Condenaron a 12 años de prisión a un hombre por intentar matar a su pareja en Laguna Paiva
Se trata de Walter Deolindo Font, de 58 años. El ilícito fue en agosto de 2024. "No lo odio... yo quería justicia", dijo la víctima en diálogo con El Litoral
Natalia Bournisent, la víctima, habló con El Litoral. "Hay que pedir ayuda. Yo no hacía caso". Foto: Gentileza
En un fallo que vuelve a poner en agenda la violencia de género en el departamento La Capital, la Justicia condenó a 12 años de prisión a Walter Deolindo Font, de 58 años, por haber intentado matar a su pareja en agosto de 2024 en la ciudad de Laguna Paiva.
La sentencia fue dictada en los tribunales de Santa Fe, en el marco de un juicio abreviado encabezado por la jueza Rosana Carrara. La investigación estuvo a cargo del fiscal Roberto Olcese y luego contó con la intervención de las fiscales Laura Gerard y Vivian Galeano.
Font reconoció su responsabilidad penal como autor del delito de tentativa de homicidio calificado por el vínculo y mediando violencia de género (tentativa de femicidio).
La noche que pudo terminar en tragedia
El ataque ocurrió minutos después de las 20 del lunes 19 de agosto de 2024. Según reconstruyó la Fiscalía, la pareja circulaba en una camioneta propiedad del acusado cuando comenzó una discusión. Al llegar a inmediaciones de calle Pastor Barrios, Font detuvo la marcha y desató la agresión.
Primero fueron golpes de puño. Luego la tomó del cuello. Después le tiró con fuerza del cabello para impedir que descendiera del vehículo. En medio de ese cuadro de violencia, la mujer abrió la puerta con la intención de escapar.
Cuando aún no estaba completamente fuera de la camioneta, el hombre aceleró bruscamente. La puerta la impactó. La víctima cayó al asfalto y el vehículo le pasó por encima de un pie. El agresor huyó del lugar, convencido —según la acusación— de haber cumplido su propósito. No lo logró.
Contexto de violencia sostenida
Para el Ministerio Público de la Acusación, el intento de femicidio se inscribió en una relación marcada por la violencia de género.
“La víctima fue escuchada por la jueza en una audiencia anterior y manifestó su conformidad con lo resuelto”, indicó la fiscal Gerard, quien remarcó que el condenado ejercía maltratos y conductas denigrantes que afectaban la dignidad, la libertad y la integridad física de la mujer. No se trató de un estallido aislado. Fue la culminación de un proceso.
“Yo no era la víctima, era el complemento”
En diálogo con El Litoral, Natalia Bournisent —la mujer que sobrevivió al ataque— habló tras conocerse la condena.
“Estoy en tratamiento psicológico y psiquiátrico. Creo que toda la vida voy a necesitarlo”, confesó. Y explicó con crudeza el entramado emocional que la envolvió durante la relación: “A mí me hicieron entender que yo no era una víctima, que era el complemento de una persona narcisista”.
La condena fue impuesta en un juicio abreviado. Foto: archivo El Litoral
Natalia describió el mecanismo que, según relata, fue aislándola de su entorno. “Te van metiendo en un círculo. Tus amistades son las malas, tu familia está mal. Llegás a un momento en que estás sola con él”, dijo.
Sus hijos —marcados también por el dolor— nunca aceptaron el vínculo. “Sufrieron muchísimo”, relató.
Las heridas que no se ven
La mujer perdió trabajos. Su rutina cambió. Su vida, también. “Mi pierna me va a doler toda la vida. Pero lo que más cuesta sanar es lo que te queda en la cabeza”, sostuvo. Cada jueves viaja a Santa Fe para continuar su tratamiento con su psiquiatra, a quien define como “mi bastón”.
El acompañamiento institucional y profesional fue clave para atravesar el proceso judicial. Ahora, anticipó, avanzará por la vía civil. “No lo odio. Yo quería justicia. Y pienso que se hizo justicia”, afirmó.
El mensaje para otras mujeres
Antes de despedirse, dejó un consejo que nace desde la experiencia más dolorosa: “Hay que pedir ayuda. Yo no hacía caso a mis amigas, no hacía caso a mis hijos. Nadie tiene que tratarte ni siquiera verbalmente mal. El maltrato psicológico es el que más cuesta sacar”.
Doce años de prisión no borran lo ocurrido aquella noche de agosto. Pero marcan un límite. Y en ese límite, la Justicia envió un mensaje claro: la violencia de género no es un conflicto privado. Es un delito.