Por el momento Javier Milei puede dormir tranquilo. Por el momento. Por lo menos con relación a los que anuncian un estallido económico y una rebelión social. Los que auguran una catástrofe en el futuro inmediato compiten con los que consideran que Argentina ha emprendido el mejor camino, el camino abierto por la Generación del Ochenta y que los argentinos nunca deberían haber abandonado.
Artimañas, agachadas y constancias de la política
Javier Milei navega con calma ante una oposición dividida, mientras surgen dudas sobre el peso real de sus aliados de gobierno y los riesgos del frente externo.

Mientras tanto Argentina camina. No lo hace con elegancia, tropieza de vez en cuando, pero camina. Y Milei pretende ser el profeta. Los únicos que podrían arruinarle la ilusión no están en condiciones por ahora de hacerle sombra.
Es más, el capital político más atesorado por el gobierno es agitar el espantajo del retorno de una oposición que hundiría al país en el abismo. ¿Es tan así? No lo sé. Pero por lo pronto hay muchos argentinos que le creen al gobierno. Muchos lo apoyan no por sus virtudes, sino por los vicios que portan los que se preparan para reemplazarlo.
En versión charlatanería de bar, se dice que nos merecemos a Milei porque a este país solo lo puede salvar un loco. Refranero popular fundado en el sentido común más chato. No quiero ser ceremonioso, pero lo que la historia nos enseña es que al mundo no le ha ido bien con los "locos"
II
El principal rival de Milei por ahora es el propio Milei. No me consta que sea loco, condición que le atribuyen los que no lo quieren, aunque hay señales más que visibles de sus desequilibrios emocionales. Podemos elaborar el diagnóstico que más nos guste o el adjetivo que nos resulte más cómodo, pero ningún arrebato verbal por el momento lo desestabiliza.
Ni a él ni a Karina. Dicho esto, agrego que Milei debe cuidarse de Milei. Pero no concluyen allí las acechanzas. A Milei, por ahora, Axel Kicillof no le despeina el jopo. Mucho menos Sergio Massa o la propia Cristina. Más a la izquierda, Myriam Bregman festeja si en los próximos comicios obtiene el diez por ciento de los votos.
Digamos que por el momento (y en estos temas siempre las opiniones están condicionadas "por el momento") el hombre está relativamente cómodo en su sillón de Rivadavia. Queda pendiente la promesa de la siempre postergada "alternativa de centro": un gobierno integrado por gente normal, que tome decisiones normales, atendiendo a los principios de normalidad de la segunda década del siglo XXI.
Queda pendiente, sí, pero en este presente Milei está todo lo cómodo que se puede estar ejerciendo una responsabilidad como la de presidente de Argentina, que por definición es incómoda.
III
Si me fuera posible darle un consejo a Milei, le diría que se cuide. ¿Por qué? Porque el peronismo está golpeado pero sigue siendo fuerte. Y al menor tropezón suyo retorna como si jamás en su vida hubieran ejercido el poder y jamás en su vida se hubieran equivocado. La otra advertencia es más sigilosa.
Se la diría en voz baja y con la recomendación de que la maneje con cautela. Javier: Patricia Bullrich quiere ser presidente. Nunca lo negó. Por ahora deslizó, como al pasar, que su aspiración es para 2031. No sé si dice la verdad, o si miente, pero para la lógica del poder ni las promesas ni las fechas importan. A la hora de aspiraciones en la Casa Rosada, Patricia es más fuerte que Kicillof.
Hoy por lo menos lo es. No soy devoto de las encuestas y las mediciones, pero tampoco las niego. Y si en algo coinciden estos muchachos decididos a pronosticar con "recursos científicos" es que la política que mejor mide hoy es Patricia. Eso no quiere decir que automáticamente la vayan a votar o que automáticamente sea candidata a la presidencia.
