufrirlo en carne propia.
Un mediodía al terminar de cruzar una gran avenida, sentí de pronto como una gran explosión en la parte derecha y hacia atrás del auto que conducía. Como primer acto reflejo y al venir de atrás el golpe (explosión referida), me fijé automáticamente por el espejo retrovisor y vi que pasaba un niño volando detrás del automóvil.
Luego de percatarme que era un accidente de tránsito más, de los miles que suceden a diario, moví unos metros el coche para ver lo que estaba sucediendo. Un hombre exaltado y fuera de sí me profería toda clase de insultos, ofrecía además pegarme y tironeaba de la puerta del coche que estaba afortunadamente con llave.
Él solo pretendía violencia, seguir disparando malas palabras y a la vez desde su celular llamaba a la policía y a algún abogado de los conocidos "caranchos", del cual se ve que tenía contacto directo, puesto que, en un borbotón de palabras, le describía el acontecimiento, mechando con "dotor", "dotor","dotor".
Finalmente, la moto (plaga urbana) quedó al costado de la calle destruida, la mujer que iba con el energúmeno que conducía el rodado consolaba al niño que gimoteaba y apenas tenía un rasguño en su brazo izquierdo. Así es como esta endemia ha alterado el ritmo de la ciudad, enloqueciendo a sus habitantes.
Por todo esto, para finalizar, solo quiero recordar que en su conocido libro "A sangre Fría", Truman Capote pone en boca de uno de sus personajes, llamado Perry, la palabra "muertecicletas", porque dice que así debería llamarse a las motocicletas, por los daños que ocasionan.










