El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) presentó un informe que analiza la evolución de la pobreza infantil entre 2018 y 2026 y el rol de las transferencias monetarias en la protección de las infancias.
Pobreza infantil: la AUH ayuda pero no alcanza
Sin esta herramienta y la Tarjeta Alimentar, esa condición se duplicaría. Sin embargo, “la pobreza tiene otras caras”, advierte el Observatorio de la Deuda Social: ropa, amigos y aprendizaje.

El estudio revela que, si bien la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar (TA) logran contener las situaciones más extremas -sin ellas, la indigencia infantil pasaría del 9,5% al 16,4%-, su capacidad para sacar a los hogares de la pobreza es mucho más limitada: la tasa de pobreza infantil aumentaría del 42,5% al 47,8% si no existieran estos programas.

"Las transferencias sostienen un piso mínimo frente a la indigencia, pero no alcanzan para superar la pobreza en todas sus dimensiones", señalaron Valentina González Sisto e Ianina Tuñón, autoras del informe.
La investigación analiza las fluctuaciones económicas que se registraron en el país, entre 2018 y 2026, período en el cual se sucedieron distintos gobiernos, procesos inflacionarios y cambios en la política social que impactaron en las condiciones de vida de las infancias argentinas.
Así, el poder de compra de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar (TA) partieron de una cobertura de entre 30% y 45% de la Canasta Básica Alimentaria según el tipo de hogar, llegaron a un máximo de 57%-77% en 2021, cayeron a un mínimo de 12%-28% en 2023, y hoy cubren entre 39% y 62%, “aún lejos de los máximos observados”.
Infancias en riesgo
Entre los principales hallazgos de la investigación, se destaca que la pobreza e indigencia golpean con más fuerza a la infancia. “La pobreza infantil alcanzó su máximo histórico en 2024 (70,4%) y, si bien descendió, en 2026 aún afecta a más de 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes (42,5%)”.
En tanto, la indigencia afecta a 1 de cada 10 (9,5%). En toda la serie, los hogares con niñas, niños y adolescentes registran tasas sistemáticamente más altas que los hogares sin niños/as, un fenómeno que el informe denomina "infantilización de la pobreza".

En segundo lugar, la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar tienen un “efecto protector” y explican más del 90% de la reducción estimada de la pobreza infantil y alrededor del 97%-98% de la reducción de la indigencia en la infancia, muy por encima de otras ayudas públicas o de organizaciones sociales.
El poder de compra de estas transferencias fluctuó fuertemente a lo largo del período: como se dijo, de cubrir entre el 12% y el 28% de la canasta básica alimentaria en el peor momento de 2024, se recuperó hasta alcanzar entre el 39% y el 62% en 2026.
Una condición cristalizada
El tercer hallazgo indica que los que siguen siendo pobres están igual de lejos de la línea que antes. Y se explica así: aunque la pobreza disminuyó entre 2024 y 2026, la "brecha" -es decir, la distancia promedio entre el ingreso de los hogares pobres y el valor de la Canasta Básica Total- se mantuvo prácticamente sin cambios.
Esto indica que quienes continúan siendo pobres no están más cerca de superar esa condición que en los peores momentos de la crisis.
A quiénes afecta más
Otro campo de análisis (cuarto hallazgo) refiere a los factores que más pesan, y allí el informe ubica al “Empleo, territorio y familia”.
“El riesgo no se distribuye equitativamente. La calidad del empleo del adulto a cargo es el factor que genera las brechas más amplias”. En 2026, hay más de 50 puntos porcentuales de diferencia en la tasa de indigencia entre hogares con jefe/a asalariado formal y aquellos con jefe/a no ocupado.
Los hogares monomarentales y la residencia en la región del Noreste Argentino (NEA) también multiplican las probabilidades de caer en la pobreza o indigencia.
Multidimensional
Por último se ubican “las carencias que el dinero no mide”. Para ello, el informe analiza ”privaciones no monetarias” a partir de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) 2025.
Los datos muestran que el 37,5% de los niños niñas y adolescentes no puede comprar ropa o calzado por motivos económicos; el 36,8% presenta dificultades en el aprendizaje escolar; 27,3% tiene pocos amigos o dificultades para hacer amigos, y el 18,1% sufre malestar emocional (tristeza, ansiedad).

“En todos los casos, estas privaciones se agravan cuanto más bajo es el nivel socioeconómico del hogar”, evalúa el ODSA.
El informe se basa en datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC) para los primeros trimestres de 2018 a 2026, con cobertura en 31 aglomerados urbanos que representan aproximadamente el 62% de la población total del país.










