Un joven identificado como “Nicolás.79” transmitía en vivo desde un penal: hablaba a cámara, bromeaba e interactuaba con seguidores, sin notar que detrás suyo se estaba cometiendo un delito en tiempo real.

Un vivo en TikTok dejó algo más que risas y comentarios: el audio expuso, paso a paso, una extorsión telefónica ejecutada desde una cárcel y reavivó el alerta por una modalidad que ya tuvo un desenlace trágico en Argentina.

Un joven identificado como “Nicolás.79” transmitía en vivo desde un penal: hablaba a cámara, bromeaba e interactuaba con seguidores, sin notar que detrás suyo se estaba cometiendo un delito en tiempo real.
En el registro se escucha con nitidez cómo otro hombre, también dentro del lugar de detención, desarrolla una llamada de extorsión “paso a paso”, en una escena que se volvió viral por el contraste entre el clima del live y la gravedad del audio.
La grabación deja al descubierto una mecánica repetida: la “extorsión con falso policía”, sostenida con un guion preciso, vocabulario técnico y una puesta en escena que incluye ruidos de radio para ganar credibilidad.
El punto de partida es una acusación grave lanzada a la víctima: por ejemplo, haber intercambiado fotos con un menor tras un contacto en una app de citas, un anzuelo pensado para activar miedo y vergüenza al mismo tiempo.
Desde ahí, la presión escala con amenazas directas y urgencia: “Si cortás, vamos a tu casa”, se escucha en el audio, junto con la idea de que “tienen todos tus datos” y que “nadie se entere”.
La salida ofrecida es siempre la misma: pagar para frenar una causa inexistente. En el audio, el supuesto “agente” insiste con “ayudarte” para evitar un procedimiento y propone seguir “pasos” que, en la práctica, terminan en un cobro.

La captación suele iniciar con perfiles falsos en plataformas de citas; luego aparece una advertencia o un personaje que “acusaría” (como una supuesta madre), y finalmente entra en escena el llamado del “policía”.
En ese circuito, los estafadores se coordinan entre sí: cada uno cumple un rol —quien seduce, quien acusa y quien cobra—, lo que refuerza la sospecha de una estructura aceitada y no de una improvisación.
El caso, además, se enlaza con antecedentes como el suicidio del soldado Rodrigo Gómez, ocurrido mientras cumplía funciones en la Quinta de Olivos, tras atravesar una secuencia similar de engaños y amenazas.