I
De las Torres Gemelas a Milei y Sarmiento
El autor brinda un análisis sobre el afán de Javier Milei por compararse con Domingo Sarmiento y la reflexión histórica sobre el rol del Estado ante tragedias como el 11-S.

Al cumplirse el primer aniversario del atentado perpetrado por el terrorismo islámico contra las Torres Gemeleas escribí en El Litoral estos apuntes:
"Los mártires del 11 de septiembre no son los asesinos musulmanes seducidos por las promesas de Alá de la vida eterna en un Paraíso rodeados de apetitosas vírgenes, sino los cientos de ciudadanos del mundo que sufrieron una muerte espantosa cuando el infierno se desató en las Torres Gemelas (...)
Los héroes no se llaman Bin Laden o cualquiera de esas bestias fanatizadas y reaccionarias, sino los tripulantes del avión que lucharon contra sus secuestradores e impidieron que un tercer avión cumpla con su cometido de sangre y muerte (...)
Los héroes son aquellas mujeres y hombres que, sabiendo el fin que les esperaba, tuvieron la presencia de ánimo suficiente para comunicarse con sus maridos o esposas y decirles en el último segundo de vida que los amaban. También lo son los que en medio del pánico y la confusión tuvieron la presencia de ánimo suficiente para brindar ayuda aún a riesgo de sus propias vidas".
II
"(...) Tampoco olvidemos que cuando el mundo parecía enloquecer, cuando todo parecía hundirse en la nada, la solidaridad la brindaron los modestos bomberos de Nueva York, los sacrificados enfermeros de los hospitales públicos y los valientes policías. No fue la mano invisible del mercado la que salió a dar la batalla por la vida en medio del fuego, el horror y los escombros, sino la mano firme y segura del Estado (...)
"Un año ha transcurrido de la tragedia que algunos comparan con Pearl Harbour. Estados Unidos intervino en Afganistán y está dispuesto a hacer lo mismo en Irak, pero no son pocos los que suponen que esas intervenciones tienen más que ver con cuestiones relacionadas con el desarrollo de la industria militar y el negocio del petróleo que con una vocación sincera y eficaz en defensa del bien, como le gusta decir a Bush".
"Hoy Occidente sabe que su causa es más digna que la promesa de un orden teocrático y bárbaro promocionado por los hijos de Alá, pero daría la impresión de que Bush y sus halcones republicanos no están a la altura del desafío y siguen creyendo que los conflictos se resuelve adhiriendo a la fórmula de John Wayne".
III
"(...) La pelea contra la barbarie musulmana va más allá de la captura de Bin Laden o de la caída de los talibanes en Afganistán. La guerras contra el terrorismo, el fanatismo religioso y el retorno a un orden social que Occidente superó hace más de quinientos años, reclama de medidas militares pero también de iniciativas económicas, sociales y culturales.
"Occidente no tiene otra alternativa para triunfar que ser fiel a su causa, es decir a la causa de la modernidad. El homenaje a las víctimas de las Torres Gemelas debe incluir un compromiso a favor de un mundo más justo, más abierto y más tolerante. Al fanatismo no se lo combate con más fanatismo; a la barbarie de los hijos de Alá no se la destruye con barbarie tecnológica".
"Aunque los halcones no lo entiendan, la superioridad de Occidente es moral o no es nada. Al mundo libre no se lo defiende con prepotencia imperial o imponiendo a las naciones aliadas sus exclusivos puntos de vista".
IV
No son pocos los políticos que intentan valerse del prestigio de los próceres con la peregrina ilusión de ganar prestigio. Por lo general estos operativos fracasan y en más de un caso naufragan en el ridículo. En esta categoría precisamente se empecina en instalarse el presidente Javier Milei quien no vacila en compararse, por ejemplo, con Domingo Faustino Sarmiento.
No es la primera vez que el actual mandatario se esfuerza en convencernos acerca de sus condiciones de superdotado, pero admitamos que su reciente performance con Sarmiento supera sus anteriores proezas. ¿Nadie lo asesora a este muchacho?
¿Un amigo, una hermana, un ministro? Según los entendidos, algunos le han advertido acerca de los riesgos de cruzar la línea del ridículo con sus arrebatos narcisistas, pero pareciera que a esas palabras se las lleva el viento cuando no estampan una condena política a quien se animó a proferirlas.
La historia nos enseña los riesgos que corren quienes han pretendido poner límites a la egolatría de los detentadores del poder convencidos de su genialidad.
V
Que los ministros o amigos no se animen a hablar no significa que quienes no tenemos el inmenso placer de frecuentar la amistad de Javier no forjemos nuestra propia opinión.
El más elemental sentido común nos aconseja poner límites a nuestro ego y si consideramos que somos dueños de alguna virtud esperar que sean los otros los que la reconozcan, porque no es ni elegante, ni prudente ni sensato que nosotros mismos digamos que somos los más lindos, los más inteligentes y los más buenos del mundo.
Esos escrúpulos pareciera que en Milei están ausentes. No sé lo que hace cada uno cuando a la mañana se mira la cara en el espejo. Yo puedo creer en mi intimidad que soy más lindo que Rodolfo Valentino y Alain Delon, pero un mínimo sentido de prudencia me aconseja que no salga a la calle a comentarle a mis amigos o a conocidos mi certeza acerca de mi propia belleza.
Por el contrario, Milei no vacila en considerarse el mejor presidente de la historia argentina y, si lo apuran, el mejor del mundo. Algunos límites se pone porque, por ejemplo, estima que su talento es igual al de Sarmiento, una afirmación a todas luces mentirosa porque Milei en su intimidad está absolutamente persuadido que él es más talentoso que el sanjuanino.
Sarmiento, después de todo, además de loco era un estatista incorregible con tentaciones reformistas al régimen de la propiedad que lo colocaban a la altura de Carlos Marx.
VI
Seguramente nuestro presidente no conoce algunos detalles. Por ejemplo, la singular relación sentimental y política que el sanjuanino sostuvo con Aurelia Vélez Sarsfield. Mejor que no lo sepa, porque el dato inspiraría en Milei la tentación de comparar a Aurelia con Karina, una novedad que no debemos descartar para próximos aniversarios.
Detalles escabrosos al margen, digamos en principio que Sarmiento siempre se pensó como un estadista y todas sus iniciativas estuvieron inspiradas en esa condición. Por más esfuerzos imaginativos que despliegue, no lo veo a Milei predicando a favor de la educación laica, gratuita, obligatoria… y estatista. Mucho menos promoviendo la reforma agraria.
Sospecho que también están ausentes en el currículum del actual presidente obras como "Facundo", "Recuerdos de provincia", "Mi defensa", "Viajes" o "Campaña del Ejército Grande", libros que Sarmiento escribió y ni sus adversarios más enconados le niegan su autoría, virtud de la que Milei está claro que no puede jactarse.
No solo porque escribió poco y nada, sino porque hay buenos motivos para sospechar que los escasos méritos de sus textos se deben más a la potencia creativa de la Inteligencia Artificial que a sus méritos intelectuales.














