Si algo tuvieron los padres de la Compañía de Jesús fue el interés por la enseñanza de la música, como los R.P. Guillermo Furlong y Pedro Grennon de esa orden y José Torre Revello lo señalaron en interesantes escritos.
Los padres jesuitas y la música en Santa Fe
La influencia de la Compañía de Jesús en Santa Fe se refleja en su legado musical, desde la formación de músicos indígenas hasta la participación en eventos históricos. Formados por en reducciones guaraníes, se destacaban en ceremonias religiosas y eventos históricos del siglo XVII.

Por indicación del padre Pedro Oñate en 1620 bajaron a recibir a un grupo de misioneros a cargo del R.P. Fernando Álvarez Trujillo catorce músicos y cantores formados en las reducciones que tenían como maestro a un indio formado por el padre belga Vasseo (o Vasseau).

El gobernador Diego de Góngora y el obispo fray Pedro de Carranza no sabían que más admirar si al misionero o "a aquellos salvajes de ayer, transformados en adolescentes de finos modales y de extraordinaria habilidad musical".
En la guerra y en las celebraciones
Por la intervención del padre Cristóbal Altamirano una de "las glorias santafesinas" que destacara Furlong, se logró desalojar a los portugueses de Colonia del Sacramento, el 7 de agosto de 1680, con tres mil guaraníes armados que combatieron con gran valentía, y por cuya acción fueron admirados y reconocidos por el general en jefe Antonio de Vera y Mújica, por su adiestramiento y disciplina.
El religioso ordenó a los indios que llevasen "sus pífanos con que se animen a la guerra". Altamirano, educado en Córdoba, bien conoció la particular atención que a la música se le dedicaba en el Colegio jesuita. Los pífanos vulgarmente llamados pitos, "pífaros" o "bífaros", eran unas agudas flautas de madera.
Su nombre parece provenir del sonido onomatopéyico "pif" de la acción de soplar. Según se lee en antiguos documentos habían entrado a España en tiempo de los Reyes Católicos, con los soldados suizos que venían como mercenarios a las guerras de Granada.
El padre Antonio Sepp, que tenía gran afición por la música, al llegar a Buenos Aires en 1691, fue recibido por "sesenta músicos que habían bajado de las reducciones con toda clase de cornetas, pífanos y chirimías americanas, cantaron con grande compostura y a compás, dirigiéndoles uno con una banderita, lo que era muy gracioso a la vista".

No faltaba en Santa Fe el culto por la música, comenzando por el padre Juan Romero, el primer antecedente que llegó de Asunción por el año 1595 y salía en procesión alabando al Señor al son de cánticos.
Esos indios músicos que hemos mencionado, que bajaban desde las misiones a Buenos Aires, tenían como uno de los puntos de su camino Santa Fe, y no faltaron ocasiones en las que celebraron las fiestas de San Jerónimo, o de otros misterios de la religión o demostraran su talento ante los vecinos.
El padre Oñate en 1617 ponderaba los coros y atribuía a las aguas que surcan la provincia su buena calidad en estos términos: "tienen lindas voces, como los más son parañás criados con tan lindas aguas, y así cantan muy bien, con mil tonadas y cantares devotos y de noche en acabando de rezar en sus casas suelen cantar que no parece sino un paraíso".
El padre Florián Paucke S.J., austríaco que llegó a Santa Fe en 1752, en la reducción de San Francisco Javier (San Javier) formó una orquesta con seis violines, un violoncelo, cuatro flautas, una trompa y dos arpas. Tal era su excelencia que eran invitados a Buenos Aires a dar conciertos donde "era universal el aplauso, de la autoridad eclesiástica y de la nobleza reunida en esas festividades".
Nos queda comentar la participación de estos músicos en la Jura de Carlos III, que dejamos para otra oportunidad.
El homenaje a Manuel Belgrano
Ese espíritu de los padres de la Compañía continuó cuando el 9 de noviembre de 1862 se reabrió el colegio bajo la advocación de la Concepción Inmaculada de Nuestra Señora. Y ese espíritu por la música volvió a lucirse como en aquellos primeros tiempos.
En ocasión de organizarse en septiembre de1873 la inauguración del primer monumento ecuestre al general Belgrano en la Plaza de Mayo de Buenos Aires, obra del francés Alberto Carrier Belleuse y de Manuel Santa Coloma, el presidente Domingo Faustino Sarmiento invitó a las provincias a sumarse a los festejos.
En Santa Fe, el gobernador Simón de Iriondo organizó en la celebración para adherir a una figura que era tan cercana por distintas razones a esa provincia. Por ello organizó los actos en el Cabildo para las 16 horas, ocasión en la que leería el discurso que había pronunciado Sarmiento en la inauguración y que se transmitió al instante por telégrafo, según lo había dispuesto el gobierno nacional.
Desde las dos de la tarde la banda del Colegio de la Inmaculada invitado por el gobernador Iriondo, había ocupado la balconada del Cabildo, y al son de distintas músicas fue amenizando la reunión. La ceremonia terminó con la lectura de composiciones poéticas por tres alumnos del Colegio, para finalizar allí mismo con un refresco.
Como un pequeño recital, extractamos estos trozos de la historia musical en los Colegios de los padres de la Compañía de Jesús, para rescatar también al general Belgrano factor decisivo en la independencia con su participación en la sesión secreta del 6 de julio de 1816 en Tucumán y a la imagen del Cabildo de Santa Fe con su balconada sobre la plaza.
Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos. El autor es miembro correspondiente de la entidad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
















