Este enero nos propone reflexionar sobre una buena noticia que refiere al sida neonatal. Una embarazada sero-positiva para el virus del sida puede no saber que lo es, puesto que el sida suele permanecer mucho tiempo sin ofrecer síntoma alguno. En este caso, su bebé puede contagiarse durante el embarazo, durante el parto, o durante la lactancia si toma el pecho.
Por lo tanto, es de la máxima importancia tener a todas las embarazadas controladas, e incluso también a todas las chicas en edad de quedarse embarazadas, y a los varones. Esto puede parecer fácil pero, en los países de renta media y baja, como Argentina o Brasil, por ejemplo, no lo es.
No lo es porque controlar a todas las embarazadas, y en especial a las más vulnerables o a las más difíciles de encontrar, de seguir y de vigilar, exige tener una extensa y efectiva red de centros de salud. Y que además estos centros tengan capacidad para hacer diagnóstico rápido e iniciar de inmediato el tratamiento anti-retroviral, y controlarlo.
Todo tiene que quedar registrado, y disponible tanto para fines asistenciales como para fines de estadística sanitaria.
Para esta red de atención primaria se necesita contar además con los profesionales adecuados, en número y en capacitación suficientes, aunque no necesariamente universitarios. Todo esto es más difícil cuando son altos los índices de pobreza e ignorancia, cuando las políticas sanitarias son erráticas y cambian, y cuando las distancias son largas y problemáticas las comunicaciones.
Una vez controlados todos los embarazos de una región, por más pobre y aislada que sea, se impone tener maternidades donde los equipos de profesionales estén siempre atentos a las características especiales de todas las embarazadas. Y después un equipo de pediatría y puericultura, atentos al nacimiento del bebé sero-positivo, o que pueda hacerse positivo por el parto o por la lactancia.
Toda esta gran estructura de sanidad pública, accesible, interconectada y con los recursos adecuados, requiere más organización que presupuesto. No es, en efecto, tan cara como parece, y la cuestión del presupuesto no es en absoluto una excusa puesto que el beneficio que se obtiene es grande, y justifica todo esfuerzo y toda inversión.
Siendo así, la organización, es decir, la gestión sanitaria, debe quedar en manos bien formadas, y debe ser inmune a los vaivenes de la política, sea la nacional, sea la local. Sólo así se optimizan los recursos humanos y materiales.
Y dado que a veces faltan médicos y enfermeras, o éstos prefieren quedarse en la engañosa zona urbana de confort, una eficiente red de atención primaria cuenta también con personal local, que procede de las mismas comunidades a las que atiende. Este personal no es universitario, pero sí ha sido formado para hacer lo que tiene que hacer, y recibe una retribución adecuada.
Este personal sanitario ha demostrado capacidad para hacer mucho, y bien hecho, y están orgullosos. Cuentan con una alta dosis de credibilidad porque es parte de la comunidad, es una cara conocida y reconocida por todos. Establece un vínculo que además de profesional es humano, es próximo, y está siempre disponible.
Son hoy una gran alternativa, incluso en países con sanidad avanzada. Con ellos se busca sobre todo el control del embarazo de bajo riesgo, el control del niño sano y de ciertas enfermedades ligeras, y el control de algunas enfermedades crónicas.
Volvamos a la transmisión del sida de la madre a su bebé, también conocida como transmisión vertical, materno-filial o materno-infantil. Hace un mes, el 18 de diciembre, nuestro vecino país Brasil, al cual algunos van de vacaciones sin sospechar qué nivel tienen, recibió el reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud porque consigue controlar la transmisión materno-filial del sida (*).
Es decir, casi que no tienen sida neonatal. Se trata de un logro de magnitud mayúscula, es el primer gran país de América Latina que lo consigue. Y lo consiguió después de pasar rigurosos controles de calidad en atención primaria y centros de salud, y de demostrar los excelentes resultados obtenidos. Esta es la buena noticia que merece reflexión.
Promover una sanidad próxima y accesible, potenciar la atención primaria y las funciones de los centros de salud, orientar todos los esfuerzos hacia la comunidad, y respetar a las personas más allá de quién es y qué hizo, he aquí las claves de este éxito. Es para estar orgullosos, y para ejemplo de los demás.
(*) La OMS valida a Brasil por eliminar la transmisión maternoinfantil del VIH. https://www.who.int/es/news/item
Para lograr el reconocimiento que comentaba, se necesita que el país lo solicite, y luego debe pasar evaluaciones exigentes. No se trata entonces de decir que somos buenos y tenemos buenos resultados, sino de demostrarlo.
Argentina no tiene este reconocimiento, pero esto puede ser a causa de no haberlo pedido, y esto a su vez puede ser por tener una actitud hostil, caprichosa, contra la Organización Mundial de la Salud.
Este reconocimiento se enmarca en un programa más amplio que, con los mismos recursos, intenta controlar la sífilis, la hepatitis B y el Chagas del bebé. Esto es mucho decir, y de hecho acá ya se está haciendo, y bien.
Ahora, si lo hacemos bien, hay que demostrarlo, hacerlo público en lo nacional y en lo internacional, para que se sepa y para que nadie diga la contraria. La credibilidad, en efecto, hoy exige demostración.
La clave, entonces, está primero en la atención primaria, es decir, en los centros de salud, que deben llegar hasta el último de los rincones, y deben ofrecer servicios sanitarios de calidad, consensuados y avalados por la evidencia. En este contexto, desde diciembre que se anuncia una prometedora Tecnicatura Superior en Instituciones de la Salud.
De tres años, el título que otorguen será de validez nacional. A partir de marzo, en el Instituto Superior de Profesorado Nº 67 (sede Yapeyú). La pre-inscripción ya está disponible. Según informan, el perfil del egresado será este: “Los egresados adquieren conocimientos en administración para poder planificar, organizar y apoyar la conducción de los servicios sanitarios”.
Es decir, para fortalecer la atención primaria y los centros de salud, y hacerlo con manos idóneas, se quiere formar a los profesionales que hacen falta para mejorar la gestión. Recordemos que la sanidad pública es la única posibilidad para un tercio de los argentinos, y que no pocos pacientes con obra social recurren, por un motivo o por otro, con un objetivo o con otro, a la sanidad pública.