Candela Hernández, una joven mujer policía con apenas un año de servicio en la Brigada de Orden Urbano (BOU) de Rosario, protagonizó un procedimiento que hoy conmueve: mediante maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) logró salvarle la vida a un bebé que había nacido sin signos vitales, con el cordón umbilical enrollado en el cuello.
El hecho ocurrió durante el fin de semana, en una vivienda humilde de Pasaje Paraná al 1100, y fue la propia Candela quien reconstruyó paso a paso la secuencia en diálogo con El Litoral.
Una emergencia inesperada
“Yo estaba saliendo de la guardia”, recordó la uniformada. Había trabajado durante toda la noche del 23 y se preparaba para finalizar su turno cerca de las 7 de la mañana del 24, cuando desde la central 911 los comisionaron por una emergencia médica, sin mayores precisiones.
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Comenzó a funcionar el Boleto Educativo a través de la app Mi Santa Fe y la webAl arribar al domicilio, un hombre desesperado los esperaba en la puerta. “Nos dijo que su mujer había tenido un aborto, pero que el feto estaba vivo”, relató Candela. Sin perder tiempo, mientras su compañero pedía asistencia urgente, ella ingresó a la vivienda.
La escena era crítica. En el baño se encontraba la mujer, en estado de shock, con arcadas, sin poder explicar lo ocurrido. La criatura, recién nacida, estaba en brazos de la madre: “Estaba violeta, morada, no lloraba, no respiraba”, describió la policía.
La mujer, completamente desorientada, solo repetía una frase: “No respira, no respira”, mientras le entregaba el bebé a Candela.
El cordón en el cuello
Al tomar a la criatura, la joven agente advirtió el detalle clave: el cordón umbilical estaba enrollado alrededor del cuello del recién nacido, lo que había provocado asfixia. Sin dudar, comenzó a actuar.
“Mientras calmaba a la madre, acomodé el cordón, di vuelta al bebé y empecé con palmadas y maniobras de RCP”, contó. Fueron segundos eternos, hasta que finalmente llegó la reacción esperada: el llanto. “Ahí empezó a llorar. Ahí respiró”, recordó Candela, aún emocionada.
“No sabía que estaba embarazada”
Con el bebé ya estabilizado, la madre comenzó a tranquilizarse y pudo explicar lo ocurrido. La revelación sumó dramatismo a la historia: nunca supo que estaba embarazada.
Según relató, durante la noche había tenido fuertes dolores de estómago y ganas de ir al baño. A la mañana, al levantarse, dio a luz sin haber tenido controles, estudios ni seguimiento médico. La gestación estaba a término: nueve meses completos.
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La Legislatura reanuda la actividad y reserva la semana para discutir la Ley de MunicipiosMinutos después arribó personal del SIES, se procedió al corte del cordón umbilical y el recién nacido fue trasladado junto a su madre a la Maternidad Martín, donde quedó internado en observación.
Horas más tarde, Candela y su compañero regresaron al hospital para interiorizarse sobre el estado de salud. “Estaba re tranquilo, en perfectas condiciones”, señaló la policía, aliviada.
El nombre y el impacto emocional
En medio de la charla con la madre, surgió un detalle que terminó de sellar la historia. Candela le dijo que debía elegir un nombre y, al confirmar que era varón, surgió una opción espontánea: Elías, como su compañero de patrulla.
“La madre dijo ‘sí, Elías’, y así se va a llamar”, contó. Para Candela, que no es madre y que nunca había tenido un recién nacido en brazos, la experiencia fue transformadora. “Lo único que pensé fue en lo maravilloso del nacimiento de una criatura. Ella no vivió el embarazo, pero cuando lo tuvo en brazos ya se sintió mamá”, reflexionó.
Vocación y adrenalina
Con apenas un año de antigüedad en la fuerza, Candela cerró una jornada de 12 horas con una escena que difícilmente olvide. “Capaz que salís cansado de la guardia, pero después de vivir algo así te vas con una energía y una felicidad enorme”, concluyó.
Una intervención policial que excedió cualquier protocolo y dejó al descubierto el valor de la formación, la vocación y la reacción humana en el momento justo.