Federico De Roberto construye en "El miedo" un relato concentrado en un episodio mínimo de la Primera Guerra Mundial: una patrulla nocturna que avanza lentamente hacia una posición enemiga bajo la amenaza constante de un disparo invisible.

Federico De Roberto presenta en "El miedo" una cruda visión de la guerra, destacando la experiencia colectiva, sin héroes ni metáforas innecesarias.

Federico De Roberto construye en "El miedo" un relato concentrado en un episodio mínimo de la Primera Guerra Mundial: una patrulla nocturna que avanza lentamente hacia una posición enemiga bajo la amenaza constante de un disparo invisible.
La acción es escasa y deliberadamente contenida; todo ocurre en un espacio reducido y en un tiempo casi suspendido, donde cada paso y cada silencio adquieren un peso decisivo. La traducción de Carlos Manzano respeta con precisión esa economía expresiva, sosteniendo una prosa sobria que evita cualquier énfasis añadido.
Los personajes aparecen despojados de individualidad psicológica. No hay biografías ni motivaciones desarrolladas, sino cuerpos sometidos a una situación límite: respiraciones contenidas, temblores involuntarios, vacilaciones ante una orden que ya no garantiza seguridad alguna.
El oficial que guía al grupo no se erige como figura heroica ni como conciencia moral, sino como parte de un mecanismo común en el que el miedo se impone como experiencia compartida, casi automática, que iguala a todos.
El lenguaje está al servicio de una constatación desnuda y material del miedo como fenómeno físico y colectivo. La prosa prescinde de metáforas dominantes, de ironía y de cualquier imaginación que amortigüe la experiencia. Incluso el espanto aparece despojado de pathos.
Las frases, breves y precisas, se apoyan en la observación externa y avanzan con una neutralidad sostenida que confiere al texto un carácter casi documental, aunque nunca naturalista en sentido estricto. De Roberto no reflexiona sobre la guerra ni la convierte en alegoría: la mide, registra sus efectos inmediatos sobre los cuerpos y las conductas.
Esta sequedad extrema distingue a "El miedo" dentro de la obra de un autor conocido sobre todo por "Los virreyes" (I Viceré, 1894), gran novela histórica y política de arquitectura compleja y ambición panorámica.
No deja de ser significativo que, fuera de Italia, De Roberto haya sido particularmente leído en la Argentina de comienzos del siglo XX, cuando su novela "Espasmo" (1891) circuló en edición popular a través de la Biblioteca La Nación, contribuyendo a una temprana difusión de su obra en el ámbito rioplatense.
Frente a esa tradición narrativa más amplia, "El miedo" se afirma por sustracción, y su singularidad se vuelve aún más clara si se la contrasta con la escritura de un contemporáneo como Gabriele D'Annunzio, orientada a la exaltación estética y al gesto heroico. Leído hoy, el relato conserva una vigencia notable.

Su potencia no reside en el tema, sino en la precisión de una prosa que rehúye tanto el sentimentalismo como la grandilocuencia. En un panorama saturado de explicaciones y de excesos expresivos, "El miedo" sigue resultando incómodo por su frialdad sostenida. De Roberto no busca persuadir ni conmover: se limita a narrar. Y es en esa renuncia donde el texto encuentra su fuerza más perdurable.
+ INFO
"El miedo", obra de Federico De Roberto, publicada por Gallo Nero, España, año 2010 (56 páginas).