Con motivo de la publicación en Madrid, en la prestigiosa editorial Doce Calles -en su colección Gnomon-, del libro "El caminante de la ruta 1", Santiago De Luca y Estanislao Giménez Corte entablarán un diálogo sobre la relación entre la escritura y el territorio.
Del Buenos Aires de Borges a la Zona de Saer
La relación entre literatura y territorio será el eje central del diálogo entre Santiago De Luca y Estanislao Giménez Corte, en un evento previsto para el próximo 14 de agosto. Organiza el Ateneo Borges.

El encuentro se enmarca dentro de las propuestas del Ateneo Borges de la librería Ferrovía y cuenta con la invitación de la casa editorial de la Universidad Nacional del Litoral, Ediciones UNL. La actividad se llevará a cabo el viernes 14 de agosto en Ferrovía Sur, San Jerónimo 1745. En este contexto, El Litoral conversó con el autor.
- Al margen de las ideas tradicionales de la peripatetia y del flaneur, ¿cómo aparece en vos la intención de escribir relatos atravesados por el acto de caminar? ¿Qué encontrás o qué buscás en esas caminatas por La Guardia o Arroyo Leyes? ¿Qué aparece como resultante entre tus lecturas y la observación del paisaje?
- Siempre sentí que una parte del acto de escribir (que en mí tiene muchas etapas) se relaciona con el acto rítmico y revelador que es caminar. Cuando camino se producen revelaciones y se genera una atmósfera en mi cerebro casi musical y preverbal que luego me dispara frases que me persiguen en otros momentos del día.
En esas caminatas alrededor del eje que forma la ruta 1 no busco nada, pero me ha sucedido encontrar cosas que no sabía que me aguardaban. No se trata, en mi caso, de observar el paisaje o de algo folclórico, sino que el influjo del paisaje brota sin que me lo proponga, de manera soterrada.
Tal vez haber vivido muchos años en otros lugares me haya vinculado de esa manera con este espacio. La "posesión" que da la ausencia. Es verdad que la lectura de algunos textos permite sentir mejor el paisaje. Memorizar un verso de Juanele y se verá mejor después un atardecer en el Paraná. Lo mismo puede suceder con textos de Borges y Buenos Aires. Y Saer y Santa Fe.
La literatura crea y da espesor al territorio en una dimensión simbólica. Siempre que no sea un exceso deliberado y brote incluso a pesar de la voluntad del escritor. Borges citaba esa frase de que en el Corán no hay camellos y que por esa razón era un verdadero libro árabe. Pero sucede que en el Corán sí hay camellos, y en la literatura de Santa Fe hay río.
Hace unos meses en la Casa de Santa Fe en Buenos Aires en colaboración con la Fundación Internacional Jorge Luis Borges montamos una muestra sobre el Aleph y las provincias. El Aleph está ubicado de manera espacial en Buenos Aires.
Y desde ese lugar surge el universo. Tal vez sea ese uno de los trabajos del escritor, desde lo local acceder a lo universal con un tono propio, con el ritmo de sus caminatas y sus calles. Recordemos que Borges en nuestro museo Rosa Galisteo habló de las ideas platónicas en una de sus visitas a la ciudad.
En el simposio Borges Rosa que llevamos a cabo con la Secretaría de Gestión Cultural de la Provincia abordamos ese anclaje en el territorio de lo universal. El Aleph está en la calle Garay, y desde esa calle se accede al cosmos.
- ¿En qué autores estos relatos que escribís tienen su eco literario? ¿Qué importancia le otorgás al espacio o territorio en la obra de un autor?
- Los autores conscientes que tienen un eco, y por diferentes razones, en este caso son Paul Bowles y Juan José Saer. Después está lo más importante, los ecos inconscientes que uno ignora.
La importancia que le doy al territorio, en la obra de un autor, es la siguiente: un territorio no hace que alguien sea escritor, pero sí puede permitir, si hay una conexión profunda, que emerja lo que se lleva dentro y se desconocía.
Además, el desafío del escritor es construir un territorio de palabras. Y por otro parte, el territorio siempre estará con uno. Borges confesaba que cuando situaba un relato en un ambiente exótico o en un país lejano era cuando mejor escribía de Buenos Aires. Recordemos el poema "La Ciudad", de Konstantínos Kaváfis.
- ¿Cómo podrías explicarnos la idea de la condensación y la elipsis que definen estos relatos?
- Es cierto que trabajé con esas dos herramientas retóricas. A veces, entre una frase y otra ha sucedido algo definitivo, algo inmenso que condensa mucho tiempo. Algo que no está en la escena que se ve, pero que se evoca en la condensación de las palabras previas y posteriores.

Pienso que de esta manera algunas cosas se pueden transmitir con más fuerza. Esos recursos son una de las posibilidades maravillosas que nos permite la literatura. Y más en estos tiempos de saturación de información visible, la elipsis sugiere que lo más importante siempre no está en primer plano.
- ¿Qué podrías contarnos de la presentación del libro que se va a hacer en la librería Ferrovía?
- En realidad no será una presentación del libro. Será una excusa para compartir un diálogo con el periodista Estanislao Giménez Corte -destacado escritor e intelectual de Santa Fe-, sobre la relación entre la escritura y el territorio.
Con él ya tenemos una historia de años de conversar a dúo en actos literarios. La idea es que el encuentro se transforme en un diálogo ameno entre amigos en el ámbito fantástico que es la librería Ferrovía.












