La madrugada volvió a dejar una estela de vidrios rotos, locales violentados y comerciantes obligados a empezar el día haciendo cuentas para saber cuánto les costará reparar los daños. Al menos tres negocios fueron vandalizados durante las últimas horas en distintos puntos del centro de la ciudad de Santa Fe, en una sucesión de episodios que preocupa a quienes trabajan en la zona.
Tres negocios vandalizados durante la madrugada en Santa Fe
Una pizzería de 9 de Julio, la heladería Trevi y otro negocio de 4 de Enero fueron blanco de delincuentes durante las últimas horas. Los episodios presentan una modalidad similar: vidrios destrozados, ingresos rápidos y pequeños botines. Los comerciantes reclaman respuestas ante una seguidilla que parece no detenerse.

Los hechos se produjeron en un radio que abarca distintos sectores del microcentro. Uno de los comercios afectados está ubicado en 4 de Enero al 3300. Otro fue la heladería, situada en la esquina de 4 de Enero y bulevar. El tercer episodio tuvo como escenario una pizzería de 9 de Julio al 2600, donde el o los intrusos rompieron un vidrio para ingresar.
A estos casos se suma el ocurrido apenas un día antes en la cafetería, ubicada en 25 de Mayo al 3000, entre Gobernador Crespo y Suipacha. Allí también destrozaron un vidrio y se llevaron dinero de la caja registradora. El comercio ya había sufrido otros dos hechos durante el año pasado, según relató una empleada.

La reiteración de episodios en el corazón comercial de la ciudad instala una pregunta entre los propietarios: si se trata de ataques aislados o si existe detrás una misma modalidad delictiva que tiene como blanco los negocios que, una vez cerradas sus puertas, quedan expuestos durante las horas de la madrugada.
Ingreso por un hueco de apenas 20 centímetros
En la pizzería de 9 de Julio y Eva Perón, el llamado de la alarma despertó a Lucio, propietario del comercio. Eran horas de la madrugada cuando recibió la advertencia de que el sistema había registrado dos disparos de alarma.
"Automáticamente miro en las cámaras y veo que estaba la caja registradora abierta", relató.

El comerciante se dirigió entonces hasta el local. Al llegar encontró uno de los vidrios laterales completamente destrozado. La particularidad del episodio fue que el autor no necesitó provocar una abertura de grandes dimensiones. Según explicó Lucio, el hueco tendría entre 20 y 25 centímetros.
Por allí habría ingresado el delincuente. Y lo hizo, según estimó el comerciante, en cuestión de segundos. "Ingresa en 20 segundos", contó.
El objetivo fueron dos teléfonos celulares utilizados por el negocio para recibir y gestionar pedidos y una pequeña cantidad de dinero que había quedado en la caja. Después de anteriores episodios, explicó Lucio, habían adoptado la precaución de dejar solamente un mínimo de efectivo para poder comenzar la actividad al día siguiente.

Pero el perjuicio no termina en lo que se llevaron. El impacto utilizado para romper el vidrio fue de tal magnitud que también alcanzó otra superficie vidriada ubicada detrás de la primera, correspondiente a una mampara que separa los baños. El golpe atravesó incluso un vinilo colocado sobre esa estructura y terminó provocando nuevos daños.
"Lo más difícil ahora es reponer todo lo que se rompe", resumió el comerciante.
"Hay algo que está pasando"
Lucio aseguró que el local ya había sufrido un robo entre dos y tres meses atrás, en aquella oportunidad por una de las puertas que dan a calle 9 de Julio. Desde entonces reforzaron las medidas de seguridad: instalaron más sensores, sumaron cámaras y ampliaron el sistema de alarma.
Sin embargo, los últimos acontecimientos vuelven a poner en discusión la eficacia de esas medidas frente a ataques que se producen en pocos segundos.

El comerciante contó que en los días recientes también fueron afectados otros negocios de la zona. Mencionó el caso de la cafetería, otro comercio situado a una cuadra, y el de Franco Colella. A esos episodios se sumaron los ataques registrados durante la última madrugada en 4 de Enero, la heladería Trevi y su propio local.
"Hay algo que está pasando que no sabemos, o no están dando vuelta los policías, la verdad que no sabemos", planteó.
La preocupación tiene además un componente económico. Para pequeños y medianos comerciantes, cada vidrio roto, cada teléfono sustraído y cada reparación representa un costo que se suma a una actividad cotidiana ya cargada de obligaciones.
"Nosotros mantenemos los empleados, mantenemos un montón de cosas que se hace imposible", explicó Lucio.
Por ahora, el comerciante evalúa nuevas alternativas para reforzar la seguridad, aunque reconoce que algunas soluciones tienen también un costo estético. Colocar rejas, por ejemplo, aparece como una posibilidad que preferiría evitar.

"Es muy fea, queda muy fea la fachada, pero vamos a ver qué es lo que tenemos que seguir haciendo para mejorar la seguridad", señaló.
Mientras tanto, las imágenes de las cámaras y los registros de las alarmas podrían aportar elementos para reconstruir la secuencia y determinar si los distintos ataques responden a una misma modalidad.
Lo concreto es que, una vez más, la mañana encontró a comerciantes del centro santafesino frente a una escena que se repite: vidrios en el piso, puertas y ventanas dañadas, sistemas de seguridad activados y la incómoda certeza de que, durante la madrugada, alguien volvió a entrar.








