Diego Colotto dijo durante la semana que para lograr el primer puesto hay que sacar entre el 60 y 65 por ciento de los puntos. Con ese cálculo, el primero debería llegar a 65. A Colón le faltarían 20 y quedan 24 en juego. Matemáticamente posible, en la práctica es una utopía. Mucho más con este Colón que no termina de consolidarse como equipo.
Colón, las proyecciones de Colotto y la fuerte pero real crítica de Delfino
Un equipo irregular en un mismo partido, que reacciona cuando está en desventaja y no termina de consolidar un estilo de juego. Ese es el Colón de los últimos dos partidos. ¿Hay que despedirse del primer puesto?


Delfino fue contundente, más allá de su visible enojo y disconformismo. Fue visceral y auténtico, no le dio muchas vueltas al asunto. Dejó en claro que Colón se hizo los goles solo contra Morón (es verdad), que el equipo tiene que poner la pelota contra el piso (también es verdad) y que le falta “amor propio” (no quiso emplear la palabra coraje aunque la mencionó) para plasmar en la cancha lo que se planifica y entrena en la semana.
En este marco de una categoría compleja, con arbitrajes que dejan que desear, con equipos que juegan “a la segunda pelota”, con canchas desparejas en cuanto a su nivel de piso y medidas, Colón no logra regularidad y comete errores impropios de un equipo que pretende ser protagonista. Sin ir más lejos, regaló un tiempo con Racing, en Córdoba, y le costó el partido; regaló dos goles (y un tiempo) con Deportivo Morón y también le costó el partido. Las reacciones no dieron resultado, por más que en este último partido haya acumulado méritos para empatarlo.
Es cierto que hubo un penal en el área de Morón (brazo extendido de un defensor saltando con Bonansea y con Salvá), pero también es verdad que en el gol de Colón hubo una posición muy dudosa de Franco García antes de que habilite a Bonansea (autor del tanto) y que Delbarba podría haber sido más riguroso con un foul violento de Lértora en perjuicio de Fagundez, el buen enganche de Morón.
Más que por eso, hay que lamentarse por las otras cosas que le suceden a Colón. Por el nivel de juego que no crece, por jugadores que no pasan por un buen momento o no levantan (caso Ignacio Antonio, por ejemplo) y esos errores que se cometen y que le cuestan goles. Porque a los que le convirtió Morón, hay que sumar la forma casi grotesca en la que Chavarría avanzó 50 o 60 metros con pelota dominada y superando adversarios que no atinaban a frenarlo con un foul táctico, en la maniobra que desembocó en el penal que Racing capitalizó para ganar el partido de la semana pasada.
Problemas en el juego de Colón
La llegada de Delfino fue un “despertador” para que se ganen tres partidos seguidos (el más claro de todos, en el trámite, fue el de San Telmo), pero no para que el equipo muestre una imagen clara desde lo colectivo. Colón exagera en los pelotazos largos desde el fondo (muy común y usual en esta categoría), generalmente a divididr o a buscar el error del rival. Por eso se enoja Delfino y pide que se ponga la pelota contra el piso (o sea, que se juegue más al fútbol) y que haya más convicción para desarrollar lo que se practica en la semana, que indudablemente no debe ser nada de lo que luego se ve en los partidos, al menos en los últimos dos primeros tiempos.

Siempre con los números, cálculos y proyecciones de Colotto, la ilusión de llegar al primer lugar para disputar la primera de las chances de ascenso parece ya una utopía. La inclusión dentro de los ocho parece también algo firme, porque le ha sacado 10 puntos al que pretende ingresar y quedan 24 en juego. Un milagro lo llevaría a pelear el primer puesto y una desgracia que se quede afuera del Reducido.
El objetivo principal sería, en primera instancia, mantenerse en ese tercer lugar o tratar de escalar algún puesto más (Ferro le sacó 7 de ventaja); y en segundo lugar (directa incidencia con lo primero), tratar de encontrar un nivel de juego superior, de más regularidad – incluso dentro del mismo partido – para sacarle jugo a la potencialidad que tiene el plantel y que prácticamente no apareció en la medida de lo esperado en todo el torneo.
Cuando Delfino habla de poner la pelota contra el piso y de tener más convicción para mostrar lo que se trabaja en la semana, se refiere a que, por lo menos, aparezca el equipo del segundo tiempo ante Morón. Con defectos, repetido en centros, pero con más temple e ideas que el del primero.









