Cada 14 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Endometriosis, una fecha que busca generar conciencia sobre una enfermedad ginecológica frecuente pero muchas veces subdiagnosticada.

La endometriosis afecta entre el 10% y el 15% de las mujeres en edad reproductiva. Especialistas destacan que el diagnóstico temprano y los tratamientos adecuados permiten mejorar la calidad de vida y preservar la fertilidad.

Cada 14 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Endometriosis, una fecha que busca generar conciencia sobre una enfermedad ginecológica frecuente pero muchas veces subdiagnosticada.
Se estima que entre el 10% y el 15% de las mujeres en edad reproductiva conviven con esta patología, que puede provocar dolor pélvico crónico, menstruaciones muy dolorosas y dificultades para lograr un embarazo.
La Endometriosis se produce cuando tejido similar al endometrio —la capa que recubre el interior del útero— crece fuera de la cavidad uterina.
Estas células pueden implantarse en los ovarios, las trompas de Falopio u otros órganos de la pelvis, generando inflamación persistente y adherencias que afectan el funcionamiento del sistema reproductivo.

Uno de los aspectos que más preocupa a las pacientes diagnosticadas con endometriosis es su posible impacto en la fertilidad. Sin embargo, los especialistas subrayan que el diagnóstico no significa necesariamente que una mujer no pueda quedar embarazada.
De acuerdo con investigaciones recientes, entre el 30% y el 50% de las mujeres con endometriosis presentan alguna dificultad para lograr un embarazo de forma natural. Aun así, los datos también muestran que entre el 50% y el 70% logra un embarazo espontáneo, sin necesidad de tratamientos complejos.
Los expertos explican que la enfermedad puede afectar la fertilidad por distintos mecanismos: puede alterar la ovulación, dificultar el transporte del óvulo por las trompas de Falopio o interferir en el proceso de implantación del embrión.
Además, factores como la edad, el grado de avance de la enfermedad o la presencia de lesiones en los ovarios influyen en las posibilidades de concebir. Cuando el embarazo no se logra de manera natural, existen alternativas terapéuticas como la inseminación artificial o la fecundación in vitro que ofrecen buenas tasas de éxito.
“Si bien no todas las mujeres con esta patología presentan infertilidad, la evidencia demuestra que el diagnóstico tardío y la progresión de la enfermedad pueden comprometer la reserva ovárica y la función reproductiva”, explicó la ginecóloga Florencia Gauthier.
Según la especialista, detectar la enfermedad en etapas tempranas permite iniciar tratamientos que controlen su avance, evitar daños en los órganos pélvicos y planificar estrategias reproductivas adecuadas para cada etapa de la vida.

Durante muchos años, la confirmación de la endometriosis dependía casi exclusivamente de una cirugía llamada laparoscopía. Sin embargo, la evidencia científica más reciente impulsa un cambio en el enfoque diagnóstico.
Actualmente, las guías clínicas internacionales recomiendan un modelo más temprano, clínico y menos invasivo, basado en una evaluación integral de la paciente.
Este enfoque incluye:
Historia clínica detallada
Evaluación de los síntomas
Examen ginecológico
Estudios por imágenes, especialmente ecografía transvaginal con protocolos específicos
En algunos casos también se utiliza la resonancia magnética para detectar lesiones profundas o evaluar la extensión de la enfermedad.
De acuerdo con revisiones científicas recientes, la endometriosis puede asociarse con tasas de infertilidad que van del 20% al 68%, lo que refuerza la necesidad de un diagnóstico precoz y un manejo integral.
La laparoscopía, que antes se utilizaba como método principal para confirmar la enfermedad, ahora se reserva para situaciones particulares, como síntomas persistentes, falta de respuesta al tratamiento o sospecha de compromiso severo de órganos pélvicos.
Este cambio de paradigma busca reducir intervenciones innecesarias y acortar los tiempos de diagnóstico, un aspecto clave en una enfermedad que muchas veces tarda años en identificarse.
“El diagnóstico de la endometriosis ha evolucionado hacia un modelo más temprano, menos invasivo y centrado en la paciente”, señaló Gauthier. “Durante mucho tiempo se normalizó el dolor menstrual y se creyó que la enfermedad solo podía confirmarse mediante cirugía, lo que generó retrasos importantes en su detección”.
El tratamiento de la endometriosis se enfoca principalmente en controlar el dolor, frenar el crecimiento del tejido endometrial fuera del útero y preservar la fertilidad.
Entre las terapias más utilizadas se encuentran los progestágenos, medicamentos que reducen el efecto de los estrógenos y limitan el crecimiento de las lesiones endometriósicas.
Estos tratamientos ayudan a disminuir la inflamación y el dolor pélvico característico de la enfermedad, lo que puede mejorar significativamente la calidad de vida de las pacientes.
Existen opciones terapéuticas orales de primera línea que cuentan con respaldo científico y han demostrado eficacia en el control del dolor, además de presentar un perfil de seguridad favorable.
El abordaje médico suele ser personalizado, teniendo en cuenta la edad de la paciente, la intensidad de los síntomas y su deseo reproductivo.
En el marco del Día Mundial de la Endometriosis, diversas organizaciones y especialistas impulsan campañas de información para visibilizar la enfermedad y promover el diagnóstico temprano.
Una de las iniciativas busca transmitir un mensaje central: el dolor menstrual intenso que interfiere con las actividades cotidianas no debe considerarse normal.
La campaña de concientización, impulsada por el laboratorio Gador, cuenta con el respaldo de la Sociedad Argentina de Endometriosis, entidad que trabaja para mejorar la calidad de vida de las mujeres afectadas por esta patología.
“Desde la Sociedad Argentina de Endometriosis acompañamos todas las iniciativas que buscan aumentar la visibilidad de esta enfermedad”, destacó su presidente, el médico Matías Jofré.
El especialista remarcó que la endometriosis no solo impacta en la salud física de las pacientes, sino también en su vida social, laboral y emocional.
Por eso, los expertos coinciden en que consultar de manera temprana ante síntomas persistentes es fundamental. Un diagnóstico oportuno permite iniciar tratamientos adecuados, mejorar la calidad de vida y preservar la fertilidad, aspectos clave para millones de mujeres en todo el mundo.