"En 2 minutos me arruinaron la vida"; brutal robo de una moto a una mujer en Santa Fe
Dos delincuentes la atacaron en Urquiza al 2900 donde la hicieron caer y le robaron su moto. La víctima sostiene sola su hogar, está a cargo de cinco menores, y reclama la devolución de su vehículo
Urquiza 2900. El sector donde ocurrió el grave incidente. Foto: captura google maps
La tarde en el centro santafesino suele tener ese ritmo cansino de los días laborales: motos circulando, cadetes que van y vienen con sobres, paquetes y trámites que nadie quiere hacer. En ese engranaje anónimo se movía Yanina, de 38 años, madre de tres chicos y tutora —por decisión judicial— de dos sobrinos que también dependen de ella. Cinco chicos y una sola adulta para sostener la casa.
El jueves, a las 12.50, ese equilibrio frágil se quebró en apenas un par de minutos.
Entrega y drama
Urquiza al 2900, casi Irigoyen Freyre. Pleno centro de Santa Fe. Allí Yanina había frenado su motocicleta —una Honda Wave negra— para entregar un pedido en un local de venta de sanitarios. La rutina de siempre.
Pero esa rutina tenía espectadores ocultos. “Yo calculo que me venían siguiendo”, diría después a El Litoral, todavía con la voz quebrada.
La mujer detuvo la moto. La luz del semáforo estaba en verde y el tránsito seguía su curso. Levantó la pierna derecha para bajar del vehículo y cumplir con la entrega. Fue entonces cuando todo se precipitó.
Dos jóvenes que estaban en otra motocicleta la empujaron de golpe. El movimiento fue seco, casi quirúrgico. Yanina cayó al asfalto. Cuando quiso reincorporarse, la escena ya había cambiado: los desconocidos habían montado su moto y escapaban hacia el este.
Para aportar datos puede hacerse de manera anónima en cualquier seccional. Foto: Gentileza
No hubo golpes graves, ni sangre. Solo el silencio abrupto que queda cuando algo desaparece. Su moto ya no estaba.
Más que un vehículo
La Honda Wave negra tenía algunas marcas fáciles de reconocer: el guardabarros delantero roto, un escudo de Unión pegado y, en el faro, una pequeña imagen de la Virgen que con el tiempo se fue borrando.
Pero el verdadero valor no estaba en esos detalles. La moto era su herramienta de trabajo. Desde el año pasado Yanina la estaba pagando en cuotas. Con ella hacía cadetería: entregas, trámites, encargos. De eso vivía.
Y ahora, en dos minutos, todo se había evaporado. “Me robaron todo”, dice. “Tenía la mochila con plata y documentos, míos y de mi hijo”. Pero inmediatamente aclara algo que suena a grito en medio de la resignación:
“No me importa la plata ni los documentos. Yo lo único que quiero es mi moto”.
Una historia que se repite
No era la primera vez.Hace tres años, en la esquina de Tucumán y Francia, la historia fue incluso más brutal. Apenas dos días antes había comprado otra motocicleta. Duró exactamente 48 horas.
“Me dieron una patada en el pecho”, recuerda. El golpe le fracturó el esternón y la dejó tirada contra el piso mientras los ladrones escapaban con el vehículo. La herida física sanó. La sensación de vulnerabilidad, no.
Una mujer sola
Yanina sostiene su casa sola. Tres hijos propios. Dos sobrinos adoptados por decisión judicial. Cinco chicos que dependen de su trabajo. “Soy la única mayor de edad”, explica entre lágrimas.
Grave asalto en pleno centro de Santa Fe. Foto: archivo El Litoral
Por eso insiste en que el robo no fue solo un hecho policial. Fue algo más profundo. “Me destruyeron la vida en dos minutos”, dice.
No exagera: sin moto no hay cadetería. Sin cadetería no hay ingresos. Y sin ingresos, la ecuación familiar se vuelve imposible.
Un pedido... un ruego
Por estas horas la mujer busca cualquier pista que permita recuperar el vehículo.
Pidió revisar cámaras de seguridad en el local donde había hecho la entrega, pero las filmaciones solo cubren el interior del comercio. La calle quedó fuera del encuadre. Los delincuentes desaparecieron hacia el este.
Yanina no pide castigo ni revancha. Solo hace un ruego que suena tan simple como desesperado: “Que tengan algo en el corazón y me devuelvan la moto”.
Mientras tanto, desde la policía solicitan que cualquier persona que tenga información sobre el rodado —una Honda Wave negra con el escudo de Unión y el guardabarros delantero roto— se comunique con la seccional policial más cercana.
Porque, para Yanina, ese vehículo no es un objeto. Es la llave que le permite sostener su mundo.