“A veces hay que jugar más con el corazón que con la cabeza”, fue una de las frases de un tajante y autocrítico Iván Delfino, después del pobrísimo partido que jugó Colón en Floresta. En realidad y al menos en esta apreciación, Delfino terminó siendo hasta “generoso” con el equipo: Colón no jugó ni con la cabeza, ni con el corazón ni con los pies. Fue un capítulo más de esta irregularidad que muestra el equipo, al que le cuesta muchísimo hacer pie en condición de visitante, incluso en aquellos partidos con resultado positivo, como fue el de la última victoria, ante San Miguel.
Colón, los reclamos del DT y el “freno de mano” que lo ata en cancha ajena
Iván Delfino no anda con vueltas a la hora de declarar y sabe que, jugando como lo hizo en Floresta, estará mucho más cerca de perder que de traerse un punto “de regalo” como el del sábado.

¿Qué ocurrió con el equipo entre ese primer tiempo avasallante del domingo de la semana pasada, ante Los Andes, con esto tan flojo que mostró en cancha de All Boys? Independientemente de ausencias notorias (sobre todo la de Lago, pero también se puede sumar la de Toledo), Colón jugó todo el partido con “el freno de mano”. No fue un equipo valiente para jugar al fútbol. Y no se le reprocha lo temperamental, cuando se habla de valentía, aunque la actitud asumida durante los 90 minutos fue también muy escasa, improductiva e insuficiente. Se le reprocha la falta de personalidad de algunos futbolistas para hacerse notar en el partido. Pasaron desapercibidos. Y no fueron pocos. Marcioni, Sarmiento, Risso Patrón, Muñoz, por nombrar algunos. Y a ellos se le pueden sumar también algunos de los que ingresaron en el segundo tiempo, donde el rendimiento siguió siendo el mismo.
El partido con Los Andes le había mostrado cosas, a Delfino, que el entrenador no pudo confirmar seis días más tarde. Marcioni jugó un partido bárbaro en Santa Fe, pero no aportó nada en Floresta. Risso Patrón entró bien en el segundo tiempo contra Los Andes, pero terminó siendo un jugador intrascendente en el tiempo que jugó en Floresta. Y a Sarmiento se le sigue esperando que tenga la continuidad y la gravitación suficiente en el equipo.
¡Cómo habrá sido lo poco, inconsistente e impreciso que aportó Sarmiento en el tiempo que jugó en Floresta, que Delfino no dudó en sacarlo en el entretiempo cuando el propio técnico ya sabía que al equipo le faltaba fútbol! Mantuvo un doble cinco de bajo nivel, con un Muñoz que se hizo notar muy poco. Y apostó a un juego más directo, poniendo dos jugadores por afuera (Marcioni de vuelta en la posición de carrilero por derecha y Conrado Ibarra haciendo lo mismo por izquierda), para que le tiren centros a Garate y a Bonansea. Ni así, Colón pudo crear una sola jugada de peligro. “No pateamos un solo tiro al arco”, dijo Delfino. Fue lo que vimos todos. Colón convirtió a Carrizo, el arquero de All Boys, en un espectador de lujo.
Sólo Delfino y Lértora hablaron luego del partido. Y el mensaje fue el mismo por parte de los dos: “Jugando así, no nos va a alcanzar”. Pero lo que más sorprende es que el equipo tenga tanta irregularidad. De local, ha sumado casi el 70 por ciento de los puntos; de visitante, no llega al 40. Pero esa irregularidad lo convierte en un equipo fluctuante, que no se puede estabilizar en un rendimiento parejo que le permita ser más confiable. Entonces, la expectativa que despierta va desde un tono altamente optimista como el que hubo al final del primer tiempo contra Los Andes, al pesimismo de una actuación opaca contra All Boys.

Es bueno también que Delfino no haya echado mano a una explicación con tono de pretexto pero no por ello con absoluta veracidad: la cantidad de cambios que debió realizar de partido a partido. Hizo cinco contra Godoy Cruz, otros tantos con Los Andes y lo mismo con All Boys. Hay jugadores que llegaron al límite de amonestaciones o que se lesionaron. Y hasta debió afrontar el partido con Los Andes con una defensa totalmente improvisada y con jugadores que hacía mucho tiempo que no salían a la cancha como titulares, como ocurrió con Zahir Ibarra o con Beltrán, ante Los Andes. O en este partido, con Tomás Giménez o con Risso Patrón.
Colón necesita regularidad, soltura y mejorar en ciertos aspectos del juego. No lo logra y el tiempo se le acaba. La clasificación al Reducido está casi asegurada, pues solamente una catástrofe lo dejaría afuera de la lucha por el segundo ascenso, pero en la búsqueda de volver a ocupar el tercer o cuarto puesto, va perdiendo terreno y eso sí se le puede complicar, lo cual le traería aparejada la renuncia a una ventaja deportiva que puede ser muy importante en el torneo final.
Delfino es el primero en darse cuenta del cuadro de situación y por eso no anda con vueltas a la hora de las declaraciones. Hombre de pocas palabras, pero contundente, el entrenador sabalero no titubea: “Jugando como hoy, no nos va a alcanzar”, dijo. Y reclama otra respuesta a sus jugadores, más personalidad y protagonismo para no dejarse llevar por delante por un equipo, como All Boys, que en al apremio de jugar para salvarse del descenso, lo hace de mejor manera y casi le gana. “Hubo un equipo que jugó para ganar y otro que jugó para perder”, dijo Delfino. El que jugó para ganar, claramente, fue All Boys. El que jugó para perder, fue Colón. Y estas frases del técnico, con total seguridad, habrán resonado con más dureza en el vestuario visitante de la cancha del barrio de Floresta.









