Estudios que prometen medir el déficit de vitaminas y minerales, e incluso diagnosticar alteraciones de la microbiota intestinal a partir de una hebra de cabello (test epigenético de pelo), o dispositivos que escanean la palma de la mano y aseguran detectar metales pesados en el organismo en apenas unos segundos, comenzaron a ganar espacio en consultorios santafesinos y encendieron la preocupación de científicos y profesionales de la salud.
¿Pseudociencia en consultorios?: alertan por el uso de dispositivos sin respaldo científico
La carta abierta de un investigador disparó las alarmas entre los profesionales médicos y nutricionistas. Hay matriculados que usan test epigenético de pelo o escaneo de la palma de las manos como apoyo al diagnóstico. Hubo un encuentro de debate.

Se trata de prácticas que, según especialistas, carecen de evidencia científica y pueden derivar en diagnósticos erróneos, tratamientos innecesarios y un perjuicio económico para los pacientes.
La preocupación tomó fuerza tras la carta abierta escrita por el doctor en Química e investigador del Conicet, Gabriel Vinderola, quien advirtió sobre el uso de estos dispositivos por parte de algunos médicos y nutricionistas matriculados.
“La utilización de estos dispositivos carece de plausibilidad biológica y tecnológica, sustento científico y validación metodológica disponibles; constituyen un ejemplo de pseudociencias aplicadas a la salud, y su uso erosiona y socava la confianza de personas consultantes y pacientes en la nutrición y la medicina", sostuvo el investigador en la misiva que tiene como destinatarios a profesionales de la salud.
En ese marco, Vinderola participó esta semana de una jornada organizada por el Colegio de Graduados en Nutrición de Santa Fe, junto con representantes de colegios profesionales, sociedades científicas y universidades locales. El encuentro estuvo centrado en debatir la ética, el intrusismo profesional y el rol de la ciencia frente a estas prácticas que prometen diagnósticos rápidos mediante aparatología sin validación científica.

-¿Qué es lo que preocupa de estas prácticas?, preguntó El Litoral a Vinderola.
-Lo que proponen es diagnosticar supuestos déficits de vitaminas o minerales para después indicar suplementos, pero lo hacen utilizando aparatología que no tiene ni plausibilidad tecnológica ni validación metodológica. Como químico analítico, cuando uno empieza a investigar cómo funcionan estos dispositivos encuentra que no hay fundamentos para sostener lo que prometen. Lo preocupante es que esto perjudica, tanto la salud como el bolsillo de quienes consultan.
-¿Quiénes están utilizando estos métodos?
-Al principio lo veía más en personas que ejercían actividades vinculadas a la salud sin un título habilitante. Después empecé a observar que también aparecía entre profesionales, nutricionistas y médicos, incluso algunos con gran llegada al público porque promocionan estos métodos en programas de televisión. Ahí fue cuando entendí que era necesario empezar a hablar seriamente del tema.
-¿Qué debería hacer una persona que recibe este tipo de propuestas?
-Ese es justamente el problema. La mayoría de las personas no tiene formación científica para distinguir entre un método válido y otro que no lo es. Además, estos discursos están muy bien construidos. Suelen decir: “Te voy a dar soluciones que la medicina tradicional no te ofrece”. Eso resulta atractivo porque es cierto que la medicina todavía tiene muchas preguntas sin responder. Pero justamente ahí aparece el riesgo de que personas con pocos escrúpulos aprovechen ese vacío para vender soluciones que no tienen evidencia.

Cuáles son las “red flags”
-¿Alcanza con consultar a un profesional matriculado?
-No necesariamente. Es una condición necesaria, pero ya no suficiente, porque también hay matriculados que utilizan estas prácticas. Cuando aparecen aparatitos que en pocos segundos prometen darte respuestas para todo, esa debería ser la primera “red flags” o señal de alarma. Por eso es importante que los profesionales de la salud que hacen las cosas bien, tengan voz en redes sociales sobre este tema y que también los colegios se pronuncien para, de a poco, ir depurando todas estas cuestiones.
-Después de esos estudios suelen recomendar suplementos.
-Exactamente. Muchas veces el aparato es la puerta de entrada para vender suplementos que el mismo profesional comercializa o recomienda comprar en determinados lugares. Esas son situaciones que también deberían despertar sospechas.
Riesgos en la salud
-¿Qué riesgos concretos existen para la salud?
-El principal es el sobrediagnóstico: que le digan a una persona que tiene problemas que en realidad no existen. También puede ocurrir lo contrario: retrasar el diagnóstico de una enfermedad verdadera porque se pierde tiempo con procedimientos sin fundamento. A eso se suma el perjuicio económico y el consumo de suplementos cuya calidad muchas veces se desconoce. Además, se termina desplazando algo que sí es central para la salud: una alimentación adecuada.

-También hay muchas personas que se autodiagnostican a partir de lo que ven en redes sociales.
-Sí, aunque ahí es más difícil intervenir. A mi entender lo realmente grave es cuando un profesional de la salud utiliza estas prácticas. Una persona llega al consultorio confiando en ese profesional y, en apenas 15 segundos, con un aparato, recibe respuestas que no están sustentadas por evidencia científica.
-¿Preocupa el crecimiento de este tipo de contenidos que surgen como avalanchas en redes sociales?
-Muchísimo. Mientras desde la ciencia tratamos de informar, educar y fomentar el pensamiento crítico, aparece un verdadero tsunami de información falsa o engañosa. Además existe un vacío legal y muchas veces las autoridades no intervienen. Eso termina mezclando ciencia con pseudociencia y genera mucha confusión en la sociedad.
-Usted habla también desde la autoridad que le da sus conocimientos pero también integra un prestigioso jurado internacional de investigación.
-Sí. Actualmente participo como jurado en un concurso internacional de fondos para investigación que organiza todos los años la revista Nature. Se presentan alrededor de 700 proyectos de todo el mundo y, después de una preselección, cinco investigadores analizamos cuáles recibirán financiamiento. Este año el eje está puesto en microbiota, fertilidad y reproducción, por lo que será una oportunidad muy interesante para conocer los avances científicos en ese campo.









