El trabajo infantil en basurales a cielo abierto fue calificado como una de las formas más extremas de vulneración de derechos en Argentina.
Una infancia en peligro: la advertencia médica sobre el trabajo en basurales
Un informe de la Sociedad Argentina de Pediatría advierte que miles de niños están expuestos a sustancias tóxicas, enfermedades y abandono escolar. Señalan que la pobreza y la falta de empleo formal son factores determinantes.

Así lo plantea un reciente informe de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que describe un escenario atravesado por la pobreza estructural, la inseguridad alimentaria y la falta de oportunidades laborales para los adultos, factores que empujan a niños, niñas y adolescentes a manipular residuos peligrosos como forma de subsistencia.
Impacto en la salud y el desarrollo
El documento advierte que el cuerpo de un niño no está preparado para el esfuerzo físico que implica este tipo de tareas. La carga de peso y el trabajo en condiciones adversas afectan directamente el desarrollo óseo y muscular, con riesgo de deformidades y lesiones permanentes.

A esto se suma la exposición constante a sustancias tóxicas. En los basurales, los menores entran en contacto con metales pesados como plomo, mercurio y arsénico, presentes en baterías y residuos electrónicos. Estos contaminantes pueden provocar anemia, daño renal y enfermedades respiratorias, además de afectar el desarrollo neurológico.
El riesgo es aún mayor porque el organismo infantil tiene mayor capacidad de absorción de sustancias nocivas y menos herramientas para eliminarlas. Esta combinación agrava los efectos sobre la salud, especialmente en contextos donde existen déficits nutricionales previos.
El entorno también favorece la proliferación de enfermedades infecciosas. Mosquitos, roedores y otros vectores transmiten patologías como dengue, leptospirosis y hantavirus. Además, el contacto con residuos contaminados incrementa la incidencia de infecciones gastrointestinales, muchas veces vinculadas a la ingesta de alimentos encontrados en la basura.
Los accidentes son otro factor crítico. Cortes con objetos punzantes, quemaduras y riesgo de aplastamiento en zonas de descarga forman parte de una rutina cotidiana para estos niños. A esto se suma el agotamiento físico, que afecta el descanso, el juego y la escolaridad, pilares fundamentales para un desarrollo saludable.

Pobreza y hambre
El informe sitúa al trabajo infantil dentro de un entramado más amplio de determinantes sociales. En Argentina, la pobreza infantil alcanza al 46,1% de la población menor de edad, lo que equivale a unos 5,5 millones de niños y adolescentes. De ellos, 1,2 millones viven en condiciones de indigencia.
En este contexto, la recolección de residuos aparece como una estrategia de supervivencia. Es una actividad sin barreras de acceso y con disponibilidad constante, lo que la convierte en una opción inmediata frente a la falta de ingresos.
La inseguridad alimentaria juega un papel central. Se estima que el 30% de los hogares con niños debe restringir el consumo de alimentos por razones económicas, mientras que cerca de 800.000 menores no acceden a una comida diaria. En los basurales, muchos encuentran alimentos y los incorporan a su dieta, lo que agrava los riesgos sanitarios.
La precariedad laboral de los adultos profundiza esta situación. Con niveles de informalidad que superan el 40%, muchas familias no logran sostener ingresos estables. En ese escenario, los niños no solo acompañan a sus padres, sino que también asumen un rol activo en la generación de recursos.
Este proceso da lugar a una naturalización del trabajo infantil. Desde edades muy tempranas, incluso antes de los 5 años, los menores comienzan a participar en estas actividades, replicando conductas de los adultos en un entorno donde el basural se convierte en parte de la vida cotidiana.

El rol del Estado y del sistema de salud
Frente a este panorama, la SAP plantea la necesidad de un abordaje integral basado en la corresponsabilidad. El Estado tiene un rol central en garantizar derechos, promover la escolarización y generar políticas que reduzcan la pobreza y la desigualdad.
Entre las medidas propuestas se destaca la erradicación de basurales a cielo abierto y la implementación de sistemas de gestión de residuos que incluyan empleo formal para las familias que hoy dependen de esta actividad.
El sistema de salud, por su parte, es considerado un actor clave para la detección temprana de estos casos. Los equipos médicos pueden identificar signos físicos y sociales asociados al trabajo infantil, registrar la información y activar mecanismos de protección.
El informe también subraya la importancia de la formación profesional con enfoque en determinantes sociales y derechos de la infancia. Además, propone fortalecer la articulación entre organismos estatales, organizaciones sociales y la comunidad.

Un desafío que exige respuestas urgentes
La problemática del trabajo infantil en basurales no solo refleja una situación de pobreza, sino también una falla estructural en la garantía de derechos básicos. Salud, educación y protección quedan relegados frente a la urgencia de la supervivencia.
Los especialistas coinciden en que no se trata de un fenómeno aislado, sino de un círculo que se reproduce de generación en generación. El daño físico, la deserción escolar y la falta de oportunidades condicionan el futuro de estos niños, perpetuando la desigualdad.
En este sentido, la erradicación del trabajo infantil no puede abordarse de manera aislada. Requiere políticas públicas sostenidas que incluyan empleo formal, acceso a servicios básicos y mejoras en las condiciones de vida.
El informe de la Sociedad Argentina de Pediatría pone en evidencia una realidad compleja que interpela a toda la sociedad. La visibilización del problema es un primer paso, pero los especialistas advierten que sin acciones concretas y coordinadas, la situación seguirá afectando a miles de niños en todo el país.








