Norbert Hanold, protagonista de "Gradiva", de W.H. Jensen, vive atrapado en una obsesión arqueológica que desdibuja los límites entre la realidad y la fantasía.
Wilhelm H. Jensen (1837-1911). Escritor y poeta en idioma alemán. Es recordado, ante todo, como el autor de la novela que atrajo poderosamente la atención de Sigmund Freud y generó su más larga interpretación de una pieza literaria.
La novela corta "Gradiva" (1903), de Wilhelm Hermann Jensen, ocupa un lugar singular dentro de la narrativa alemana de comienzos del siglo XX, menos por su fortuna literaria inmediata que por las lecturas posteriores que la convirtieron en un texto de referencia.
Escrita en un punto de transición entre el romanticismo tardío y la sensibilidad moderna, la obra combina arqueología, sueño y obsesión intelectual desde una prosa contenida, precisa y deliberadamente antisentimental.
El protagonista, Norbert Hanold, es un joven arqueólogo cuya vida afectiva ha sido absorbida por completo por su disciplina. Su atención se fija de manera obsesiva en un relieve antiguo que representa a una mujer caminando con un paso singular, a la que bautiza "Gradiva".
Ese gesto mínimo desplaza cualquier forma de deseo vivo y convierte a la figura en una presencia situada fuera del tiempo. El viaje a Pompeya, eje narrativo del relato, no funciona como una simple excursión académica, sino como un espacio donde la frontera entre sueño y vigilia comienza a desdibujarse.
Portada una de las ediciones de "Gradiva", de Wilhem H. Jensen.
Jensen construye el relato con una mirada casi clínica. La narración no juzga al protagonista, pero lo expone como un caso: una conciencia que sustituye el vínculo humano por la proyección obsesiva sobre una imagen muerta. Gradiva puede leerse así como una novela sobre la deriva patológica del deseo cuando se repliega en el pasado.
Los personajes son escasos y estrictamente funcionales. Destaca Zoe Bertgang, cuya aparición introduce una ambigüedad decisiva entre lo real y lo fantasmático. Su rol no es romántico, sino revelador: obliga a Hanold a confrontar el origen reprimido de su obsesión y a desmontar el delirio sin recurrir a un desenlace sentimental.
La relación con Sigmund Freud resulta central para la historia crítica del texto. En "El delirio y los sueños en la 'Gradiva' de W. Jensen" (1907), Freud lee la novela como una metáfora arqueológica del trabajo analítico: el deseo reprimido aparece sepultado bajo capas de saber, erudición y fantasía, y solo puede emerger mediante un proceso de excavación.
Jensen, sin proponérselo, anticipa así una intuición narrativa del inconsciente. Comparada con "Le Roman de la momie" (1858), de Théophile Gautier, la diferencia es elocuente. Allí, el amor por lo antiguo se despliega como exaltación sensual; en Jensen, en cambio, la atracción por el pasado aparece como síntoma: no celebración del deseo, sino su congelamiento.
Así, "Gradiva" no propone una resurrección romántica, sino una patología del conocimiento. El pasado no vuelve como promesa, sino como trampa, y esa negativa a embellecer la obsesión es lo que mantiene vigente la breve y perturbadora novela de Jensen.
+ INFO
"Gradiva", obra de Wilhelm Jensen publicada por Ediciones Mnemosyne. Argentina, 2007 (120 páginas). Gradiva, también conocida como "la que camina" (o "la que avanza"), es una figura mitológica del siglo XX que cobró fama justamente a partir de esta novela. Está inspirada en un bajorrelieve romano de estilo neoático, probablemente copiado de un original griego del siglo IV a.C.