De una docena de bienes a subastar a 240 lotes entre bienes e inmuebles; de 220 personas participando del evento, a más de cuatro mil. Los extremos marcan la evolución que se registró entre la primera subasta de bienes secuestrados al delito desde que está vigente la ley en la provincia – gestión de Miguel Lifschitz- a la última realizada el pasado viernes en esta ciudad.
Subasta récord en Santa Fe: entre el "factor confianza" y la creciente necesidad económica
Más de 4 mil personas participaron del evento que se convirtió en el más participativo de los últimos años. Desde "laburantes" hasta el "buscador para reventas", entre los perfiles de los asistentes. La carga simbólica negativa por el origen de los objetos, y un proceso que se fue consolidando.

En diálogo con El Litoral, el Secretario de Gestión de Registros Provinciales, Matías Figueroa Escauriza, analizó los factores que incidieron para que dicho remate tuviese récord de público y de recaudación. Los mitos, los miedos y la carga simbólica por el origen de los bienes subastados.
- ¿A qué atribuyen el récord de público y de recaudación de la última subasta?
- Primero, creo que como cualquier proceso de la vida, todo se va ajustando y aceitando; va mejorando. Y también está la confianza de la ciudadanía de ir conociendo estos mecanismos, viendo que no pasa nada, que quien compra tiene seguridad y todo es transparente; que las pujas son reales… Porque siempre detrás de la subasta aparecía el imaginario de que había algo turbio… Y acá con el paso del tiempo se pudo ver que el precio lo pone la gente y que todos pueden participar con tranquilidad. Creo que eso hizo que haya sido tan masiva, más todavía que la de Rosario que por lógica y por población, debería haber sido la más numerosa. Hubo muchísima gente de la ciudad de Santa Fe, pero también vinieron muchos rosarinos. La confianza fue creciendo con el paso del tiempo. Y eso hizo que lleguemos a ese pico de cuatro mil personas en la Estación Belgrano. Pensemos que la primera que se hizo en la gestión de Miguel Lifschitz tenía 12 bienes a subastar y habían participado 220 personas. Ahora subastamos 224 bienes y hubo más de 4 mil participantes.
- ¿Contribuyó que, como política, haya tenido continuidad aun en gobiernos de otro signo político?
- Sí, pero lo que no tuvo el gobierno peronista (de Omar Perotti) era difusión del evento. Entonces no había masividad de público. Se hicieron las subastas solamente para cumplir con la ley, pero participaban 50 personas. Eso no es una subasta… Ahí es cuando surgen las dudas, cuando hay poca gente… Por eso queremos hacerlas masivas; que todos vean los precios, cuánto se paga por cada cosa, que se revisen los autos, que la gente vaya en familia… Todo eso hizo que la gente se termine apropiando de la subasta y que sea una política positiva del estado porque, por un lado, debilitamos a las organizaciones criminales; y por el otro, le damos a mucha gente la posibilidad de comprar a muy bajo costo.

- ¿Qué perfil de público hubo? Porque existe en el imaginario la teoría de que van hombres de negocios para hacer más negocios…
- No, mucha gente de campo que buscaba camionetas para trabajar; muchas personas para comprar su primer vehículo o utilitarios para repartir mercadería, gente que vino para comprar una bicicleta y se llevó un auto, gente que vino a comprar un auto pero se terminó llevando una bicicleta para regalársela a su nieto, gente común que participó de un evento por ahí distinto y pudo comprar algo que lo beneficie. También gente que vino para hacer una posterior reventa.
- ¿Qué fue lo que más llamó la atención respecto del precio base y el precio por el que se terminó vendiendo?
- Por ejemplo un Arcade, que estaba a 20 mil pesos y se vendió a 300 mil. Pero esa persona lo compró porque le recordaba a su infancia, y quería ese bien para su quincho. Era el día de su cumpleaños y se hizo un autoregalo.
- ¿No influyó también en la cantidad de público la actual coyuntura económica?
- Totalmente, porque había gente que venía a buscar una bicicleta a 30 mil pesos para ir y venir del trabajo. Entonces, tantos precios tan económicos y ante tanta necesidad de la gente también traccionó público. El perfil de la gente era laburantes y otros, para reventa. También hay gente a la que le gusta comprar en una subasta; esa adrenalina también juega.

- ¿Aun cuando el origen de los bienes sea hechos ilícitos quizá con víctimas fatales?
- Es que creo que el evento está organizado de una manera tan segura que ya la gente está dejando en un segundo plano de dónde provienen los bienes. Lo saben porque se difunde, pero lo compran con tranquilidad porque vieron que ya pasaron varios años, que se vendieron muchos autos y no pasó nada. Mucha gente venía a comprar por segunda o tercera vez, funcionó el boca a boca y el proceso se fue consolidando. Y hoy, muchas provincias están analizando si éste no es el camino para que los bienes decomisados no terminen acumulados en un depósito.
- ¿Es la subasta el mejor destino de esos bienes?¿No lo sería la destrucción, por ejemplo, teniendo en cuenta su origen?
- Podríamos preguntarnos qué hacemos si en lugar de bienes, hubiera un millón de dólares en efectivo también proveniente del delito... ¿Lo prenderíamos fuego, por más que provenga del delito? Claramente, no; los reinvertiríamos en educación. En fin, son bienes que se obtuvieron del delito, pero que se venden y tienen una utilidad positiva. En vez de desperdiciar todo ese dinero y que se eche a perder en comisarías colapsadas, se ordena esto por primera vez en la historia. Lo que tenemos que mirar es qué pasaba antes y qué pasa ahora, y de esas dos realidades cuál es la mejor. Nosotros nos inclinamos por esta realidad que ordena, ayuda a la gente y debilita económicamente al delito.








