"Tiembla la mano./ Algo por dentro fluye:/ la hoja en blanco". Con la condensación del gesto frágil del poeta y su oficio, Marcelo "Pajarito" Sutti abre su libro "Quimera" (haikus en fuga), publicado por Ediciones La Carta de Oliver, con ilustraciones del poeta y dibujante Juan Carlos Moisés.
Quimera: la naturaleza de la forma
En Marcelo Sutti, la forma es el procedimiento mediante el cual el poema descubre en la naturaleza su razón poética.

"En fuga", como si el instante que intenta abrazar la palabra se evaporara en otra imagen. Los haikus son nubes de poemas, que en su forma condensan la percepción del momento que enseguida se vuelve experiencia.
En "Quimera", porque acaso representa el lugar de cualquier poeta en el mundo, pero en este caso no es una abstracción: La Quimera es la casa que ha creado Sutti en medio de una vegetación serrana en La Silleta, a unos 20 kilómetros de Salta.

Y si bien él puso la casa allí, esa vegetación y la vida que en ella habita ha ido ganando el espíritu del poeta y el músico (hasta hace poco contrabajista de la Sinfónica de la Provincia), hasta el punto de que en sus poemas se puede escuchar el sonido de ese verde, mientras palabras y naturaleza parecen fundidas en el sentido del paisaje.
Como en la frase que un discípulo atribuye al maestro del haiku Matsuo Bashō, "Ve al pino si quieres aprender sobre el pino, o al bambú si quieres aprender sobre el bambú", Sutti ha elegido el camino de la forma para meterse en la naturaleza de las cosas, o en la cosa con su naturaleza: "El árbol sueña/ y en sus sueños de árbol/ se sueña árbol".
No es extraño entonces que estos haikus surjan en Salta, región poética que bajo su tradicional apariencia de canto a la tierra hay un Dávalos hermano de Li Bai y un Castilla sintético en "Copajira". Un verso breve de Aráoz Anzoátegui. Un Regen "de espalda a la aguerrida geografía" al decir de Walter Adet, y el mismo Adet de poemas como "Sobre la piedra", o una Kuky Leonardi emancipadora.
Una tradición de fuerte cohesión, pero con diversos tonos y percepción del entorno que explican las alturas y el contraste entre sí de un Santiago Sylvester y un Leopoldo "Teuco" Castilla. Tal vez el elemento cohesivo que mantiene esa tradición, al menos hasta la generación de un Carlos J. Aldazábal, Geraldine Palavecino y Darío Villalba, lo constituya la prosodia del verso español más que el paisaje.
Es en ese sistema que "Pajarito" Sutti ha desafiado las sucesivas implantaciones de vanguardias y se apegó como bosque de un solo árbol a la forma del soneto. Existen razones históricas para que en el siglo XXI desconfiemos de la métrica y la rima. Un siglo y medio de versos libres y vanguardias no solo construyeron otra tradición, sino que propició la pérdida de saberes y herramientas poéticas.

A su vez, las vanguardias demostraron que la forma piensa. No es un recipiente donde se deposita una experiencia ya elaborada, sino una operación que la transforma. T.S. Eliot plantea que la poesía no consiste en trasladar directamente una emoción al poema, sino en encontrar la configuración verbal y objetiva capaz de hacerla existir como experiencia. La emoción no se declara: se construye.
Métrica, ritmo, extensión, repetición, corte y disposición de las imágenes no son elementos posteriores al sentido; son partes constitutivas. El poema piensa a través de esas decisiones. Sutti llega al haiku desde una relación sostenida con el soneto. Ambas formas exigen reglas propias, restricciones que obligan a encontrar relaciones que difícilmente aparecerían fuera de ellas.
Con lo expuesto, busco dar cuenta de la impresión de fondo que me dejó la lectura de este libro. Estos haikus reafirman que, en Sutti, la forma es el procedimiento mediante el cual el poema descubre en su propia materia la naturaleza de su razón poética.
En el poema que leímos anteriormente sobre el árbol, por ejemplo, la experiencia se vuelca sobre sí misma en tres movimientos mínimos: árbol / sueños de árbol / se sueña árbol.
La forma produce la idea de una naturaleza que se reconoce a sí misma. Un procedimiento que está en el centro de su poética. Así, los 150 haikus en fuga ubican a "Pájarito" Sutti como una de las voces más auténticas en el sistema de la región poética a la que nos hemos aproximado.
Autenticidad que está implícita en la relación del poeta con su materia y que él mismo razona en el pequeño prólogo:
"Desentrañar la filosofía del haiku desde Salta es una tarea de aproximaciones. Mi relación y convivencia con la naturaleza contempla el trato a sus tres reinos como sujetos de derecho. Es así que a través de la forma y con el propósito de acercarme a su raíz, encuentro Haikus en fuga. Mi 'aquí y ahora' es La Quimera, el lugar real y soñado a la vez, donde percibo esos instantes, que comparto como una inesperada y maravillosa presencia".












