Programa Intercomunal de Bandas: cómo un proyecto regional transformó el ADN cultural de Santa Fe
Creado en 2004 y consolidado en la pospandemia con una nueva dinámica artística y audiovisual, el Programa Intercomunal de Bandas —integrado por la Banda Comunal de Felicia y el Ensamble de Vientos de Pilar— se transformó en una experiencia social y cultural de alto impacto. Su director y creador, Julián Ovando Salemi, repasa para El Litoral la historia de un proyecto que excede lo musical y que hoy reúne a 40 integrantes de todas las edades bajo una premisa clara: la música como espacio de pertenencia y contención.
Programa Intercomunal de Bandas: la revolución silenciosa de un proyecto musical que transformó a una región
Hay proyectos que nacen para cumplir con un protocolo y otros que surgen para cambiar la piel de una región. El Programa Intercomunal de Bandas, integrado por la Banda Comunal de Felicia y el Ensamble de Vientos de Pilar, pertenece indiscutiblemente al segundo grupo.
Programa Intercomunal de Bandas: la revolución silenciosa de un proyecto musical que transformó a una región
Lo que comenzó en 2004 como una experiencia formativa se ha consolidado, tras la pausa obligada de la pandemia, en una estructura artística y social de alto impacto que hoy cosecha elogios tanto en el Congreso de la Nación como en fundaciones culturales de Nápoles (Italia).
Su director y mentor, Julián Ovando Salemi, ha logrado amalgamar una visión audaz: transformar la enseñanza de instrumentos de viento en una plataforma de registro audiovisual de nivel profesional.
“Hoy quedan las grabaciones, quedan los videos. Es una herencia tangible; algo que los músicos podrán mostrarle a sus nietos”, explica a El Litoral con la convicción de quien sabe que la música, si no se comparte, pierde su eco.
Escenarios de prestigio y raíces profundas
El recorrido del programa es abrumador. Sus integrantes han pisado escenarios como la Legislatura provincial, el Teatro Colón, la Casa de la Cultura y el Museo de la Constitución.
También el Salón Blanco de la Casa Gris, además de proyectos integrados con las ciudades de Módica y Rosolini, filmados en la Basílica de Guadalupe y el Puente Colgante.
“El valor más importante ocurre dentro de esas cuatro paredes, en el ensayo. Lo demás es consecuencia”.
Sin embargo, para Julián Ovando Salemi, el brillo de las luces no debe eclipsar el origen.
El valor no reside exclusivamente en la majestuosidad de la Basílica de Guadalupe o los pasillos del Congreso, sino en la identidad de quienes los habitan: “Es Pilar quien llega al Congreso. Es Felicia la que está allí representada, Son las localidades las que están ahí, un motivo de orgullo para quienes forman parte de la propuesta y de sus familias”, subraya a El Litoral.
La modernización ha sido una pieza clave. La incorporación de pantallas LED, sincronización audiovisual y tecnología de vanguardia ha jerarquizado el espectáculo.
La sofisticación técnica es una herramienta para potenciar el esfuerzo áulico, no para suplantarlo. Cada nota que el público escucha es el resultado genuino de horas y horas de ensayo.
El aula como refugio y motor social
Más allá de la puesta en escena, el programa funciona como una red de contención. En los ensayos conviven niños de siete años con adultos mayores que recién comienzan a estudiar un instrumento.
“No hay edad. Todos tienen las mismas posibilidades”, afirma Ovando Salemi.
Las historias de vida que atraviesan los ensayos son el verdadero corazón del proyecto. El director recuerda con emoción el caso de un hombre que, tras décadas dedicado a las labores rurales mientras veía de lejos su sueño musical, hoy, ya jubilado, integra la banda y se presenta en los escenarios más importantes del país.
“No hay edad. Todos tienen las mismas posibilidades. Imaginate lo que significa para alguien que no pudo seguir su vocación, la dimensión terapéutica es innegable”, afirma Ovando Salemi.
No es extraño ver lágrimas en las primeras tomas de una grabación o detectar cómo un alumno de 70 años es asistido por un compañero más joven ante un bloqueo técnico. En ese instante, el proyecto deja de pertenecer al director para ser propiedad absoluta de la comunidad.
Un modelo de gestión y proyección internacional
Desde 2022 el programa funciona como estructura intermunicipal. Las clases se dictan por separado en cada localidad, pero las producciones artísticas requieren ensayos conjuntos.
La complejidad sonora —metales, maderas, percusión— obliga a contar con espacios acústicamente adecuados.
En este sentido, la sinergia entre lo público y lo privado ha sido vital, destacándose el aporte de la Cooperativa Guillermo Lehmann, que cedió su auditorio para estas jornadas de ensamble.
El Programa Intercomunal de Bandas no es solo música. Es una red de pertenencia y contención, que demuestra que cuando la cultura se sostiene, se convierte en un motor imparable de transformación colectiva.
También el colegio Santa Marta de Pilar cedió las instalaciones para el dictado de las clases regulares y de esta forma garantizar la programación de los ensayos.
El impacto ha cruzado fronteras. Tras masterclasses con músicos internacionales y conexiones en vivo desde Las Vegas, el programa se prepara para un posible intercambio con una fundación de Nápoles, interesada en replicar este modelo de contención social a través del arte.
Por allí pasaron Alejandro Carballo, trombonista, arreglador y director de la sección de brass y cuerdas de Luis Miguel, junto al músico español Arturo Solar, trombonista, director musical y compositor, quienes con presencia e interés siempre se han mostrado permeables a los proyectos del programa.
También la pianista Anna Sarkisova quien no sólo participó de uno de los conciertos, sino que ofreció una masterclass que permitió a estudiantes y músicos acceder a un nivel de formación artística de talla internacional.
“Lo que vivimos en las masterclasses junto a los artistas internacionales Solar, Sarkisova y Carballo —todos en momentos distintos, pero en períodos claves de la evolución del programa en los últimos años— excedió lo artístico. Cada uno aportó su mirada no solo desde lo musical, sino también desde lo humano, fortaleciendo el momento de desarrollo del programa y dando continuidad y contenido al proceso formativo de cada uno de los integrantes”, expresó el director del Programa Intercomunal.
“El valor más importante ocurre dentro de esas cuatro paredes, en el ensayo. Lo demás es consecuencia”, precisó. El Programa Intercomunal de Bandas no es solo música. Es una red de pertenencia y contención, que demuestra que cuando la cultura se sostiene, se convierte en un motor imparable de transformación colectiva.