Julio Camilloni aportó su pluma y Antonio Blanco la música. Así, ambos fraguaron el tango "La última" allá por 1957, como forma de colocar sobre los rieles del tango -que dicho sea de paso el género no atravesaba por el mejor momento- éxitos que perduren en su historia y vaya si lo lograron. "La última", ya desde su titulo late como confesión a media luz.
El autor construyó esta joya teniendo como punto de partida al ser humano universal que no vive desde la ilusión juvenil sino desde las cicatrices. No es el muchacho que sueña, es el hombre que aprendió perdiendo.
Jugar la última carta no es solo apostar al amor, es volver a creer cuando ya no es fácil, porque, como dice el tango, "si me equivoco otra vez, ya no me levanto igual". Aparece el desánimo y el fantasma de encarar la vida perdiendo. La madurez no siempre trae deseos de amar… a veces trae mucho más miedo y momentos dolorosos por cierto.
"La última" cuenta la historia de un hombre que en la transición entre la juventud y la madurez encuentra a la mujer después de varios cataclismos sentimentales; renueva sus ansias y cifradas esperanzas de volver amar y descubrir otra vez las sensaciones del amor que parecían haberse esfumado de su espíritu, aferrándose a ese encuentro y a la esperanza de encontrar en esa mujer la pareja definitiva.
El protagonista no va hacia la mujer con aire de arrogancia para imponerse en la conquista, sino que lo hace como un ser pensante, con un pensamiento que le es propio:
"No tengo más fichas que estas…/ son pocas y gastadas…/ pero son mías, no puedo fracasar.// No voy en busca de un amor ideal,/ voy en busca de un amor sincero y necesario"
La vida astillada, los fracasos de dos amantes que intentan cicatrizar sus heridas en una unión final y definitiva.
No hay que olvidarse que en esta pareja hubo fuego y cenizas quedan, así lo dice un re manido dicho, de ahí que esta historia hunde sus raíces en dos seres humanos mayores que intentan dejar en el olvido el oxido de lo cotidiano y en el sueño de una esperanza que corre detrás de "la última moneda que me queda por jugar".
El eje emocional es clarísimo: un hombre derrotado por los fracasos encuentra a la mujer que podría ser su última oportunidad de amar en serio.
Este hombre no es un romántico es un sobreviviente sentimental. Con el bisturí emocional en la mano, recorramos entonces el contenido de las estrofas de esta magnifica pintura de Julio Camilloni, que no es solo un tango es una confesión de manos húmedas y entrelazadas a manera de ruego:
"Ya no puedo equivocarme, sos la ultima en mi vida/... y es la ultima moneda que me queda por jugar"
Sin rodeos y al hueso. El protagonista no es un seductor y declara una verdad existencial. La ultima moneda no se refiere a la esfera metálica con un valor declarado, es la "desesperación humana"; no apuesta por ambición, juega porque es lo único y lo último que le queda para sentirse vivo.
No habla específicamente de amores fallidos, habla el hombre que perdió todo: patria, familia cercana y raíces que desea refugiarse en lo que considera fundamental, en el amor.
"Si no gano tu cariño, la daré por bien perdida/ ya que nunca más la vida me permitirá ganar"
No hay reproche, hay aceptación del destino y hay que aplaudirlo de pie y destacar de este hombre su enorme dignidad a pesar de los accidentes emocionales del amor:
"Te confieso deslumbrado que no esperaba tal cosa/ ya están luciendo mis sienes, pinceladas de marfil!"
Aparece la edad, se escucha la voz del tiempo, pero sin dramatismo. Centrado en su eje y conciencia plena:
"Ya mi patio abandonado, no soñaba con la rosa/ Y se realizó el milagro con la ultima de abril"
Es la imagen más bella del tango. El patio es el alma, el corazón del protagonista... y la rosa, la flor del amor que apareció en el otoño de abril, considerado por los entendidos como el momento ideal para el reencuentro, para el florecimiento de nuevas relaciones y el fortalecimiento de las parejas golpeadas por crisis previas. Un momento de esperanza que el autor refleja así:
"Sos la última y espero, que me traigas la ternura/ esa que he buscado en tantas y que no pude encontrar/ Ya no quiero pasionismo, ni amorío, ni aventuras/ Yo te quiero compañera para ayudarme a luchar"
La propuesta está a punto de ejecutarse. El protagonista renuncia a la pasión superficial para entrar a lo más profundo, no existen dudas que, no se trata de un romance de novela, sino que es demostración de ternura madura, cotidiana y real, es contundentemente "amor, como sociedad de vida". No pide pasión, aúlla por alguien que camine a su lado, que aliviane su pesar y le de alegría a su soledad:
"No me importa tu pasado, ni soy quien para juzgarte/ porque anduve a los sopapos con la vida yo también/ Además hay un motivo para quererte y cuidarte/ se adivina con mirarte, que no te han querido bien"
Aparece el perdón. Nadie lo pide, ambos tienen cicatrices, golpes, fracasos, historias y durezas. No se enamora de su belleza, sino de su tristeza, se sincera y abre su corazón, quiere cuidarla porque ve en ella su propio dolor. Ve su espejo porque reconoce en esa mujer la misma marca que lleva adentro.
Es imposible no deducir que ambos no fueron cuidados como se merecían. Son dos soledades que deben reconocerse:
"Fue por eso que te dije: ya no puedo equivocarme/ sos la última que llega a perfumar su rincón/ y esas gotas de rocío que no te dejan mirarme/ me están diciendo a las claras que alcancé tu corazón"
Redobla la apuesta pero con más intimidad y un dolor compartido que habla, a tal punto que aparecen lagrimas que confirman que el sentimiento es correspondido, ya no hace falta declaración:
"Pero si la mala suerte me acomoda el cachetazo/ con que siempre está amagando para hacerme fracasar/ no podré sobreponerme a este ultimo fracaso/ y yo seré como un grillo muerto al pie de tu rosal"
¡De-mo-le-dor! La sombra del enemigo conocido: el "destino", que ya lo golpeó reiteradamente, llegando al límite de la fragilidad absoluta, le marca "no más golpes". No es amenaza, es una advertencia: ojo…"no hay más regreso".
Así, "La última" redondea de manera triste pero poética lo que pasa, mencionando al grillo que canta de noche como alma solitaria y que muere al pie del rosal... que es igual que morir junto a lo que amo sin poder vivirlo.
Pretende evitar un nuevo fracaso amoroso, no quiere uno mas ya que de producirse sería una traumática confirmación que "la vida siempre termina quitando lo que se ama". Vale el esfuerzo, vale el coraje, vale intentar el acto de fe y el miedo a un nuevo fracaso sentimental al verse visto derrotado tantas veces.
El tango "La última" nos deja una verdad que si la analiza detenidamente, es brutal: "el amor más valiente no es el primero… es el que se intenta cuando ya nos quedan fuerzas….pero se intenta y se entrega".