“La desaparición forzada cesa cuando la persona es identificada, pero los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles”. La frase del Juez Federal N°3 de Córdoba, Miguel Vaca Narvaja, resume el resultado del trabajo que se viene realizando desde el año pasado en el predio Loma del Torito, un terreno contiguo al ex centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, donde se puso en marcha una minuciosa búsqueda para cotejar restos de personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar con muestras aportadas por familiares.
“Un huesito que habla”: 38 desaparecidos recuperaron su identidad en Córdoba
Fue un trabajo conjunto de varias instituciones, entre ellas el Equipo Argentino de Antropología Forense y el Juzgado Federal Nº 3. Paso por paso, cómo fueron las tareas que incluyeron desde fotografías históricas a moderna tecnología para cotejar ADN, y desde retroexcavadoras a zarandas manuales. La búsqueda sigue.

En realidad la investigación data de varias décadas y se hace en el marco de la causa “Adolfo Pérez Esquivel y otros”, más conocida popularmente como causa “Enterramientos clandestinos”.
Hasta el momento se logró identificar a 38 personas luego de un minucioso trabajo de rastrillaje que comenzó en septiembre de 2025. El último 23 de octubre, el país y el mundo conocieron nombres y apellidos de las últimas ocho personas identificadas luego de 50 años. Fue en una conferencia de prensa que se transmitió en vivo, y en la que se expresaron familiares de cada uno de los “reaparecidos”.

Se trata de Néstor Acosta Ludueña, Pascual Ludueña Leyva, Claudio Nardini Lambir, Mónica Protti de Guillén, Mercedes del Valle Ramírez Agüero, María Luisa Salto Segovia, Juan Carlos Soulier Guillén y Cecilia Pessina de Ávila. Sobre Cecilia, fue su hermana quien contó la historia familiar y la “tremenda noticia” que significó el hallazgo, al que definió como el “huesito que habla”, el metacarpo de la mano derecha, “con la que escribió cuentos, hizo apuntes en su carrera de sicóloga y ejecutó obras de Mozart y Schubert”.

Son pequeños restos óseos, piezas dentales y algunos objetos los que permitieron identificar a quienes fueron secuestrados, torturados y desaparecidos. ¿Por qué la investigación se centra en fragmentos? Porque tras años de trabajo se concluyó en que el terreno donde estaban los cuerpos de desaparecidos asesinados fue removido y sus restos trasladados a otro lugar ante la posibilidad de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos inspeccionara el lugar.

Hoy, estos hallazgos traen algo de paz, “cicatrizan en cierto aspecto, pero no significan olvido y permiten a las próximas generaciones entender lo que nos pasó”, dijeron los familiares que colmaron la sala donde se presentaron los últimos resultados de la investigación.
Para tener una idea de la minuciosidad del trabajo que se desarrolla en el predio, en marzo se halló un diente que perteneció a Cecilia o Adriana Carranza, dos hermanas oriundas de San Francisco, secuestradas en Córdoba en 1976 y trasladadas a La Perla.
El todo por las partes
“El pie deja huellas”, dijo la sobrina de Pascual Delfín Ludueña, empleado de la Fiat, delegado sindical, desaparecido el 24 de marzo de 1976 a los 29 años y de quien encontraron un hueso.
“Espero que esa huella se extienda a la sociedad que todavía no comprende la magnitud de lo que pasó”, dijo.
La hermana de Néstor Acosta Ludueña reconoció que luego de 50 años “podemos decir que mi hermano dejó de estar ausente, de tener la condición de desaparecido”. “Toda la lucha dio sus frutos para que la verdad salga a la luz”.
“Me dicen Negro”, arrancó el hijo de Juan Carlos Soulier, otro de los desaparecidos identificados (con quien comparte apodo), mientras resta conocer el paradero de su madre y su tío. “Después de 50 años la tierra empieza a devolver 38 identidades”, dijo.
La hermana de Mónica Protti de Guillén reconoció que antes del hallazgo era reticente a que le entregaran un huesito, “pero cuando se dio el hecho se me hizo presente la canción (“Puente”, de Gustavo Cerati) ‘desordené tus átomos para hacerte aparecer’ y eso me reconcilió con el reconocimiento”.
De la máquina al laboratorio
Un documento elaborado por el Equipo Argentino de Antropología Forense (perito designado por el Juzgado Federal Nº 3 de Córdoba) explica en detalle cómo fue la tarea de búsqueda y recuperación de restos óseos de personas desaparecidas en el sitio denominado Loma del Torito, ubicado en guarnición militar La Calera, perteneciente al 3er. Cuerpo del Ejército.

