"El psicoanálisis (no) es imposible. Una introducción a su práctica", es el más reciente libro de Verónica Buchanan. Escrito en colaboración con Luciano Lutereau, es un ensayo que, a partir de situaciones cotidianas, ilustra la práctica del psicoanálisis e introduce en los elementos de la clínica.
El psicoanálisis ofrece la posibilidad de vivir una vida propia
La práctica psicoanalítica actual se adapta a nuevas formas y frecuencias, manteniendo su esencia en el análisis del sufrimiento y la palabra del paciente.

Es un libro que logra reunir dos rasgos privilegiados: sin ser para especialistas, no renuncia a la rigurosidad. Claridad y argumentos para beneficio del lector.

Buchanan es psicoanalista. Magister en Psicoanálisis por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Jefa de Trabajos Prácticos de la Cátedra II de Psicopatología de la Facultad de Psicología (UBA), en la que también se desempeña como investigadora y docente de posgrado.
Es autora de los libros "La insoportable debilidad de existir", "Por amor al padre" y "El tabú de la maternidad". A continuación reproducimos el diálogo que mantuvimos con ella.
- ¿Qué ofrece el psicoanálisis a alguien que sufre? ¿Es cierto ese "lugar común" de que es caro y dura mucho?
- Lo voy a ilustrar con una pequeña anécdota personal. Cuando era adolescente tenía algunos síntomas que me dejaban acobardada, temerosa y contenida.
Tuve una entrevista con quien fuera mi primer psicoanalista y me conmovió tanto esa conversación que salí de su consultorio y caminé por horas alrededor de la ciudad repitiéndome que no iba a ser capaz de hablar así de nuevo... ¡encima me citó para dos días después!
Nunca había tenido una conversación así. Volví durante una década y puedo decir que la conversación en un análisis es la posibilidad de transformarnos a través de eso por lo que sufrimos. Por eso decimos que es, antes que otra cosa, una experiencia de la palabra hablada con otro.
Es cierto, es largo y cuesta trabajo psíquico, además de dinero. Pero mucho más larga y más costosa es una vida acarreando un sufrimiento enquistado, que empobrece nuestros vínculos, nuestra intimidad y el sentimiento de vivir una vida propia. Un análisis ofrece la posibilidad de vivir una vida propia, a través de nuestro sufrimiento.
- En el libro se dice que el psicoanálisis no puede ser ortodoxo, pero ¿qué diferencias hay entre el psicoanálisis clásico y el actual?
- Hay un montón de diferencias, la frecuencia ya no es diaria sino semanal... cuando no quincenal. Ya no siempre es presencial, es por Zoom, por teléfono, con un océano de por medio. Pero, además, hoy los analistas en general somos más "agradables" en nuestro trato. Esto no es ni bueno ni malo, es una necesidad de una época en la que el silencio despierta ansiedades y suspicacias muy intensas.
Todas las diferencias llevan a ubicar lo que no cambia: los analistas escuchamos la posición del sujeto en la relación con su palabra y con su sufrimiento. No nos dice nada la información "Pablito siente celos", sino que queremos escuchar cómo los siente, cuándo, qué hace con lo que siente y cómo son esos celos. Y también escuchamos sabiendo que esos celos de Pablito nos hablan de otra cosa, de otra escena.
Es la hipótesis del inconsciente como saber no sabido. Lo que Pablito dice de sus celos sin saber que lo dice... hasta que lo escucha. Por ejemplo, que se pone celoso cada vez que pierde el interés por su pareja, es decir, que paradójicamente siente celos porque no la ama y por eso quiere retenerla.
- Otra idea importante del libro es presentar al psicoanalista como alguien humano, una persona, que incluso tropieza, ¿cuál fue el sentido de esta elección?
- Justamente, lo que decía recién apunta a eso mismo. El analista humano (es un poco gracioso tener que aclararlo, porque si precisamos hacerlo es porque no estamos tan seguros de serlo), empático, capaz de hacer un comentario del clima en el ascensor, de ver la foto del bebé recién nacido de una paciente... en algún sentido eso responde a que todos hoy necesitamos sentirnos comprendidos... incluso para que esa comprensión sea interrogada.
Antes se creía en el saber del otro para confiarle nuestro dolor. Hoy necesitamos sentir su afecto... no solo para hablar, hay gente que puede hablar sola. Para eso están a veces las redes sociales. El psicoanálisis, en cambio, interroga la autoafirmación monótona para que se me haga una pregunta verdadera.
Es algo compartido entre colegas, la dificultad para decirle a un paciente algo que vaya a contramano del sentido que propone de antemano. Es probable que se ofendan, se vayan o se lo tomen como un ataque y como falta de amor, una pregunta que cuestione la significación en la que creen.
En cuanto al tropiezo, lo dejaría aparte: el tropiezo no es lo humano, ¡es más bien el acto analítico por excelencia! El tropiezo es la oportunidad del inconsciente.
- Una última idea del libro: que en la práctica del psicoanálisis "siempre somos principiantes", ¿qué quiere decir esto?
- Los psicoanalistas estamos cansados de decir "cada caso es el primero". Sin embargo, es así. Escuchar a alguien es una experiencia fuera de serie. Aprendemos, nos formamos, estudiamos y enseñamos. Pero, si nos ponemos serios, el psicoanálisis se crea cada vez que un analista escucha a un analizante.
No es una cuestión oscura o mística, más bien es única. Por eso a los analistas nos gusta (o más bien no podemos evitar) reunirnos a cualquier hora y lugar... para hablar de psicoanálisis. De algún modo, cada uno va cocinando el psicoanálisis con una receta que se transmite y se comparte, pero no termina de escribirse.
Por eso en este libro decimos que no hay un solo psicoanálisis ni un solo modo de practicarlo, sino un único método –propuesto por Sigmund Freud– que se pasa de generación en generación y conforma una comunidad.
- Y para concluir la entrevista, ¿cómo es que alguien se convierte en psicoanalista? ¿Cómo fue en tu caso?
No creo que nadie se convierta en analista... a no ser que tomemos esa conversión en un sentido abierto. Un analista es lo que ocurre cuando escuchamos a un paciente. Pero, para no esquivar por cuestiones abstractas... para convertirse en analista hay que analizarse, estudiar y estar abierto a conversar de nuestra práctica con colegas.
Me veo tentada de hacer un credo: un analista cree en el inconsciente, cree en el síntoma, en la palabra y en el otro. Cree que en lo que alguien tiene para decir hay una verdad y que esa verdad es sexual. A los 11 años le dije a mi mamá que quería ser arqueóloga. Me dijo que los arqueólogos se mueren de hambre. Entonces quise ser psicóloga...
Esa fue una respuesta desde una fantasía de origen, la respuesta que en un análisis podría preguntar por la presencia de mi mamá, el interés por el dinero y por la comida. También por la muerte.
La palabra, entonces, es lo que llamamos sujeto, es la huella de la represión... ¿entonces qué? ¿Qué es lo que explica ese entonces? Nada más que la represión de un deseo. Un deseo tiene causa, pero no explicación. Lo demás es una ficción.
El autor es psicoanalista y docente de la UNR.











