El sol finalmente se sumó a la fiesta. Después de jornadas marcadas por las complicaciones climáticas, el domingo regaló las condiciones ideales para que el Lasallanito viviera otro día a pleno fútbol, con las canchas de Cabaña Leiva convertidas en escenarios de alegrías, goles y abrazos.
El sol se asoció a la fiesta de los chicos en el Lasallanito
La tercera jornada del tradicional torneo de La Salle tuvo al clima como aliado y a cientos de chicos disfrutando de la pelota. Boca, River y Talleres le dieron un marco especial a una celebración que combina fútbol, amistad y el compromiso de toda una institución.

La pelota rodó sin descanso y los chicos fueron los grandes protagonistas de una convocatoria que ya se ganó un lugar entre los encuentros tradicionales del fútbol infantil de la región.
En la recorrida junto a nuestro fotógrafo, Flavio Raina, se pudo observar de cerca el entusiasmo de los pequeños futbolistas, las indicaciones de los entrenadores y los festejos compartidos con compañeros, familiares y amigos. Cada partido tuvo su propia historia, pero todos coincidieron en algo: la felicidad de jugar y vestir los colores de sus clubes.
La presencia de instituciones de la talla de Boca, River y Talleres le aportó un atractivo especial a la competencia. Sus camisetas recorrieron las distintas canchas, en un escenario donde lo deportivo se mezcló con el compañerismo y la oportunidad de vivir una experiencia que, para muchos chicos, quedará guardada entre los recuerdos más lindos de su infancia.

Mate, reencuentros y manos que ayudan
El público también acompañó en gran número. Con el mate en la mano, las familias se ubicaron alrededor de los campos de juego para seguir cada encuentro, alentar a sus equipos y compartir una jornada que tuvo mucho más que resultados.
El Lasallanito volvió a demostrar que el fútbol infantil es una excusa perfecta para reunir generaciones y fortalecer los vínculos que nacen alrededor de una pelota.
Entre quienes se acercaron a disfrutar de la actividad estuvo Eduardo Magnín, exentrenador del primer equipo de La Salle, que recorrió las canchas y presenció partidos de distintas categorías. Su presencia fue una muestra más del sentido de pertenencia que despierta una institución que mantiene al fútbol como uno de sus principales puntos de encuentro.

Otro que no dudó en ponerse a disposición fue Manu Méndez, recordado como uno de los grandes volantes centrales que tuvo La Salle en las últimas décadas.
Esta vez, lejos de la disputa en la mitad de la cancha, se calzó el overol y colaboró con las tareas organizativas. Una postal que refleja el espíritu de quienes, después de haber defendido los colores dentro del campo, siguen aportando desde otro lugar.
A su vez, el Burrito Rodríguez asumió la responsabilidad de la parrilla, mientras el buffet se transformaba en otro de los puntos de encuentro de la jornada. Con una propuesta de calidad y una respuesta multitudinaria, el servicio gastronómico acompañó el movimiento de las canchas y alcanzó un récord de ventas.
Detrás de cada plato servido y de cada atención hubo trabajo, organización y muchas horas dedicadas a que todo saliera de la mejor manera.

Las finales, el broche de una gran convocatoria
Mientras el mediodía avanzaba, la competencia ingresaba en su etapa decisiva. Las semifinales ya estaban en marcha y las expectativas crecían con cada resultado. Las finales quedaron en el centro de la escena para coronar una jornada en la que los horarios se extendieron al ritmo de la programación y de la emoción de los protagonistas.
La llegada al cierre no hizo más que poner en valor el esfuerzo de quienes trabajaron para sostener el torneo. Desde la organización y los colaboradores hasta los entrenadores, árbitros, familias y responsables de los servicios, cada uno tuvo un papel importante en el desarrollo de una propuesta que exige compromiso y dedicación.

El Lasallanito es mucho más que una sucesión de partidos. Es encuentro, formación, amistad y pertenencia. Es también la posibilidad de que los chicos compartan una cancha con equipos de distintos lugares y aprendan que competir significa respetar al rival, disfrutar del juego y entender que los mejores recuerdos no siempre se miden en copas.
En Cabaña Leiva, el sol acompañó la fiesta, pero el verdadero brillo estuvo en los chicos. Con la pelota como protagonista y una comunidad que respondió desde todos los sectores, La Salle volvió a mostrar que el Lasallanito es un torneo que trasciende lo deportivo y que, gracias al trabajo de mucha gente, ya forma parte de la tradición futbolera de Santa Fe y la región.










