Dentro del vasto proyecto de los Viajes Extraordinarios, "El testamento de un excéntrico" (1899) ocupa un lugar periférico en la cultura popular, pero central en la genealogía de la literatura experimental. Mientras que en sus obras canónicas Julio Verne utiliza la tecnología -el Nautilus, el Albatros- o la naturaleza indómita como motor del desplazamiento, aquí el combustible es una aleatoriedad reglamentada.
La tiranía del azar
Julio Verne desafía la narrativa tradicional al transformar un viaje por Estados Unidos en un juego de azar, donde el destino lo dictan los dados, no la voluntad.


La novela no es solo un viaje por los Estados Unidos, es la transmutación de un territorio nacional en un artefacto lúdico: el noble Juego de la Oca. La genialidad, y el rasgo puramente proto-rousseliano de esta obra, reside en la subordinación absoluta de la trama a una estructura externa y arbitraria.
Raymond Roussel, en "Locus Solus" o "Impresiones de África", construía mundos a partir de juegos de palabras y reglas fonéticas; Verne, décadas antes, lo hace a partir de la lógica del casillero. Aquí, el personaje no viaja hacia donde dicta su voluntad o la necesidad dramática, sino hacia donde el azar de los dados lo arroja.
Esta "tiranía del azar" rompe con la narrativa decimonónica tradicional, ya que el autor no busca la verosimilitud del viaje, sino la fidelidad al sistema de juego. Si los dados marcan Illinois, los protagonistas deben cruzar el continente, aunque el sentido común dicte lo contrario.
El mapa de los Estados Unidos se convierte en un readymade geográfico, una cuadrícula de sesenta y tres casillas donde el relieve montañoso o la distancia física son secundarios frente al valor numérico del tablero. Esta intersección entre el juego de mesa y la diégesis literaria crea una tensión fascinante.
El Juego de la Oca es, por definición, un laberinto lineal con trampas: el pozo, la muerte, la posada. Verne traduce estas metáforas lúdicas a la realidad estadounidense con una literalidad técnica asombrosa: la "cárcel" puede ser un estado de detención real y los "puentes" son saltos geográficos tangibles.
Lo que rescata la singularidad de esta novela frente a hitos como "La vuelta al mundo en ochenta días" es que, en aquella, el tiempo era el antagonista; aquí, el antagonista es el procedimiento. William J. Hypperbone, el fallecido excéntrico, actúa como un demiurgo que ha programado la realidad de los vivos desde su testamento.
La novela se constituye así en una de las primeras muestras de literatura algorítmica: el autor establece las reglas iniciales y deja que el sistema genere la historia. "El testamento de un excéntrico" es la obra donde Verne se despoja del romanticismo de la exploración para abrazar la modernidad de la estructura pura.
Es un eslabón perdido entre la aventura clásica y la literatura potencial del siglo XX, un antecedente directo del espíritu de Oulipo. Al leerla hoy, no vemos solo una descripción minuciosa de la geografía americana, sino una reflexión sobre la vida como un juego de suma cero, donde el territorio es una abstracción y el ser humano, apenas una ficha movida por fuerzas invisibles.
Verne, en su etapa final, nos advierte que el viaje más extraordinario no es hacia el centro de la Tierra, sino hacia el centro de la regla.
+ INFO
"El testamento de un excéntrico", obra de Julio Verne, publicada por Martín Fierro Libros, España, 2024 (305 páginas).












