Durante varios meses de 2025, Melina trabajó en uno de los geriátricos administrados por María Laura M.G.. Tras el incendio que dejó al descubierto el funcionamiento clandestino del establecimiento, decidió romper el silencio y aportar su testimonio a la investigación que lleva adelante el Ministerio Público de la Acusación (MPA).
"Polenta, hambre y amenazas": cómo era la vida dentro del geriátrico investigado por la Justicia
Una exempleada del hogar donde se originó el incendio que destapó el funcionamiento clandestino del establecimiento declaró ante el MPA. Su testimonio coincide con otras denuncias sobre falta de higiene, alimentación deficiente, ausencia de medicamentos, presuntas maniobras con el dinero de los residentes y amenazas a quienes trabajaban en el lugar.

Su relato coincide en numerosos puntos con las denuncias realizadas por otros exempleados, familiares y residentes. Describe un escenario de falta de higiene, alimentación insuficiente, escasez de medicamentos, presuntas maniobras con las tarjetas y préstamos de los adultos mayores y amenazas hacia quienes trabajaban en el lugar. Según sostiene, la realidad era muy distinta de la que se mostraba en las redes sociales o a las familias.
"Pensé que estaban acomodando las cosas, pero nunca cambió nada"
"Yo trabajé unos meses el año pasado. Cuando ingresé vi un montón de cosas que no correspondían. Me decían que estaban arreglando el hogar, que era algo provisorio, pero eso nunca pasó. Durante todo el tiempo que estuve ahí la falta de higiene era impresionante y la alimentación tampoco era buena", recordó.
Según su testimonio, la situación solo mejoró durante un breve período, aunque no por decisión de la responsable del geriátrico. "A lo último los abuelos estuvieron un poco mejor porque el hermano de un compañero compraba cosas de su bolsillo. Ella prácticamente no llevaba mercadería", aseguró.
La alimentación fue uno de los aspectos que más la impactó.
"Los fines de semana les dábamos polenta con hamburguesa, si es que había hamburguesas. Si no, había que inventar cualquier cosa con verduras, con polenta o con fideos. Carne no había. Fruta tampoco". La rutina, afirma, se repetía casi todos los días.

"Vivían prácticamente a mate cocido con pan. Muchas veces ni siquiera había pan para desayunar. Si no había pan, directamente no desayunaban. Si sobraba algo del almuerzo, eso era lo que se les daba después. Tampoco podían repetir un plato".
Medicamentos, amenazas y el miedo a denunciar
La exempleada también describió serias falencias en la atención médica. "Era impresionante la cantidad de medicamentos que faltaban. No había control", sostuvo.
En ese contexto recordó especialmente la situación de Luis Arriola, uno de los residentes que luego denunció públicamente las condiciones en las que vivía. "Él reclamaba que le consiguieran las gotas para los ojos, que quería ir al oculista, que necesitaba ir al hospital. Y ella le respondió: 'Te vas a perder el otro ojo si seguís molestando'".
También mencionó el caso de Eduardo Rodas, quien, según explicó, era el único residente que conservaba un teléfono celular para comunicarse con su familia. "Supuestamente él contaba todo lo que pasaba dentro del hogar y eso a ella no le convenía. Después de que yo me fui lo trató muy mal. Gracias a Dios su familia logró sacarlo de ese lugar al poco tiempo".

Melina aseguró además que el temor también alcanzaba a quienes trabajaban en el establecimiento. "Ella siempre decía que tenía contactos. Cuando una persona renunciaba la escuché decir que se iba a encargar de que no consiguiera trabajo en ningún lado. También amenazaba con divulgar cuestiones personales de los empleados para perjudicarlos".
Según explicó, ese clima hizo que muchos demoraran en denunciar lo que ocurría.
Las denuncias sobre el manejo del dinero de los residentes
Al igual que otros exempleados, Melina sostuvo que presenció el manejo de documentación personal y recursos económicos de algunos adultos mayores. "Todo lo que se dijo sobre las tarjetas, las cuentas y los préstamos es verdad. Yo estuve ahí. Lo vi con mis propios ojos".
Incluso aseguró que intentó conservar pruebas. "Traté de sacar fotos y grabar videos, pero se me rompió el teléfono. Cuando pueda recuperarlo voy a presentar todo lo que tengo junto con la denuncia".
Otro aspecto que recordó fue la imagen que, según afirma, se buscaba mostrar hacia el exterior. "Siempre elegía a dos o tres abuelos para sacarles fotos. Mostraba a los que estaban mejor y a los demás los dejaba atrás, en el fondo, tirados como perros". Para la mujer, esas imágenes nunca reflejaron lo que ocurría puertas adentro.
"Esa persona no es lo que dice ni lo que muestra. Solamente enseña lo que le conviene. La realidad era completamente distinta". Asegura además que las amenazas continuaron incluso después de que varios empleados dejaran de trabajar allí.
"Todavía dice que nos preparemos para lo que tiene pensado hacer con quienes hablamos. Pero nosotros estamos diciendo la verdad."
"Podría haber sido mi mamá"
Melina reconoce que durante mucho tiempo tuvo miedo de denunciar. Sin embargo, asegura que decidió declarar porque sintió que ya no podía guardar silencio.
"Puede hacer lo que quiera. Yo voy a contar la verdad. Porque en ese lugar podría haber estado mi mamá, mi papá, mis hermanos o cualquier persona que uno quiere. Esa persona no está apta para cuidar adultos mayores".

Con su declaración ante el Ministerio Público de la Acusación, espera aportar nuevos elementos a la investigación judicial para que se determinen las responsabilidades correspondientes y, sobre todo, para que situaciones como las que describe no vuelvan a repetirse en establecimientos destinados al cuidado de personas mayores.







