La noche avanzaba sin sobresaltos en la Circunvalación Oeste de la ciudad de Santa Fe hasta que, a las 23, un resplandor anaranjado rompió la monotonía del tránsito escaso. A la altura de Cilsa, en sentido sur-norte, el fuego empezó a devorar sin pausa la estructura de un automóvil detenido sobre la banquina Este. No hubo gritos ni corridas. Solo llamas.
El aviso movilizó al personal de Bomberos Zapadores que al arribar a la zona de la bomba 02 se encontró con un cuadro ya declarado: combustión generalizada, con el vehículo prácticamente tomado en su totalidad. La escena, iluminada por el propio incendio, dejaba ver la silueta de un Mercedes Benz, modelo A200, propulsado a nafta, que ardía sin control, con su frente apuntando hacia el norte.
Fuego descontrolado
Bajo las órdenes del jefe a cargo, los efectivos desplegaron una línea de una pulgada desde la unidad concurrente y comenzaron las tareas de extinción. El ataque fue directo, preciso, en busca de sofocar un fuego que ya había ganado demasiado terreno.
El crujido de los materiales, el estallido ocasional de partes sometidas a altas temperaturas y el vapor generado por el agua al contacto con las superficies calientes marcaron el pulso de una intervención que se extendió durante varios minutos.
A un costado permanecía un móvil del Comando Radioeléctrico (C.R.E.), sin intervención más allá de asegurar la escena. No había propietarios, ni ocupantes, ni terceros que reclamaran por el vehículo. Solo un auto abandonado a su suerte y consumido por las llamas.
Cuando el fuego finalmente cedió, poco quedaba por hacer. Las afectaciones fueron totales. La carrocería, reducida a una estructura calcinada; el interior, irreconocible. Lo que alguna vez fue un vehículo de alta gama terminó convertido en un amasijo oscuro sobre la banquina.