"El mundo de Jason King" es una serie británica de 1970. Jason King es el nombre del protagonista, un escritor de novelas policiales y detective aficionado interpretado por Peter Wyngarde. La serie pertenece a un período de esplendor de la televisión británica junto a clásicos como "Los vengadores", "El prisionero" o "Dos tipos audaces".
El abuelo del fax
La evolución tecnológica, en especial la desarrollada desde los años 70 en adelante, resalta el ingenio del personaje Jason King para descubrir mensajes secretos en historietas, antes de la era digital.

En el episodio titulado "Cada cuadro cuenta una historia", el protagonista está varado en el aeropuerto de Hong Kong y en un diario local encuentra una historieta basada en sus novelas. Él mira la historieta con atención. Algo le resulta extraño.
Entonces entra a una cabina telefónica, llama a su editor en Londres, le pide que busque en el archivo el original de la historieta en cuestión y que le describa, detalle por detalle, cada cuadrito.
La descripción del editor no coincide exactamente con lo que Jason ve en el diario. Hay pequeñas diferencias. Resulta que una banda de narcotraficantes estaba introduciendo esas modificaciones en la historieta para comunicar entre sus miembros las fechas y los lugares de entrega de los cargamentos de droga.
El uso de la cabina telefónica y el tener que depender de la descripción verbal del editor para comparar las historietas pone en evidencia la evolución de las comunicaciones desde 1970. Hoy un teléfono celular le permitiría a Jason resolver la comparación con una foto adjunta a un mensaje de WhatsApp.
Y, si la editorial tuviera su archivo en línea, Jason ni siquiera habría tenido que molestar a su editor. En este sentido, la escena comenzó a volverse obsoleta alrededor de 1985, con la popularización del fax, una tecnología que, probablemente, los más jóvenes desconozcan y que permitía enviar imágenes como fotos, dibujos y documentos manuscritos a través de la red telefónica.
Es lo que usa el detective John McClane (Bruce Willis) en "Duro de matar II" para enviar las huellas digitales de un terrorista desde el aeropuerto de Washington a un policía en Los Ángeles.
La idea de convertir una imagen en impulsos eléctricos que puedan viajar a través de un cable ya había sido propuesta por el escocés Alexander Bain en 1843. Pero el primer aparato funcional en aplicar esta tecnología fue inventado a mediados del siglo XIX por el italiano Giovanni Caselli. Lo llamó pantelégrafo. El abuelo del fax.

Para enviar un documento mediante el pantelégrafo primero se lo transfería fotográficamente a una chapa metálica, una técnica bien conocida por los impresores de fines del siglo XIX. La chapa se montaba en una base donde un mecanismo de relojería guiaba una aguja que recorría toda la superficie del documento a trasmitir. La aguja estaba conectada a una batería eléctrica y a un cable telegráfico.
Cuando la aguja tocaba el metal desnudo -es decir, no impreso- la electricidad de la batería se descargaba a tierra. Cuando la aguja tocaba la parte impresa, la tinta impedía el paso de la corriente, que se derivaba entonces al cable telegráfico. Así si generaba en el cable una corriente que variaba según las partes impresas y no impresas del documento.
En la estación receptora un mecanismo similar, sincronizado con el anterior, guiaba una segunda aguja sobre un papel impregnado en una solución de ferrocianuro de potasio que lo hacía sensible a la electricidad. Cuando esta aguja recibía la tensión eléctrica de la estación transmisora, dejaba un punto negro sobre el papel.
A medida que la aguja recorría la hoja iba dibujando un trazo que reproducía el dibujo o documento original. El pantelégrafo funcionó en la década de 1860 en la línea telegráfica de París-Lyon. Y, aunque envió más de cinco mil mensajes durante su primer año de operación, pronto fue abandonado.
Resultaba difícil mantener la sincronización entre los dos mecanismos de relojería por lo que los facsímiles obtenidos muchas veces resultaban ilegibles. Julio Verne menciona el pantelégrafo de Caselli en su novela "París en el siglo XX", escrita en 1863 y publicada en forma póstuma recién en 1994.
El autor es docente y divulgador científico.
La sincronización que hacía falta (1)
Mientras enseñaba física en la Universidad de Florencia, Giovanni Caselli (1815-1891) dedicaba gran parte de sus investigaciones a la tecnología de la transmisión telegráfica de imágenes, así como de las palabras simples.
Su máquina lleva el nombre de Pantelégrafo, que en inglés es una palabra compuesta formada por "pantograph", una herramienta que copia palabras y dibujos, junto con "telegraph", un sistema electromecánico que envía mensajes a través de un cable a largas distancias.
Los británicos Alexander Bain (1818-1903) y Frederick Bakewell (1800-1869) fueron otros investigadores contemporáneos a Caselli que trabajaron en esta tecnología. El principal problema de la época era conseguir una perfecta sincronización entre la parte transmisora y la receptora para que pudieran trabajar juntas correctamente.
Y fue Caselli quien desarrolló una tecnología electroquímica con un "aparato de sincronización" (reloj de regulación) para que los mecanismos de envío y recepción funcionaran juntos, lo que era muy superior a cualquier tecnología del escosés Bain o el inglés Bakewell.
(1) Fuente: biografía de Giovanni Caselli editada por la Universidad Hebrea de Jerusalén.











