La disputa por el lugar de residencia de un niño de 10 años atraviesa desde 2024 los tribunales de Santa Fe y tiene como escenario de fondo una historia familiar que se desarrolló durante más de una década entre Argentina y Estados Unidos.
Un niño de 10 años y una disputa judicial por su regreso de Santa Fe a Estados Unidos
Nació en Houston y vivió allí hasta 2024, cuando su padre decidió permanecer en Santa Fe tras el rechazo de las visas familiares. La madre pidió su restitución bajo el Convenio de La Haya y obtuvo inicialmente una resolución favorable. La Cámara santafesina revocó ese fallo y rechazó el regreso, pero la Corte Suprema provincial hizo lugar al recurso de la progenitora. El padre sostiene que una eventual deportación de la madre dejaría al niño sin una red familiar en Estados Unidos.

El menor de edad nació en Houston, tiene ciudadanía estadounidense y pasó allí la mayor parte de su vida. Tras un viaje familiar a la Argentina y el rechazo de la renovación de las visas de residencia, quedó viviendo con su padre en Santa Fe, mientras su madre regresó a Estados Unidos.

La mujer promovió entonces una acción de restitución internacional bajo el Convenio de La Haya de 1980, con el argumento de que el niño había sido retenido en la Argentina y debía regresar a su lugar de residencia habitual.
El padre se opuso y planteó, entre otros argumentos, la existencia de un grave riesgo para el menor si era enviado nuevamente a Estados Unidos, debido a la situación migratoria de la madre.
La causa tuvo decisiones contrapuestas. El 4 de julio de 2025, la jueza Virginia Ingaramo, del fuero Civil y Comercial de Esperanza, hizo lugar a la restitución, rechazó la excepción de grave riesgo prevista en el artículo 13 inciso b del Convenio de La Haya y ordenó el regreso del niño a Houston.
La resolución aclaró que la restitución no implicaba resolver quién debía ejercer el cuidado personal, cuestión que debía discutirse ante los tribunales competentes del lugar de residencia habitual.
La defensa apeló y el 11 de septiembre de 2025 la Sala Segunda de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial de Santa Fe, integrada por Eduardo Sodero, Daniel Alonso y Javier Mirande, hizo lugar al recurso, revocó la sentencia de primera instancia y rechazó la demanda de restitución internacional.
La madre llevó entonces el planteo por la vía extraordinaria provincial.
El 12 de junio de 2026, la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe declaró procedente el recurso de inconstitucionalidad y dispuso la remisión de la causa a la magistrada de primera instancia, con una mayoría integrada por Jorge Baclini, Daniel Erbetta, Roberto Falistocco y Margarita Zabalza. Eduardo Spuler y Rafael Gutiérrez votaron en disidencia.
El padre interpuso el 30 de junio un recurso extraordinario federal para intentar llevar la discusión a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El 18 de agosto, el máximo tribunal santafesino denegó la concesión de ese recurso y la defensa recurrió en queja ante la Corte nacional, donde se encuentra radicado el expediente para su tratamiento.
Entre Argentina y Houston
La historia familiar comenzó en Argentina, donde los padres se conocieron y se casaron. Entre 2011 y 2013 se trasladaron a Estados Unidos y se radicaron en el área de Houston bajo una visa de inversor E-2. En 2016 nació allí su hijo menor, quien adquirió la ciudadanía estadounidense.
La pareja se separó definitivamente entre 2020 y 2021. Desde fines de 2023, según los antecedentes incorporados a la causa, el niño vivía junto a su padre en Houston, mientras su madre residía en otro domicilio con una hija menor.
El 15 de junio de 2024, el grupo familiar viajó a Argentina para realizar ante la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires los trámites vinculados con la renovación de las visas. El 17 de julio la solicitud fue rechazada.

A partir de entonces se produjo el quiebre que terminó en los tribunales. El padre decidió permanecer en Argentina con el niño y comenzó a residir en Santa Fe. La madre regresó a Estados Unidos y posteriormente reclamó judicialmente el regreso de su hijo.
Jorge Vaillard sostiene que la permanencia del niño en Argentina no respondió a la intención de apartarlo de su madre, sino a una preocupación concreta por lo que podría suceder con él si regresaba a Estados Unidos.
La situación migratoria
—Jorge, ¿cuál es el conflicto judicial?
—En 2012 nos fuimos a vivir a Estados Unidos con mi esposa en ese momento, mis dos hijos menores nacidos en Argentina y yo. En 2016 nace el más chiquito, que ahora tiene 10 años.

