El DNI pesó casi tanto como la pertenencia partidaria. La agenda de renovación libertaria impuso su lógica por sobre la tradición peronista. La primera gran victoria en el año del Gobierno se ordenó bajo el discurso de "modernizar" el trabajo impulsado desde las jóvenes bancas violetas, pese a la resistencia por los "derechos conquistados" defendida por la "vieja guardia" del justicialismo.
El oficialismo consiguió aprobar la reforma laboral, con una Cámara alta que dio muestras de su reconfiguración. Foto: HCSN.
El 42 a 30 que le dio al Gobierno su primera gran victoria del año se ordenó por bloques y provincias, pero dejó también otra lectura: la reforma laboral tuvo en los senadores de menor edad más respaldo y entre los mayores, más resistencia. En cuanto a discursos, la “modernización” dominó la agenda por sobre los de “precarización”, dando cuenta de una representación generacional a la hora de llenar el significado del concepto trabajo en la Argentina de hoy.
Parte de esta mirada tiene que ver con la nueva composición del Senado de la Nación, que atraviesa una fase de transición no solo con nuevas caras, sino con edades que muestran un ligero rejuvenecimiento respecto a décadas anteriores. La Cámara alta tiene hoy un promedio de 54 años de edad, combinando senadores de amplia trayectoria con nuevas incorporaciones, tras las pasadas elecciones en las que se impuso el joven partido de La Libertad Avanza.
Al repasar la nómina de los que pulsaron el botón verde y el rojo, aparece un patrón. El núcleo duro del apoyo provino de LLA , bloque con un promedio de edad de 50 años, con senadores jóvenes como María Emilia Orozco (37 años) y el jujeño Ezequiel Atauche (42 años), pero también con figuras de amplia experiencia como Juan Carlos Pagotto (73 años) y la líder del espacio Patricia Bullrich (70 años).
Mientras que el PRO tiene un promedio menor (48 años), con ayuda de legisladores que se abrieron del espacio como el experimentado cordobés Luis Juez de 63 años que en diciembre constituyó un monobloque. Se destacan hoy en el partido amarillo por integrar a figuras jóvenes Victoria Huala de 39 años o la más chica del recinto que es Andrea Cristina con 37 años.
Con edades más elevadas se ubica el peronismo. El bloque justicialista tiene un promedio de 55 años y, a la vez, es el más numeroso con sus 28 integrantes. Su composición tiene algunos incipientes cuadros jóvenes como María Celeste Giménez Navarro de 38 años y Ana Inés Marks de 43. A su vez, tiene la senadora de mayor edad de la Cámara, Alicia Kirchner (80 años), dando pie a la causalidad que ubica al nombre Cristina Kirchner en los extremos de la brecha generacional.
El 42 a 30 se explicó por alineamientos políticos, pero el cruce con el perfil etario de los senadores suma otra lectura: más respaldo entre los más jóvenes y mayor resistencia entre los mayores, con excepciones marcadas en el recinto.
En tanto, el tradicional partido de la Unión Cívica Radical está en plena transformación. Luego del fin de mandato con previo alejamiento del bloque de una de sus figuras fuertes como lo es Martín Lousteau, el correntino Eduardo Vischi (55) lidera la bancada, aportando pragmatismo. Predominan en sus filas legisladores con experiencia como Eduardo Galaretto (65 años) y Daniel Kroneberger (64 años), siendo Silvana Schneider (44 años) y Maximiliano Abad (48 años) sus representantes más jóvenes.
Así, los datos sugieren que el proyecto de reforma -que el Gobierno bautizó como de "modernización"- tuvo en los "jóvenes representantes" mayor permeabilidad a reformar la regulación laboral amparado en las nuevas modalidades que hoy hacen al mundo del trabajo; mientras que encontró la mayor resistencia en la "vieja guardia" justicialista, abroquelada en el rechazo a trastocar derechos laborales conseguidos años atrás.
El dato más elocuente está en el corte de 45 años o menos: dentro de ese grupo, la relación se inclinó hacia el “sí”. En cambio, a medida que la escala etaria sube, el rechazo ganó volumen y se volvió más consistente, sobre todo cuando al combinarse la edad con pertenencias partidarias y determinados territorios. Como en todo análisis, no faltan excepciones, pero, en líneas generales, con un choque entre dos modelos que se libró en el recinto.
Las palabras y las cosas
El eje del debate fue un reflejo de las opuestas percepciones expresadas por quienes defendieron la "modernización" como una necesidad y quienes rechazaron la reforma por ser un retroceso. Una y otra vez, en cada uno de los discursos, confrontaron ideas sobre el cambio de época y sus consecuencias; incluso en más ocasiones que los argumentos respecto a la situación económica o fiscal.
