Un informe de Creencias Sociales 2026, realizado por el Observatorio Pulsar-UBA revela varios datos interesantes de cara a un año electoral que se anticipó varios meses. Si, oficialismo y oposición empezaron a mover fichas mucho antes de que se defina el tablero oficial de los comicios para 2027.
“Ningunismo” argento en ascenso: el 42% no se identifica con un espacio político
Mayor desinterés en la política, poca participación comunitaria y el centro como refugio o “no lugar”. Algunos hallazgos de un estudio de opinión.

En este marco, el informe fechado en agosto revela que el 42 % de las personas encuestadas no se identifica con ningún espacio político, cifra que en tres años alcanzó el valor más alto de la serie.
Es lo que el observatorio, dependiente del IGEDECO - Facultad de Ciencias Económicas, y de la Carrera de Ciencia Política de la UBA, identifica como “ningunismo”.
No solo eso sino que también crece el desinterés por la política: el 63% está poco o nada interesado en un tema que desvela a tantos que pujan por un lugar en los ejecutivos y legislativos de todo el país.
Otro hallazgo: en una escala que va de 1 (izquierda) a 10 (derecha), el promedio de autoubicación de los argentinos es de 5,3. Los ningunistas están cerca (5,1). Los simpatizantes del Peronismo a la izquierda (3,8), los de LLA a la derecha (7,5).
Por otro lado la política pesa poco en los vínculos y en la vida comunitaria. Así, una mayoría sólida y fuerte rechaza juzgar a alguien por sus opiniones políticas y podría estar en pareja con alguien que piensa distinto.
Solo 1 de cada 10 consultados participa activamente en organizaciones sociales y políticas de distinto tipo, advierte en las conclusiones.
Hasta aquí, una síntesis del resultado de encuestas realizadas entre mayo y junio a personas mayores de 18 años de todas las regiones del país, incluida la central donde se ubica Santa Fe.
“No estamos frente a una sociedad sin posiciones sustantivas sino una sociedad que no se encuentra en las categorías y palabra que utiliza la política”, concluye el primer tramo del informe. Todo un llamado de atención para partidos y posibles candidatos.

De la periferia al centro
¿Cómo se sustenta esta afirmación? En 2026, el 63% de los argentinos declara estar poco o nada interesado, mientras que apenas el 37% manifiesta mucho o bastante interés en la política.
El cambio respecto del año anterior es pronunciado: luego de dos mediciones relativamente estables, el desinterés aumenta 18 puntos porcentuales y alcanza el nivel más elevado de la serie iniciada en 2023.
“La magnitud del movimiento indica que no estamos solamente frente a un grupo estable de ciudadanos alejados de la conversación pública”. Durante 2024 y 2025, la mayoría de la población todavía declaraba algún grado significativo de interés por la política. En 2026, esa relación se invierte abruptamente. “El desinterés deja de constituir una posición minoritaria o periférica y pasa a caracterizar a casi dos tercios de la sociedad”, explica en las conclusiones.

Esta retracción coincide con un debilitamiento sostenido de las identificaciones partidarias. “El 42% de las personas relevadas afirma no simpatizar ni sentirse identificado con ningún partido o espacio político”. En 2023 este grupo representaba el 37%, en 2024 había bajado al 25% y en 2025 alcanzaba el 35%.
No obstante, el crecimiento no parece ser únicamente el resultado del retroceso de una fuerza política determinada. Aunque las identificaciones con los distintos espacios presentan variaciones particulares -especialmente en el caso de Juntos por el Cambio-, el dato más relevante es la expansión continua de un grupo que se coloca por fuera de todas las opciones disponibles. “Los ningunistas ya no constituyen una categoría residual compuesta exclusivamente por indecisos, apáticos o personas circunstancialmente desencantadas. Son el segmento más numeroso de la sociedad argentina”.
Además, se trata de un fenómeno transversal porque atraviesa a mujeres y varones, a los distintos grupos de edad y a los diferentes niveles educativos. “Lo que sí distingue a este grupo es su menor interés por la política y una autoubicación ideológica menos polarizada que la del resto de la población”. Lo que los caracteriza no es la indiferencia, “sino la ausencia de un espacio partidario en el que reconocerse”.