En 2024 decido venir a Argentina porque durante la pandemia yo renovaba la visa en Estados Unidos, pero me servía solamente para moverme dentro de ese país: no podía salir y volver a entrar. Me negaron la visa, entonces, lógicamente, yo siempre he estado de acuerdo con lo que dice la ley y me quedo en Argentina.
En ese momento estaba viviendo conmigo mi hijo más chico, porque yo me separé en Estados Unidos, y la mamá vivía con mi otra hija menor. Estaban viviendo acá en Santa Fe.
En agosto, a fines de agosto, la madre decide irse, cruza ilegalmente por México y se instala en Houston. En diciembre de 2024, sin que yo supiera nada, la mamá y una hermana de mi expareja llevan a mi hija a Ezeiza. Vino la madre, la buscó, cruzaron las dos ilegalmente por México y hoy están las dos en Estados Unidos.
A fines de 2024 y principios de 2025, la madre me inicia una demanda para que yo envíe a nuestro hijo a Estados Unidos.
Mi abogado me dijo que, como el chico es americano, cuando deporten a la mamá y a la hermana, él se va a quedar solo, porque no hay nadie más en Estados Unidos. Al quedarse solo, el gobierno lo toma y lo pone en un hogar hasta que aparezca una familia y lo adopte. Y él tiene que estar con esa familia hasta los 18 años.
—¿Hoy existe, según usted, un peligro real de deportación?
—Yo hice la denuncia allá. Y en caso de que la deporten, mi hijo no tiene con quién quedarse. Son ellas dos nada más.
Entonces, yo no estoy peleando la tenencia. Yo estoy luchando para no perderlo a él. Si la mamá viniera acá, como debería ser, y mi hijo quiere vivir con ella, yo no tengo ningún problema. Pero lo que no quiero es que lo tome una familia sustituta.
Expediente con fallos contrapuestos
—¿Qué ocurrió con las distintas decisiones judiciales?
—Empieza en primera instancia, una jueza de Esperanza falla en contra mío. Nosotros apelamos, la Cámara de Apelaciones por unanimidad da vuelta el fallo y falla a favor mío. Ellos apelan, van a la Corte Provincial, y la Corte Provincial por 3 a 2 vota también para que mi hijo se vaya.
Yo sinceramente pienso que nadie leyó el expediente. No solo por la gran cantidad de indocumentados que están sacando diariamente de Estados Unidos, sino por la situación que estamos viviendo.
—¿Qué argumentos se utilizaron para disponer el regreso?
—Mirá, el primer fallo empezó a tener muchos argumentos feministas, como los que se ven habitualmente en otros casos de acá de Argentina. Y lo revirtieron en la Cámara de Apelaciones realmente con argumentos sólidos, que son los argumentos que estoy dando yo. Y después la Corte vuelve a tomar los primeros argumentos de primera instancia y vuelven a darlo vuelta.
Pero bueno, yo sinceramente creo que no han leído el expediente.

La resolución de primera instancia había rechazado expresamente el planteo de grave riesgo formulado por el padre.
La jueza Ingaramo sostuvo que no se había acreditado una situación que permitiera aplicar la excepción prevista por el artículo 13 inciso b del Convenio de La Haya y ordenó una restitución bajo condiciones destinadas a garantizar el regreso seguro del niño. También estableció que esa decisión no resolvía la cuestión de fondo sobre el cuidado personal.
La Cámara, en cambio, revocó esa decisión y rechazó la restitución. La controversia llegó después a la Corte santafesina, que en junio de 2026 declaró procedente el recurso de inconstitucionalidad promovido contra el fallo de la Cámara. En agosto, ese mismo tribunal rechazó conceder el recurso extraordinario federal con el que la defensa pretendía acceder a la instancia nacional.
La posición del niño
Más allá de las posiciones de los adultos, Vaillard sostiene que existe una cuestión que atraviesa especialmente al niño: su vínculo con ambos padres.
—¿Qué dice su hijo? ¿Cuál es su posición?
—Mi hijo, que es con el que hablo, cuando yo le pregunto qué es lo que quiere hacer, me dice: “Mirá, papá, yo estoy acá y la extraño a mamá. Y si estoy en Estados Unidos te voy a extrañar a vos”.
Es el único que piensa inteligentemente, el chico. Porque si la Corte hubiese pensado lo mismo, la trae a la mamá y se terminó el problema para él.
El problema no es dónde vive la mamá o dónde vivo yo. El problema es tratar de solucionar el conflicto interno que tiene el chico.











