I
Tiempos de intrigas e incertidumbres
La política argentina se encuentra en un delicado equilibrio, donde ninguna figura logra imponerse con claridad. Entre intrigas y alianzas el futuro es más que incierto y disputado, con Javier Milei como protagonista destacado en el escenario electoral actual. ¿Logrará consolidar su liderazgo? La respuesta sigue abierta.

Vivimos tiempos de incertidumbre política. Una incertidumbre moderada, light, pero incertidumbre al fin. Alguien puede postular, por ejemplo, que Javier Milei será reelecto el año que viene, y otro alguien puede postular con idéntica tranquilidad de conciencia lo opuesto.
Entre ambos antagonismos hay diversas opciones, pero así como cada uno de los participantes cree en sus predicciones, estas pueden refutarse en toda la línea. La incertidumbre es precisamente esa condición social equilibrada sobre la base de que ninguno de los liderazgos logra un claro predominio.
No obstante -y siempre los "no obstante" arruinan las estrategias más promisorias- yo me atrevería a decir, honrando a un principio básico de realismo, que si las actuales condiciones de equilibrio social y político se sostienen, Milei dispone de muchas posibilidades de ser reelecto, afirmación que relativizo diciendo que si fuera reelecto no lo sería con mi voto.
II
La Argentina que vivimos está muy lejos de ser el paraíso que promocionan los libertarios, pero también está muy lejos de ser el infierno que proclaman populistas e izquierdistas. En ese escenario equilibrado por las carencias y no por las virtudes, Milei dispone de una ventaja decisiva: es un candidato a quien, por el momento, en el espacio o coalición que representa, nadie le disputa el liderazgo.
Lo mismo no pueden decir los opositores. Empezando por el peronismo, que está estancado y embarrado en una crisis de liderazgo superior al de la derrota de 1983. La izquierda ha encontrado en Myriam Bregman una referencia vigorosa, pero a nadie se le escapa que ese sorpresivo crecimiento de la izquierda puede saltar, en el mejor de los casos, del actual dos por ciento de los votos a un inesperado diez por ciento.
Un porcentaje que ningún partido trotskista logró en el mundo, pero que resultaría insuficiente para disputar una presidencia con la que, en el milagroso caso de ganarla, no sabrían qué hacer con ella. ¿Por qué? Porque para esta izquierda todo cambio verdadero se llama "revolución" y se representa con las escenas de la revolución rusa de octubre de 1917, un imaginario que no ha sabido ni ha querido superar.
III
La otra posibilidad política hacia el futuro inmediato sería una coalición democrática, republicana, diferenciada del paradigma neoliberal y del paradigma populista. En un país en el que casi el sesenta por ciento de los votantes dice estar disconforme con los actuales liderazgos políticos, llama la atención que una propuesta centrista no logre adquirir presencia.
Me consta que dirigentes e intelectuales están trabajando en esa dirección, pero también me consta que sus chances de ser ganadores o de adquirir una representación significativa con vistas al futuro son muy difíciles.
Estas dificultades poseen la consistencia de lo real, pero cualquier político con sangre en las venas sabe que una de las exigencias o uno de los desafíos para honrar la condición de político es proponerse objetivos que para el sentido común dominante son de imposible realización.
Estas lecciones las conocían Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi o Raúl Alfonsín, es decir, políticos a quienes el poder nunca se les presentó como un regalo o un plato servido.
IV
Retornemos al barro de lo real. Milei tiene todas las de ganar, pero yo le aconsejaría no festejar con anticipación porque a lo largo de mi vida he visto a muchos potros ganadores que se mancaron en los últimos cien metros. Milei seguramente ya aprendió que ser presidente es hacerse cargo de que desde el primero hasta el último día de su gestión hay intereses dedicados a serruchar el piso.
También debería saber que el fuego más temible suele ser el fuego amigo. Para Milei el peronismo es más una necesidad que un problema. Sobre todo un peronismo como el actual, dividido, que los únicos candidatos que tiene para ofrecer son Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner.
Es verdad que al peronismo nunca hay que subestimarlo y mucho menos extenderle certificado de defunción porque, ya lo sabemos, siempre se las ha ingeniado para reciclarse sin dejar de ser al mismo tiempo el peronismo de siempre.
Hecha esta salvedad, yo en el lugar de Javier prestaría atención a las maniobras de Mauricio Macri, pero sobre todo a las ambiciones nunca desmentidas y, por el contrario, confirmadas diariamente, de Patricia Bullrich, "la montonera asesina"... según la calificara el propio Milei con su proverbial y delicada sutileza.
V
Según dicen que dicen los que saben, Patricia es la dirigente que mejor mide en un universo de dirigentes donde todos están más o menos cuestionados.
Patricia hoy posee mejor imagen popular que Milei, y cada vez que las circunstancias lo permiten no pierde la ocasión de diferenciarse del hermano y la hermanita, pero en términos de poder descarnado su principal capital es el apoyo cada vez menos disimulado del "círculo rojo" que, según se rumorea, está hasta un poco harto de los desequilibrios del actual presidente.
¿Será tan así? ¿Será que el temible y enigmático "círculo rojo", es decir, las clases o grupos propietarios más fuertes están dispuestos a darle el esquinazo a Milei? No lo sé, pero lo sospecho.
Estos procesos que se cocinan en las alturas y entre las penumbras del poder son complicados por definición y, como la experiencia histórica lo enseña, en más de una ocasión los grandes manipuladores del poder pierden el control político y se producen consecuencias inesperadas.
VI
A pesar o en contra de mis prevenciones, la memoria histórica recuerda una coyuntura en la que las maniobras de los magos o los zorros de la política lograron salirse con la suya. Me refiero a la crisis de 1890, que tuvo como desenlace la renuncia del presidente Miguel Juárez Celman.
Cuento en apretada síntesis que los representantes fuertes del poder de entonces, Julio Argentino Roca y Carlos Pellegrini entre otros, arribaron a la conclusión de que Juárez Celman y "sus niños irresponsables" no podían continuar en el poder, entre otras cosas por ser los culpables de una crisis financiera que amenazaba extenderse a la economía y la sociedad.
Había que terminar con "el burrito cordobés", pero la maniobra política debía ser de una sutileza tal que permitiera al mismo tiempo impedir que la caída del presidente habilitara la llegada al poder de la oposición, que tenía en Leandro N. Alem y Bartolomé Mitre a sus principales referentes. Fue en esa circunstancia que Roca empezó a ganarse el apelativo de "Zorro".
El presidente, concuñado de Roca, logró sofocar la denominada "Revolución del 90", pero el poder no lo tomaron los revolucionarios sino que se trasladó amorosamente a los brazos de Pellegrini, Roca y Vicente Fidel López. ¿Por qué narro este episodio? Dejo librado a la inteligencia de ustedes la moraleja.

















