No era un partido más. Y no solo eso, era un partido de Colón contra Colón mismo. Por las dos derrotas consecutivas, por las dudas que se fueron dando en la semana en cuanto a la formación, por las ausencias, por el rival, por todo lo que se había “perdido” (por empezar, el tercer puesto y la escapada de Deportivo Morón después de la derrota en Santa Fe) y por la necesidad de recuperar la confianza, otra de las cuestiones en las que el equipo se veía “flaquear”.
A Colón lo agarraron de “puching ball”
El arranque del partido fue un espejismo. Le anularon mal un gol, es cierto, pero el desorden y la fragilidad del segundo tiempo fue alarmante. Y como si todo esto fuera poco, lo echaron a Thaller, como para aumentar la imagen desteñida. Así no Colón. Esto va de mal en peor. Y en el próximo partido no podrá contar con Peinipil y Lértora, que llegaron al límite. Preocupante.

Es cierto que no es fácil el torneo, que es complejo y que hay que estar preparado para todo, inclusive para superar los malos momentos. Pero Colón llegó a este partido rodeado de sensaciones que no eran de las mejores y apabullado por el descreimiento del hincha, que en cada paso en falso y en cada derrota ve que se desmorona todo, cuando, en realidad, no es así. Pero es lo que se siente y eso también cuenta.
Era un partido para reanimarse y encarar de otra manera este sprint final o para seguir trabajando sobre esas mismas dudas y sensaciones negativas que son las que dejan las derrotas. Pero, además, era un partido para entender que no se pueden regalar dos primeros tiempos como ocurrió con Racing de Córdoba y con Deportivo Morón, porque después se hace todo muy cuesta arriba.
Godoy Cruz, más allá de un presente inmediato distinto, estaba más o menos en la misma situación. ¿Qué variaba?, que no venía de dos derrotas consecutivas y eso lo dejaba en una posición más ventajosa, al menos en las especulaciones previas. Pero esta clase de instituciones, tan acostumbradas a otra cosa, como Colón (campeón hace cinco años en el fútbol argentino) y Godoy Cruz (protagonista copero y con muy buenas campañas en los torneos vernáculos), están frente a una exigencia que es superior a la de la gran mayoría de los 36 equipos que juegan en esta categoría: el rápido retorno a Primera. En definitiva, en esta Mendoza algo soleada (afortunadamente) pero muy fría y con la nieve apareciendo en cada una de las cúpulas montañosas, se medían dos equipos cuya historia está mucho más emparentada con la “A” que con la “B”, categoría de la que quieren escapar lo más rápido posible.

Si algo bueno hizo Colón en ese primer tiempo que terminó en desventaja, fue tener orden y capacidad para presionar sobre la salida del rival. El objetivo de tenerlo lejos de Budiño, al rival, se consiguió. Pero no hubo profundidad. Muy poco de Sarmiento (casi nada), muy poco de Franco García y Garate demasiado comprometido a bajar unos metros para jugar de pivote y aguantar de espaldas la marca de los defensores rivales, además de poca confianza para tratar de terminar con peligro alguna que otra oportunidad.
En las áreas fue donde sacó ventaja Godoy Cruz. Para colmo, el asistente 1 le cobró tres posiciones adelantadas a Toledo de las cuáles una terminó en gol y fue la más dudosa de todas, después de una excelente jugada en la que Garate le puso la pelota al claro y Toledo definió muy bien, pero con el banderín levantado para anularle el gol. Con VAR esa jugada debía ser convalidada. Le falló el golpe de vista a Errante, el asistente.
Para colmo de males, un par de minutos después llegó el gol de Godoy Cruz. Centro-shot desde la izquierda y Budiño, como en el partido ante Deportivo Morón, no retiene la pelota y la deja a merced de la entrada de Poggi, que con el arco a disposición no perdonó. El 1 a 0 fue un duro castigo para Colón, es cierto, porque si bien Godoy Cruz fue más peligroso cuando atacó, el trámite era para que ninguna sacase ventajas.
La ventaja táctica que sacó el local, fue por el costado izquierdo. Olmedo amonestado y Sarmiento, volcado como volante-extremo por ese sector, no entendieron de qué forma controlar la subida constante de Gerometta, que se juntó bien con Poggi y lograron un desequilibrio que se convertía en el aspecto principal a subsanar para el segundo tiempo, para colmo con el marcador en desventaja.
Llamativamente, salió Toledo en el entretiempo e ingresó Marcioni. Pasó Franco García a jugar por izquierda (para tenerlo más a raya a Gerometta), Marcioni fue por derecha y quedó suelto Sarmiento, cumpliendo la función de un Toledo que había jugado bien el primer tiempo pero Delfino lo sacó, más allá de que era uno de los amonestados.

Sobre el cuarto de hora, en el peor momento de Colón, cuando el equipo era pura confusión, Delfino puso a Risso Patrón por un flojísimo Olmedo (que además estaba amonestado) y también a Bonansea por un Antonio intrascendente. Mucha gente del medio hacia arriba, pero sin fútbol ni peligrosidad. Colón estaba en partido solamente porque perdía por un solo gol, pero no porque pudiera encontrar los espacios y la manera de llegar al arco de un Strumia que tenía una tranquilidad total.
Recién a los 25 minutos del segundo tiempo llegó la primera jugada de peligro de Colón. La empezó Bonansea con un taco, la siguió Conrado Ibarra (que entró por Sarmiento y en una posición no habitual para el pibe sabalero, como enganche) y el centro al primer palo fue a la cabeza de Garate, que estuvo cerca. Poco. Muy poco para rescatar.
Todo se acabó cuando a los 37 llegó el segundo del Tomba. Tiro libre en un costado, centro y la aparición de Brunett, uno de los grandotes que tiene Godoy Cruz, para colocar bien el cuerpo sobre la marca de Rasmussen. 2 a 0 y asunto terminado, en un segundo tiempo pésimo y para el olvido por parte de un equipo desorientado adentro (con los jugadores) y afuera (con el entrenador).









