El nombre de Tomás Manuel de Anchorena ocupa casi un cuarto de siglo de la vida pública argentina. Tenía 26 años al producirse la Revolución de Mayo, y era regidor del Cabildo. Tres años antes había llegado de Charcas trayendo en las petacas el título de doctor en Teología y de abogado obtenido en los claustros de la Universidad de San Francisco Javier.
Un homenaje santafesino a un congresal de Tucumán
En Santa Fe, se rindió homenaje a Tomás de Anchorena, notable figura en la historia argentina, destacando su rol en la independencia y su legado federalista.

Tuvo una destacada actuación pública en esos días y también fue desterrado a la Guardia de Salto en octubre de 1810 cuando el Cabildo reconoció el Consejo de Regencia.
Vuelto al poco tiempo, los negocios familiares lo llevaron a trasladarse al Alto Perú, donde se contactó con el general Manuel Belgrano, del que fue secretario, confidente y colaborador, como que muchas veces afrontó con dinero personal gastos que el Estado no podía afrontar.
De ese tiempo, una magnifica correspondencia fue editada por Marcos de Estrada en 1966 en homenaje al Congreso de 1816. Electo diputado por su Buenos Aires natal a estas jornadas, signó el acta de la Independencia y se opuso tenazmente al sistema monárquico, defendiendo una federación de provincias bajo el principio republicano de la división de poderes.
Diputado electo por Santa Fe en 1826
Diputado a la Legislatura por su provincia en 1820, fue un acérrimo defensor del federalismo, lo que lo llevó a la caída de Manuel Dorrego a ser perseguido y apresado en el bergantín Río Bamba.
Cuando el Congreso Constituyente que sesionaba en Buenos Aires aumentó el número de diputados que debían representar a las provincias según su población, Santa Fe eligió nuevos representantes, entre ellos a Tomás de Anchorena, que debía reemplazar a José de Amenábar, cura de Santa Fe, quien venía desempeñándose en tal función.
Como Anchorena ya había sido electo por la provincia de Corrientes, se designó en su lugar a Domingo Zapiola. Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores en el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas, respaldó la firma del Pacto Federal del 4 de enero de 1831.
Por razones de salud renunció en enero de 1832 y solo actuó en comisiones asesoras en distintos asuntos legales como el ejercicio del derecho de Patronato y la Beneficencia Pública.
Fue un católico severo, por lo que un diario de la época lo apodó "Torquemada", al prohibir en su ministerio la circulación de libros heréticos, comparándolo con su tocayo Tomás, el célebre fraile de la Inquisición.
Renunció a la gobernación de la provincia en 1834 y esta fue su postrera actuación pública. Se había casado con Clara García de Zúñiga, matrimonio del que nacieron quince hijos, aunque de todos ellos solo seis llegaron a edad adulta y numerosa descendencia.
El Palacio Anchorena, propiedad de los descendientes de su hermano Nicolás, fue inaugurado oficialmente con un gran baile en julio de 1916, en ocasión del centenario del histórico Congreso del que participara, el que fue sede del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.
Fallecimiento y honores oficiales
Falleció en Buenos Aires a las dos y media de la mañana del 29 de abril de 1847, y fue sepultado en el cementerio de la Recoleta, con los honores de rigor.
La Gaceta Mercantil lo calificó como "uno de los más eminentes virtuosos argentinos que ha producido nuestra Patria", recordando que se presentó con "firme y concienzudo valor en los campos de Tucumán al lado del ínclito general Belgrano a sellar con su sangre, el sagrado juramento de la independencia nacional".
Fue despedido por el doctor Vicente López en imponentes exequias y sus restos depositados provisoriamente en la tumba de don Juan N. Terrero, hasta que se eligiera el lugar especial donde el gobierno habría de levantar el monumento final.
El 14 de mayo en la Catedral de Buenos Aires la familia hizo celebrar un funeral, al que asistieron el obispo Mariano Medrano, el ministro de Relaciones Exteriores Felipe Arana -representando al gobernador Rosas- y altos funcionarios que colmaron el recinto.