Lucas Guagnini es responsable de prensa del EAAF y explica que el predio cuenta con unas 14.000 hectáreas de superficie. En base a la implementación de diversas tecnologías de búsqueda, y fundamentalmente mediante el análisis de imágenes aéreas tomadas entre los años 1976, 1978 y 1979, se logró acotar y delimitar un área de presunto interés forense de aproximadamente 12 hectáreas.
Desde septiembre de 2025 hasta julio 2026 se excavaron exhaustivamente unas 8 hectáreas; las 4 restantes fueron descartadas por haber sido excavadas en intervenciones precedentes realizadas por el EAAF (las tareas de búsqueda en la guarnición militar se iniciaron en el año 2005) como por tratarse de áreas donde se observan afloramientos rocosos, propios de la composición del terreno bajo estudio.
Entre septiembre de 2025 y julio de 2026 se realizaron un total de 909 sondeos exploratorios (trincheras), en promedio con 20 metros de largo por 1.20 de ancho y 1.20 de profundidad, representando la exploración de unos 19.000 metros lineales.
Para ello se utilizaron máquinas retroexcavadoras bajo supervisión profesional.
Las excavaciones arqueológicas resultaron en la recuperación de gran cantidad de elementos óseos humanos dispersos y desarticulados en sedimentos de relleno. También se halló evidencia de la remoción y perturbación de los cuerpos originalmente inhumados en el sitio, evento consistente con los testimonios relevados en la investigación histórica desarrollada en torno al sitio. Aún se desconoce dónde fueron trasladados los cuerpos.
Finalizada la excavación, desde agosto de 2026 hasta la actualidad se está trabajando en la revisión mecánica y manual de la totalidad del sedimento excavado con el objetivo de recuperar aquellos restos óseos que presenten tamaño reducido y alto grado de fragmentación. Todo se hace en un volumen de 5.600 m3.

Para ello se utiliza una máquina clasificadora, que permite mecanizar el filtrado del sedimento, permitiendo descartar aprox. el 75% del total del volumen del material tamizado. El 25% restante pasa a una siguiente instancia de revisión mediante zarandas operadas manualmente por integrantes de la cooperativa Roby Santucho. Se prevé continuar con esta revisión durante el año 2027.
El objetivo es recuperar hasta el más pequeño elemento óseo presente en terreno.
Roles
El trabajo en terreno es planificado y dirigido en el sitio por la arqueóloga forense del EAAF Silvana Turner. La responsabilidad del proyecto recae sobre Mariella Fumagalli, directora para Argentina del EAAF.
Para el trabajo, el Equipo cuenta con el apoyo del geólogo Guillermo Sagripanti, consultor del EAAF del departamento de Geología de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Fue Sagripanti quien realizó el análisis de las fotos aéreas de 1979 que permitieron localizar sectores donde, posteriormente, se encontraron restos humanos de personas desaparecidas.
Anahí Ginarte, directora del Servicio de Antropología Forense del Instituto de Medicina Forense (IMF) dependiente del Poder Judicial de Córdoba y personal del Servicio de Antropología también brinda apoyo en campo. Ginarte es ex miembro del EAAF y participa en la investigación y búsqueda de personas desaparecidas en La Perla desde 2005.
Estudiantes de antropología y arqueología de la Universidad Nacional de Córdoba se suman a los trabajos en campo.
La provincia y la municipalidad de Córdoba aportan importantes recursos logísticos. Y, como ya se dijo, personal de la cooperativa de trabajo Roby Santucho realiza parte de la revisión manual del sustrato en la zaranda.

En paralelo, en el laboratorio del Servicio de Antropología Forense del IMF dependiente del Poder Judicial de Córdoba se analizan y clasifican la totalidad de restos óseos recuperados. Esta tarea es dirigida por Anahí Ginarte, responsable del Servicio, y Analía González Simonetto, coordinadora del Laboratorio de Antropología Forense del EAAF.
Luego, conjuntos de restos óseos seleccionados se envían al Laboratorio de Genética Forense del EAAF, ubicado en la ciudad de Córdoba.
Allí se extrae el ADN de los restos óseos y se lo compara con la base de muestras genéticas aportadas al EAAF por familiares de personas desaparecidas de todo el país. El laboratorio es dirigido por Carlos Vullo.

La búsqueda sigue
En conjunto con la provincia y la municipalidad de Córdoba, el EAAF lanzó una campaña para la búsqueda de muestras de referencia de familiares de personas desaparecidas.
Virginia Urquizu, coordinadora de la unidad de casos, lleva adelante el acercamiento con las familias, tanto a la hora de tomar muestras como en las notificaciones.
Los familiares de las personas identificadas hicieron hincapié en la necesidad de “seguir aportando datos y donando sangre para que otras familias puedan encontrar la verdad”.
Para ello sigue vigente una campaña de recolección de muestras de sangre. “La búsqueda sigue y nos faltan personas para identificar”, afirmaron desde el Juzgado.
El mensaje es simple: “Si tenés un familiar desaparecido entre 1976 y 1983 comunicate con el Eaaf. Una gota de tu sangre puede ayudar a identificarlo”.
La toma de muestras es gratuita, confidencial y únicamente con fines identificatorios. Los canales de comunicación son: [email protected]. La línea gratuita 0800 3453236 ó +5491123485229.
Se estima que 2500 y 3500 personas pasaron por La Perla; no todas han sido desparecidas. También es probable que entre ellas haya algunas que no tenían familia o que no fueron reclamadas, o no hay constancia de denuncia ante la Conadep.
Mientras tanto, el cotejo de ADN es la única vía para lograr la identificación y para eso son necesarias las muestras.
El pedido es también para toda persona que tenga información sobre otros espacios donde puede haber restos de personas desaparecidas.
“Cualquier persona que haya tenido conocimiento de lo que ocurrió hace 50 años, haya visto que enterraban, desenterraban o trasladaban personas, puede aportar un dato importantísimo”, dijo el juez del caso en una entrevista.
El compromiso es respetar el anonimato de quien acerque un dato que permita devolver la identidad a quienes aún se siguen buscando.










