“No se trata de bajar la edad de imputabilidad, sí de asumir cambios profundos”, decía la Iglesia en marzo de 2025 cuando el cambio de la ley Penal Juvenil que establece la edad punible a los 16 años estaba en vías de modificación.

Se trata de un documento de la Pastoral Social de marzo de 2025 que se reactualiza ante el inminente debate legislativo que impulsa el gobierno. “Necesitamos más cárceles o más escuelas”, pregunta la institución.

“No se trata de bajar la edad de imputabilidad, sí de asumir cambios profundos”, decía la Iglesia en marzo de 2025 cuando el cambio de la ley Penal Juvenil que establece la edad punible a los 16 años estaba en vías de modificación.
De hecho, el nuevo Régimen de Responsabilidad Penal Juvenil obtuvo dictamen de comisiones en la Cámara de Diputados en mayo de ese año, auque no se llegó a debatir en el recinto.
Menos de un año después, el tema vuelve a estar plenamente instalado en la agenda política y pública, luego de que el gobierno nacional decidiera incluirlo en las sesiones extraordinarias de febrero.
Es decir que la modificación de la Ley Penal Juvenil, que tiene como eje principal la baja en la edad de imputabilidad, está habilitado para el debate del Congreso Nacional. El piso propuesto por el oficialismo es de 13 años mientras que el dictamen de 2025 estableció un mínimo de 14 años.

En el documento reflotado ahora por la Comisión Episcopal de Pastoral Social se plantea el contexto que llevó a la situación actual.
“Desde hace muchos años, la sociedad argentina viene padeciendo las consecuencias de administraciones políticas que no han sido capaces de crear una cultura del trabajo que incluyera a todos los habitantes y que permita a todas las familias del país vivir con dignidad y procurarse los bienes necesarios para un auténtico desarrollo humano, laboral, social, económico y psicoactivo”, dice.
“Esto ha provocado innumerables problemas entre los que se encuentra la inseguridad y la delincuencia juvenil”, advierte.

En medio del debate social y político respecto de la baja de la edad de imputabilidad “deseamos, en primer lugar, expresar nuestra solidaridad con tantas personas que han sido víctimas de la violencia, algunas de ellas víctimas de delitos cometidos por menores de edad, en ocasiones con violencia extrema que dejan heridas difíciles de cerrar”, decía la Pastoral entonces.
Esta reflexión cobra particular actualidad luego del asesinato de Jeremías Monzón, el joven santotomesino de 15 años cuya muerte violenta, por la que está imputada una joven de 16 años mientras que dos adolescentes de 14 quedaron en libertad, aceleró el debate que impulsa ahora el gobierno de Javier Milei.
Ante estas situaciones dolorosas “se fortalecen las propuestas que hacen foco en los menores, como si fueran los únicos y los numéricamente más responsables de los delitos”.
“Lo que sabemos, por la estadística oficial, es que los menores no son los que más delitos cometen. De acuerdo con la estadística oficial del Sistema Nacional de Información Criminal – Sistema Alerta Temprana (SNIC-SAT), del Ministerio de Seguridad Nacional, en 2023, en Argentina, los menores inculpados por delitos conforman un porcentaje muy bajo del total (En los casos de homicidio doloso, los inculpados menores de 14 años fueron sólo el 0,64 % del total, y los inculpados menores de entre 15 y 19 años, el 13,12 %)”.

Por otro lado, la institución señala que en los debates públicos y mediáticos se escuchan los testimonios de jueces, comunicadores, dirigentes políticos y de ciudadanos “de a pie”, por lo general víctimas de delitos.
“Pero la realidad es más diversa y la problemática de la delincuencia juvenil está atravesada por una enorme cantidad de factores que hacen necesarias las voces de especialistas como psicólogos, psiquiatras, psicopedagogos y docentes”.
“Cuando se escuchan estas voces, los abordajes más complejos de la problemática, la propuesta de bajar la edad de imputabilidad no parece ser la más razonable”.
“Es una idealización creer que la solución de la inseguridad es bajar la edad de imputabilidad y no considerar sus causas. Por ejemplo, hoy los adolescentes y jóvenes tienen muy fácil acceso al consumo de drogas. Las drogas los están destruyendo y el consumo es una de las principales causas de la violencia”, señala.
“¡Es necesario combatir el narcotráfico! Pero de esto se habla poco. Si miramos la realidad, el narcotráfico en nuestro país, desde hace décadas, viene ganando territorio y ampliando sus negocios dejando tiradas y destruidas un montón de vidas y familias, particularmente a los jóvenes”, insiste.
Es imprescindible comprender que es necesario promover una “cultura del cuidado”, dice la Pastoral Social, que garantice las condiciones para el desarrollo integral y pleno de cada persona.

Llegado a ese punto, inquieren: “Si se concreta la baja de edad de imputabilidad, ¿dónde van a recluir a los menores? ¿Cuáles son los dispositivos apropiados en las provincias para alojar a adolescentes y jóvenes que delinquen? ¿Qué alternativas reales tenemos para ofrecerles, educarlos y reinsertarlos socialmente?”.
“La edad que ya prevé la ley en la actualidad es la de 16 y 17 años. Consideramos que no es necesario modificar la edad, aunque sí es imprescindible un régimen penal juvenil/adolescente que tenga una mirada humana, integral, abierta a la esperanza”, propone.
Y por último cuestionan: “Para un proyecto de país inclusivo, fraterno, desarrollado, ¿qué necesitamos?, ¿más cárceles o más escuelas? ¿Más guardiacárceles o más docentes con salarios dignos y capacitados? Cualquier reforma del Régimen Penal Juvenil debe hacer foco prioritariamente en la reinserción social y en la educación”.

“Es necesario ofrecer un verdadero proyecto de vida para nuestros adolescentes y jóvenes. Que tengan motivos para soñar y para creer que es posible un futuro con esperanza, y una salida que no sea «Ezeiza», las drogas, las armas o el cementerio”.
En tanto, “el Estado nacional, los estados provinciales y municipales y la dirigencia política tienen un rol preponderante en este propósito. Pero también los dirigentes de movimientos sociales, los sindicalistas, los clubes, los religiosos, el mundo empresario y los ciudadanos en general”.
“Es imprescindible vencer todo tipo de indiferencia, superar la cultura del descarte y llenar con propuestas superadoras el vacío que dejamos cuando evadimos nuestras responsabilidades como adultos”, concluye el documento que invocaba las palabras del entonces Papa Francisco.