Un caso para nombrar fue el del chaqueño Juan Cruz Godoy, de 38 años, quien mostró su satisfacción por debutar en el recinto explicando que es un proyecto "en el que creo fervientemente”, defendiendo el concepto de “modernización” al recordar que las leyes vigentes se pensaron para una realidad de hace 50 o 70 años. “Una realidad muy cambiante”, a la que aseguró que esta ley “viene a dar soluciones”.
Refutó ese argumento una de las representantes más jóvenes pero ya consolidadas del justicialismo, Anabel Fernández Sagasti (42), argumentando que “vienen con las mismas ideas y hablan de modernización”, ubicando en tiempo y espacio los 25 años que pasaron de la "Ley Banelco" y señalando "falta de memoria" de Patricia Bullrich: "dijo que es la primera vez que se trataba una reforma laboral ¡Cuando ella misma era ministra de Trabajo en el 2001!"
El oficialismo juntó los votos con aliados y los discursos terminaron ordenando buena parte del tablero. Foto: HCSN.
Otra polarización sobre la "modernización" de la ley se pudo ver en el discurso del jujeño Atauche, que a sus 42 años se volvió uno de los legisladores de más experiencia del oficialismo. Al tomar la palabra, cargó contra el gobierno kirchnerista por la litigiosidad que legó al mundo laboral: “desde 2003 a 2025, los juicios laborales subieron un 4.300%, porque la política del kirchnerismo era destruir a los emprendedores, a las empresas, al progreso… Y 10 años después no crearon un puesto de trabajo, salvo militantes metidos en el Estado”, sostuvo.
En contraposición a esa visión fue el discurso de uno de los más veteranos de la Cámara, el santiagueño José Neder (71). "Esta película ya la vimos", sostuvo apelando a la memoria. "En el 93, una ley impulsada también por el gobierno de ese entonces, llamada Ley Ómnibus, de características muy similares a esta. ¿Saben cómo terminó? quemaron la casa de los diputados que votaron a favor y la Casa de Gobierno", recordó. Y agregó que "es verdad que hacía falta una ley de modernización, pero no esta ley, porque es de precariedad laboral y cuando eso ocurre el país entra en una decadencia preocupante".
La Cámara fue de eco al repetirse los argumentos del proyecto durante la sesión. La "nueva camada" apostó a grandes rasgos a poner énfasis en la modernización del trabajo a los nuevos tiempos, evitando el peso de la litigiosidad y favoreciendo la adaptación tecnológica. Mientras que la "vieja guardia" apeló en gran medida a las batallas de décadas atrás poniendo a los derechos conquistados como cimientos en la construcción de nuevas estructuras.
Vientos del sur
El análisis territorial también arroja datos curiosos como el de La Patagonia como un "laboratorio del cambio generacional". El caso de Tierra del Fuego es paradigmático: toda la representación está en senadores que no superan los 45 años. Sus representantes son Agustín Pedro Coto de La Libertad Avanza (45 años); Cándida Cristina López del Justicialismo (43 años); y María Belén Monte de Oca de LLA (39 años).
En esta región, las agendas vinculadas a la tecnología y la innovación industrial resuenan con mayor fuerza en medio del cambio de modelo de producción que impone el gobierno de Javier Milei, lo que puede dar una premisa para pensar una mayor permeabilidad hacia las propuestas de flexibilización que impulsa la Casa Rosada luego de la gestión del Kirchnerismo que le dio un fuerte perfil industrial.
El sur muestra renovación y el norte sostiene la tradición. Foto: HCSN.
Otro dato curioso tiene lugar en Santa Cruz. La provincia de los Kirchner sostiene el apellido con la representante de mayor edad del Senado: Alicia Kirchner con 80 años. Pero, a su vez, de allí provienen dos de las caras más jóvenes del actual recinto: José María Carambia (41 años) y Natalia Elena Gadano (42 años), referentes de partidos locales que llegaron por fuera de referencias nacionales evidenciando que el sur argentino está desplazando su centro de gravedad político, aunque sin apoyo automático a las ideas libertarias.
En cambio, el Norte Grande (NOA y NEA) se ratifica como el bastión de los liderazgos tradicionales, donde las trayectorias de larga duración en el poder local suelen traducirse en senadores de mayor edad con fuerte poder de negociación y poca renovación. De ahí que el rechazo a la reforma laboral fue mayor en provincias como Santiago del Estero, Formosa y Tucumán, siendo la excepción figuras disruptivas como el formoseño Francisco Paoltroni (44).