El corte de luz fue la señal. A las 22.30 del lunes, en medio de un camino oscuro y casi sin tránsito (frente al country Los Molinos) el refugio de la Protectora de Animales de Santa Fe quedó a merced de la noche… y de cuatro delincuentes que ya sabían a qué iban.
Violento robo en el refugio de la Protectora de Animales de Santa Fe
Cuatro delincuentes amenazaron a los serenos, también con matar a los perros y escaparon con bolsas de alimentos. La institución atraviesa grave crisis económica. Denuncian falta de apoyo del municipio.

Lo que siguió fue un asalto tan directo como inquietante: armas, amenazas, perros que intentaron defender su territorio y un botín tan insólito como revelador —bolsas de alimento balanceado.
Golpe en la oscuridad
“Se corta la luz y los serenos se reparten para ver qué pasaba”, relató Lorena Arber, presidenta de la institución, en diálogo con El Litoral. La inquietud de los animales —ladridos persistentes desde el sector de ingreso— anticipaba que algo no estaba bien.
Uno de los cuidadores avanzó hacia la entrada. No llegó a hacer demasiado: se topó con dos hombres encapuchados y armados que ya estaban dentro del predio. Lo redujeron de inmediato y le ordenaron que no se moviera.
"Sacame la perra o la mato"
La escena se volvió aún más tensa en cuestión de segundos. Pirincho, uno de los perros del refugio, reaccionó ante la intrusión y recibió un golpe. Al mismo tiempo, otra perra, Bruja, se prendió de la ropa de uno de los atacantes desde atrás. Pucho, el tercer perro, también salió en defensa del lugar.

Fue entonces cuando llegó el segundo sereno, que había estado recorriendo la parte trasera. Alcanzó a ver a su hermano encañonado y a los delincuentes forcejeando con el animal.
La amenaza fue concreta: “Sacame la perra o la mato”. Sin margen de reacción y frente a armas de fuego, los cuidadores no tuvieron otra opción que ceder.
Directo al alimento
El objetivo estaba claro. Los ladrones fueron directamente al sector donde el refugio deja preparado el alimento para la jornada siguiente. Si bien el depósito principal permanece cerrado, es habitual que haya bolsas disponibles en el exterior para agilizar la tarea diaria.
Allí cargaron todo lo que pudieron. Ocho bolsas, al menos. Intentaron llevar más, pero finalmente desistieron. Cuando abandonaron el lugar, un vehículo los esperaba en las inmediaciones. Según reconstruyeron, habría al menos otras dos personas involucradas.

Pero el dato que más inquieta no está en la fuga, sino en la planificación. “Sabían dónde estaban las térmicas para cortar la luz”, advirtió Arber. También conocían la dinámica del refugio y la ubicación del alimento. Para quienes sostienen el trabajo cotidiano en el predio, la conclusión es casi inevitable: no fue un golpe al azar.
Robos hubo antes. Pero nunca así. "Se nos han metido otras veces, pero jamás armados”, explicó la titular de la Protectora. Ese cambio en el nivel de violencia es lo que transforma el episodio en un hecho especialmente grave. Pese a la tensión, no hubo personas heridas. Tampoco los animales sufrieron lesiones de consideración, más allá del golpe a Pirincho.
Una institución al límite
El impacto del hecho excede lo policial. Las bolsas robadas son alimento esencial para decenas de animales. Pero el problema de fondo es aún más profundo.
La institución atraviesa una crisis económica severa. Según detalló Arber, el refugio funciona prácticamente como un hospital veterinario informal, absorbiendo casos que no encuentran respuesta en otros ámbitos.
“Estamos endeudados con clínicas, atendiendo animales que la gente no puede costear”, explicó. Los gastos se multiplican: internaciones, análisis, medicamentos.
Sin respaldo estatal
El panorama se agrava por la falta de apoyo oficial. Desde la Protectora aseguran que no reciben asistencia del Estado, pese a los reiterados pedidos.
"Ya se le planteó al municipio, se le pidió ayuda, pero nunca nos dieron nada. Nos dijeron que iban a ver que se podía hacer, pero hasta ahora no tenemos ayuda. Había prometido hacer un Imusa más en el refugio, no lo hizo. Entonces está claro que que muestran un desinterés total por por la problemática de los animales.", dijo Arber.
"Por parte de la municipalidad ni siquiera tenemos un veterinario que pueda ayudarnos a atender a la gente que va al refugio. La veterinaria que va es una que la pagamos nosotros", continuó.

"Compramos los medicamentos nosotros, la gente va con sus animales enfermos, le hacemos el análisis de sangre, pagamos el análisis nosotros que nos sale 25.000 pesos Le damos la medicación a la gente que en muchos casos es cara y todo eso sale de los recursos de la institución".
Cero ayuda del del Estado. Cero ayuda y así lo digo. Quisiéramos poner alarma, levantar, tapiar, cerrar, poner tejido, poner, no sé, un bollero, hacer algo y no tenemos la plata para hacerlo. Mejorar las luces, poner luces afuera, no tenemos un peso y lo digo así porque es la realidad, no tenemos un peso para hacer nada", sentenció.
Alerta a los vecinos
Con la denuncia en preparación, desde la institución pidieron colaboración a la comunidad. Si aparecen ofertas de alimento balanceado a precios sospechosamente bajos en la zona, podría tratarse de lo robado.
En un contexto donde cada bolsa cuenta, el golpe no solo expone un hecho delictivo: también deja al descubierto la fragilidad con la que una organización clave sigue intentando sostenerse.