Refugio en un “no lugar”
De 1 a 10, la mitad de los ningunistas elige directamente el valor 5 de la escala. En contraste, las personas identificadas con el peronismo se ubican, en promedio, en 3,8; quienes simpatizan con Juntos por el Cambio, en 6,7; y los simpatizantes de La Libertad Avanza, en 7,5.
“El centro político, en este contexto, no necesariamente expresa moderación programática ni una posición ideológica elaborada que combine elementos de izquierda y derecha. Probablemente funcione como una zona de refugio para quienes no quieren ubicarse dentro de las divisiones que propone el ecosistema político”, aclara.
Dicho de otra forma, el punto medio de la escala ideológica no representa una posición equidistante entre izquierda y derecha sino, tomando un concepto del antropólogo Marc Augé, un “no lugar”. Un espacio de tránsito o refugio que se ocupa pero no se habita, por el cual se circula pero no se pertenece.
La centralidad puede ser, así, una manera de tomar distancia. “Frente a etiquetas partidarias e ideológicas que no resultan representativas, el punto medio ofrece un lugar desde el cual evitar definiciones que se perciben como ajenas, rígidas o excesivamente confrontativas”.
El fenómeno combina desinterés, baja identificación y centralidad: menos adhesión, menos pertenencia y una mayor distancia respecto de las categorías disponibles.
El crecimiento del ningunismo puede leerse, en este sentido, como una dificultad de los partidos para ofrecer identidades capaces de ordenar y articular las preferencias sociales.
La distancia no se produce necesariamente respecto de todos los asuntos públicos, sino respecto de los vehículos institucionales que deberían traducirlos en representación política. Una política que no permea los vínculos sociales.
Desconfianza
El 71% de las personas relevadas considera que, en general, no se puede confiar en la mayoría de las personas. Solamente el 28% sostiene que sí es posible hacerlo. Se trata de un punto de partida marcado por la cautela y la sospecha frente a los demás.
En abstracto, los argentinos se perciben desconfiados y fragmentados: baja confianza interpersonal, alta percepción de conflicto, poca participación comunitaria. En la práctica, no obstante, se comportan de otro modo: aceptan vecinos de identidades muy distintas, sostienen parejas con ideas opuestas, y cada vez menos personas juzgan moralmente a alguien por su voto.
Esta contradicción es una cualidad de la Argentina que habitamos. La desconfianza no vive en los vínculos reales sino en la imagen que tenemos de "los demás" en abstracto.
El 82% está poco o nada de acuerdo con que se pueda saber si una persona es buena o mala por sus opiniones políticas. Esta proporción aumentó 11 puntos desde la primera medición en 2023 (71%).
Al mismo tiempo, el 70% afirma que podría estar en pareja con alguien que tuviera ideas políticas opuestas a las propias. “Este indicador se mantiene estable alrededor de los dos tercios de la población durante toda la serie”. La política, por lo tanto, no penetra entre vínculos de la vida cotidiana y para la mayoría, las opiniones políticas no ordenan de manera determinante parejas, amistades o vecindades.
Desde esta perspectiva, la sociedad parece mostrar una capacidad creciente para separar las posiciones políticas de la valoración integral de las personas.

No obstante, los resultados también admiten otra lectura porque la baja disposición a excluir al otro puede estar relacionada con el debilitamiento de la propia identificación política. “Cuando la política ocupa un lugar menos importante en la definición de la identidad personal, también pierde capacidad para organizar afinidades y antagonismos sociales. La tolerancia puede convivir, por lo tanto, con cierta despolitización de los vínculos”.
Entonces, “la política no se mete en las relaciones, pero tampoco parece ofrecer pertenencias fuertes”.
Baja participación
Y aquí llega una categoría de análisis sumamente interesante porque trasciende lo personal para adentrarse en lo colectivo: “La baja participación no se limita a los partidos, sino que atraviesa también a las organizaciones sociales, religiosas, deportivas y comunitarias”. Así, ninguno de los espacios relevados supera el 16% de participación.
Las organizaciones religiosas alcanzan ese porcentaje, seguidas por los clubes y grupos deportivos, con el 15%, y las organizaciones de ayuda social, con el 14%. La participación en grupos ambientalistas o vinculados con la protección animal se ubica en el 9%.
Los niveles más bajos corresponden precisamente a las organizaciones tradicionalmente asociadas con la representación de intereses colectivos. Solamente el 5% declara haber participado en agrupaciones políticas o de militancia barrial y apenas el 4% lo hizo en sindicatos o gremios.
“No se trata únicamente de que la ciudadanía se aleje de los partidos; también mantiene una vinculación limitada con espacios capaces de transformar preferencias individuales en experiencias compartidas, identidades comunes y acciones colectivas”, concluye el informe.
En definitiva, la sociedad argentina adopta posiciones sobre la política, la convivencia y las normas, pero esas posiciones circulan crecientemente por fuera de organizaciones estables.









