A nadie escapa que el presidente Javier Milei está cursando un momento muy complicado, para el hoy, para lo que resta de su gobierno y para sus aspiraciones eleccionarias de 2027.
Milei contra Milei
El oficialismo enfrenta críticas por su manejo económico y político, mientras que la inflación y la caída del consumo agravan la situación del gobierno.

A las denuncias de corrupción y sobornos que al parecer lo involucran, incluso a su hermana Karina (por ejemplo el caso Libra, o el de coimas en la Administración Nacional de Discapacidad), se le sumaron momentos políticos negativos por su defensa a ultranza de José Luis Espert, quien finalmente tuvo que renunciar a su candidatura.
Y ahora por otra defensa que involucra al exvocero presidencial y actual jefe de Gabinete, Manuel Adorni. En este último caso se sospecha de hechos delictivos (enriquecimiento ilícito, propiedades, viajes pagados por terceros vinculados al Canal oficial), sumados a actitudes ofensivas o despreciativas hacia algunos periodistas, junto a declaraciones que resultaron luego dudosas de ser verdad.
Adorni, sin ir más lejos, sorpresivamente dejó de ser el que conocíamos para transformarse en lo que niega ser. No es necesario aclarar que el "frente opositor" (hay que llamarlo de alguna manera) se regocija y acomoda ante estos hechos, que son utilizados profusamente para criticar y denunciar al presidente.
Al margen de eso, algo absolutamente previsible, el oficialismo está brindándole en bandeja a la oposición -sobre todo a la identificada con el pasado kirchnerista- todo lo que esta necesita, independientemente de sus propios problemas (desunión, falta de candidatos creíbles o de credibilidad demostrable).
Estos últimos por ahora son factores que juegan a favor de Milei, junto al mal recuerdo que el pueblo tiene del kirchnerismo en general y de la expresidenta presa en particular. Y entonces reaparece Mauricio Macri, que cree se le presenta una buena oportunidad para pensar en una nueva gestión presidencial.
Durante varios días Milei perdió el protagonismo que siempre quiere tener y no pudo imponer la agenda diaria. Además, la inflación no baja (a pesar de sus promesas) pero sí el consumo, con una importante caída de su imagen según algunas encuestas. La guerra en el Medio Oriente, combatir el terrorismo, no está entre las principales prioridades del pueblo argentino.
La tal vez exagerada adhesión a Donald Trump y a Israel también lo perjudicaron, salvo quizás, en el juicio a YPF, donde no caben dudas que el apoyo del presidente de Estados Unidos fue evidente e importantísimo para el resultado logrado, que corrige un tremendo error del peronismo de esa época.
Pobre y confuso en algunos aspectos su discurso con motivo de los cincuenta años del establecimiento en 1976 de la dictadura cívica-eclesiástica-militar, igual ocurrió con su mensaje del 2 de abril con motivo de recordar la guerra de Malvinas. En este caso incluso con pasajes que no se corresponderían con la realidad.
En ambos discursos quedó muy clara la intención de escasa o nula crítica a las Fuerzas Armadas, y prácticamente ningún reproche a los militares causantes de ambas tragedias.
Importante pero insuficiente aún la baja de los índices de pobreza e indigencia, que no le alcanzan a Milei para recomponer su índice de popularidad personal. También es importante pero insuficiente mantener el déficit cero, aumentar las reservas, bajar el riesgo país, etc., porque la gestión económica no es la única meta a alcanzar.
Debe ser la base para mejorar la calidad de vida de la gente. Mientras tanto, la vicepresidenta Victoria Villaruel hace su juego fuera de cualquier acción cercana a Milei. Y también de alguna fracción peronista, al menos, públicamente. Por supuesto no estuvo en el acto de Milei abrazando a todo su gabinete. Tampoco estuvo Patricia Bullrich (¿Porque ya no es ministra?)
El país necesita otro tipo de políticas: ganar amigos que promuevan una intensa actividad comercial con el exterior, no tantos enemigos; más obra pública; actualizar los contenidos de enseñanza en función de formar jóvenes en condiciones de ocupar las vacantes existentes de empleos; contenidos educativos modernos, actuales, realistas; políticas de Estado a largo plazo, urgentes, realizables.
El país no necesita hechos de corrupción, aunque el oficialismo trate de mantener a salvo a Manuel Adorni aplicando algunas estrategias que lentamente lleven a olvidarnos de él. Seguramente tratará de recuperar el protagonismo y buscará imponer los temas a discutir, cerrando filas en resuardo de su gestión, aprovechando un año no eleccionario.
En dicho contexto, lo necesario, lo querible, es que al país le vaya bien. Y que a todos nosotros nos vaya bien.