No quiere decir nada de eso, pero algo quiere decir. Y ese "algo" un político de raza nunca lo desprecia o lo subestima. O sea, como para arribar a una conclusión relativa, digo que la principal rival de Milei es Patricia. Por lo menos la más eficaz en términos de disputa por el poder.
Que integre el mismo staff del presidente no quiere decir nada. En política "traicionar" no es un pecado mortal, a veces ni siquiera es una falta e incluso en determinadas circunstancias es una necesidad.
IV
La otra puesta en escena es internacional. Milei en Estados Unidos y en la ONU. Sus declaraciones de amor por Donald Trump y su flamante porte de nacionalista malvinero. El muchacho insiste con sus rarezas, para decirlo de una manera suave. Habla en la Asamblea General de las Naciones Unidas y se dedica a sacudir a la institución cuyos miembros son los que más apoyan nuestras pretensiones malvineras.
Cosas veredes Sancho. Después, sus amoríos a la hora de la siesta con Benjamín Netanyahu. Una confidencia personal. Un judío amigo de hace muchos años, argentino pero que vive en Israel desde los años setenta, me dice: "De esta pelicula ya imagino su desenlace: el romance de los argentinos con Milei va a terminar y la culpa de todo esto una vez más la vamos a tener los judíos".
Humoradas al margen, Milei apoya al Israel reaccionario, ultrareligioso y conservador. Netanyahu no representa más que el quince por ciento de los votos. Lo demás son habilidades de rosquero profesional. Populista, tramposo, mañero, conocedor de los oscuros deseos íntimos de sus votantes. Conoce todas las trampas de la política.
Miente de vez en cuando y dice la verdad de vez en cuando, pero no se sabe cuando miente y cuando dice la verdad. Como dice y repite Fabián Calle: "Netanyahu es un cacique peronista del Conurbano extraviado en Medio Oriente". Y hasta tiene una esposa, la dulce y temible Sara, que es una mezcla de Evita, Isabel, Chiche y Cristina.
En Israel hay elecciones son en octubre y mi amigo apuesta doble contra sencillo que Netanyahu pierde. Y después de la derrota lo espera la cárcel por sus causas abiertas por corrupción, además de una comisión investigadora que revele qué fue lo que pasó realmente el 7 de octubre de 2023.
¿Cómo pudo ser posible que uno de los servicios de inteligencia más eficaces del mundo y uno de los ejércitos más temibles, hayan sido sorprendidos? Ejercicios conspirativos o no, algo pasó. Y sobre este tema hasta el momento Netanyahu no ha dado una respuesta satisfactoria.
V
En los meses que vienen hay elecciones en Israel, Brasil y Estados Unidos. Todas nos importan de manera directa. Si Lula da Silva gana, la situación a Milei se le complica. Los insultos que le ha infligido a su par brasileño no tienen retorno. Y los que lo conocen a Lula saben que, como buen burócrata sindical, no olvida las ofensas y mucho menos si son gratuitas y provienen de la ultraderecha.
Puede que gane Flávio Bolsonaro. Todo es posible. Si eso ocurre la posición de Milei puede mejorar, pero no tanto. En Estados Unidos todos dicen que Trump pierde por paliza en las elecciones intermedias. Yo quiero ver esa paliza. Por lo pronto, los seguidores de Trump no piensan lo mismo.
Por otra parte, en Estados Unidos es un clásico que el presidente siempre pierda las elecciones intermedias y ello no conlleva una tragedia. Veremos. Lo que importa saber en todas las circunstancias es que en este país las políticas de estado son permanentes.
Los Demócratas podrán ser muy correctos y los Republicanos muy conservadores; los Demócratas suelen exhibir encantadores modales y los Republicanos suelen ser más rudos. Unos se parecen a James Stewart; los otros a John Wayne.
Pero, insisto, las estrategias del poder en sus líneas decisivas son las mismas. Los señores del Pentágono, el Departamento de Estado, la CIA y la burocracia estatal saben muy bien que los presidentes pasan y ellos quedan.












