Quedó en prisión preventiva un hombre imputado por haber agredido y amenazado de muerte a su expareja, mientras la retenía en un rancho en la zona del Bañado, en la ciudad de Santa Fe.

El hombre utilizó como excusa la enfermedad que estaría cursando, le pidió que lo acompañara al médico y la encerró en la zona del Bañado. Quedó en prisión preventiva.

Quedó en prisión preventiva un hombre imputado por haber agredido y amenazado de muerte a su expareja, mientras la retenía en un rancho en la zona del Bañado, en la ciudad de Santa Fe.
Se trata de Ángel Ariel Sánchez, de 36 años, a quien el fiscal Eric Fernández atribuyó la autoría de los delitos de “lesiones leves dolosas calificadas por la relación de pareja y por violencia de género” y “amenazas calificadas”.
La cautelar de máxima fue dispuesta por el juez penal Sergio Carraro, tras una audiencia celebrada en los tribunales de la capital provincial que expuso la vulnerabilidad de la víctima ante un agresor que actuó de manera premeditada.

El fiscal fue taxativo al señalar que la libertad del imputado representaba un peligro inminente para la mujer atacada. "Los riesgos procesales estaban latentes y la preventiva era necesaria para resguardar a la mujer que resultó víctima", aseguró Fernández tras finalizar la audiencia.
Lo ocurrido el jueves 29 de enero tuvo como escenario la zona de ranchadas a orillas del río Salado. Durante la audiencia, la fiscalía reconstruyó los hechos. Según detalló Fernández, Sánchez se presentó ante su expareja solicitándole que lo acompañara al médico, alegando estar cursando una supuesta enfermedad.
Confiando en la aparente urgencia de salud, la mujer accedió y el hombre la buscó en su motocicleta por la vivienda de una amiga de ella. Sin embargo, lo que debía ser un trayecto hacia un centro asistencial se convirtió en una pesadilla.
El investigado tomó una dirección contraria a cualquier hospital, desviándose por la avenida de Circunvalación hasta bajar en la zona del Bañado, un sector donde posee una precaria ranchada para la pesca.
A pesar de que la víctima advirtió la extraña maniobra y manifestó su sospecha, Sánchez la tranquilizó bajo la excusa de que "tenía que buscar algo" antes de seguir viaje. Una vez en el lugar, la trampa se cerró: el hombre entró primero a la vivienda y luego llamó a la mujer pidiendo ayuda, simulando que se había caído.

Al ingresar para socorrerlo, la víctima fue recibida con violencia. Él la tomó del cuello y la amedrentó con un cuchillo, pasando rápidamente de las palabras a la agresión física. Según consta en el legajo judicial, mientras la golpeaba, el sujeto le lanzaba amenazas de muerte explícitas, asegurando que primero la mataría a ella y luego se suicidaría.
La tragedia no se consumó gracias a un descuido del agresor y a la rapidez de la red de contención de la víctima. En un momento de distracción de Sánchez, la mujer logró enviar un mensaje de texto a una amiga pidiendo ayuda.
Fue esta persona quien, sin dudarlo, se comunicó con la Central de Emergencias 911, permitiendo que los agentes policiales localizaran la ranchada en el Bañado, auxiliaran a la mujer y aprehendieran al atacante en flagrancia.
Ante la contundencia de las evidencias y el relato de la víctima, el fiscal Fernández le atribuyó a Sánchez la autoría de los delitos de “lesiones leves dolosas calificadas” y “amenazas calificadas”.

En la audiencia de medidas cautelares, el juez Carraro entendió que las medidas alternativas a la prisión eran insuficientes para garantizar que el imputado no intentara finalizar su plan criminal o amedrentar a los testigos, por lo que decidió imponerle la prisión preventiva.