El gobierno de Córdoba, enterado del fallecimiento del dotor Anchorena le hizo presente sus saludos a Rosas, y el gobernador Manuel López decretó celebrar las exequias funerarias el 31 de mayo la iglesia de Nuestra Señora de la Merced, invitando además de los funcionarios civiles y militares a las comunidades religiosas al responso cantado, debiendo pasarse las invitaciones en la víspera.
Por tres días el personal civil y militar habría de llevar al brazo izquierdo una cinta ancha de crespón negro sin brillo "en justo homenaje de gratitud a los eminente servicios del finado" como los empleados de la frontera.
Ceremonias fúnebres en Santa Fe
Santa Fe no podía permanecer ajena a los homenajes y el gobernador Pascual Echagüe dictó un decreto de honores "al celoso y sabio defensor de la Independencia Americana". Un artículo publicado en Voto Santafesino del 24 de julio fue reproducido en la Gaceta Mercantil el 4 de agosto.
Resulta interesante señalar que no habla de la "Independencia Argentina", sino "Americana", recordando sin duda el autor aquello de "las Provincias Unidas de Sud América" del acta del 9 de julio de 1816, y además porque era una provincia no firmante del acta de Tucumán, lo que habla de integración un espíritu superior.
El gobierno dispuso celebrar al día siguiente de la magna fecha "las solemnes y pomposas exequias en descanso del celoso y sabio defensor de la Independencia Americana". Destacaba la noticia "el doloroso sentimiento manifestado por el Gobierno de la Provincia, el duelo observado por el Cura y Vicario Dr. D. José de Amenábar", lo mismo que el clero secular y regular y "la tristeza del pueblo santafesino".
A continuación transcribía algunos párrafos del elogio fúnebre pronunciado por el cura local, que recordó la actuación de Anchorena como congresal en 1816 y legislador en la Sala de Representantes de Buenos Aires.
También a quien administró recta justicia desde su sabiduría, y en quien todos "encontraban la suave luz que disipaba las dudas, a aquel espíritu incorruptible que tantas veces estableció la paz, armonía y amistad en vuestras quejas recíprocas".
Finalmente invocó a Dios para que fuera "Bendecido de aquel Soberano Poder que es la justicia por esencia". El templo había sido arreglado de acuerdo al ceremonial correspondiente a la dignidad del difunto, totalmente enlutado, comenzó a las diez de la mañana y finalizó a las dos de la tarde, con la misa cantada por el presbítero Amenábar, asistido por el clero en una "cumplida y suntuosa demostración".
Bien decía que "fue una demostración cordial de nuestro gobierno y de todo este pueblo tan amante de los grandes hombres". Gran honor sin duda para esta provincia haber sido de las primeras en reconocer los méritos a los juramentados de Tucumán.
Su retrato
Abundan las imágenes de Tomás de Anchorena: en la mayor parte de ellos aparece de perfil, como la que se encuentra en la Sala de la Casa de la Independencia. Este que se reproduce no es de los menos conocidos y divulgados, leemos que se trata de un daguerrotipo que pertenecía a la colección particular de doña Clara Anchorena de Uribelarrea.
Cerraba su ya mencionada nota necrológica la Gaceta Mercantil diciendo "en medio de una sincera aflicción, en tanto que el biógrafo y el historiador rindan la más alta justicia a su mérito eminente". Llama la atención tan elogiosos conceptos vertidos en Voto Santafesino que dirigía Severo González, dirigidos a una personalidad ajena a la provincia.
Se adivina en ello la influencia del padre Amenábar, quien debió haberlo tratado en sus años de diputado a la Asamblea del Año XIII y del Congreso de 1824.
Contenidos producido para El Litoral desde la Junta provincial de Estudios Históricos. El autor es miembro correspondiente de la Junta en CABA.















