Alan Bonansea, Facundo Castro y Lucas Cano, fueron los delanteros en los cuáles se confió en esta temporada. A mitad de año, llegó Leandro Garate. De los 32 goles que tiene Colón, apenas 7 de ellos fueron convertidos por los delanteros. Seis convirtió Bonansea y uno Garate. Castro, que venía de la temporada anterior, se fue sin convertir en este torneo y Cano también pasó sin pena ni gloria, dejando una imagen muy floja y abriéndose solito la puerta para irse a All Boys. El verdadero “9” de Colón, es Lago. Que marcó 11 goles (algunos de ellos de penal), pero que no juega de “9”. En todo caso, Lago es un segundo punta. Un jugador que aporta en otros aspectos del juego y es el mejor jugador que tiene Colón. Y que además, se ha cargado también la responsabilidad de la conversión de goles. Pero no alcanza. Como tampoco se le puede exigir demasiado al pibe Buosi, a quien tanto Medrán como Delfino le están dando chances, seguramente le verán condiciones pero no es bueno que se dependa de un jugador que recién está asomando al fútbol profesional y que lo hace en un club urgido de un logro.
Colón y el gol: los “9” hacen poco y el goleador no es “9”
Lago tiene 11 goles, pero no es centrodelantero y es el goleador del equipo. Bonansea marcó 6 y Garate uno solo, aunque en este caso, recién llegó para esta segunda rueda. Cano y Castro se fueron sin convertir y al pibe Buosi no hay que cargarlo todavía de responsabilidad.

El “9” vive del gol. Y los equipos que están obligados al protagonismo, necesitan imperiosamente que haya alguien que la meta. Colón salió campeón sin tener un “9” de área, porque el goleador fue el Pulga Rodríguez (hizo 8 en un torneo corto), pero sin jugar de centrodelantero. Los goles se repartieron entre el Pulga, Bernardi, Alexis Castro, Morelo, Aliendro y varios más. Eso es bueno, como también es imprescindible que el “9” convierta.

Si comparamos épocas (algo que puede convertirse en un error), los dos ascensos anteriores de Colón tuvieron “9” de nivel. En el 95, estaban el Pampa Gambier y el Tuca Risso; en el 2014, la delantera de Colón fue Pavón-Alario. Los tiempos cambian, las posibilidades también y el fútbol es muy amplio y no tan lineal. Pero sirve como referencia.
La impresión que se tiene, luego de dos mercados de pases en los que no participó Delfino y la responsabilidad pasó por Medrán y Colotto, es que al equipo le está faltando que alguno de los “9” se despierte y empiece a marcar con mayor frecuencia. Y también se advierte la ausencia de un jugador que aporte calidad y claridad en la mitad de la cancha. Un “10” que se convierta en conductor futbolístico, algo que no se advierte en Colón hasta el momento y que fue lo que se señaló cuando surgió aquella efímera posiblidad de que se vaya Allende (a Gimnasia de Mendoza) y que se abra un cupo para que pueda llegar un volante ofensivo (se había mencionado la posibilidad de Tomás González, de Estudiantes de Río Cuarto).

Falta de un conductor en el medio
Colón debió cambiar casi por completo el plantel que el año pasado puso en riesgo la estabilidad en la categoría. Era una necesidad. Llegaron 16 en el mercado de verano y tres más en el de invierno. Todo esto sin ventas, con algunos jugadores que se alejaron y deudas de otros clubes que no se pagan (como la de Platense). Es muy posible de que se hayan apuntado a otros jugadores (Eggel y Jonathan Herrera, por ejemplo, fueron alternativas). Vinieron Franco García y Garate, que aceptaron los ofrecimientos y estuvieron a la altura de lo que el club podía. Más Risso Patrón, en un puesto (el de lateral por izquierda), en el que hay un exceso de población. Todos seguramente coincidan en que se podría haber traído algo más y así mejorar el potencial. Es lo que se pudo.
Delfino dijo que se encontró con un “buen equipo” y que es necesario que tenga orden, que se forme un buen grupo humano y que la gente tenga paciencia. Lo otro depende de él y se puede conseguir, más allá de estas carencias que él mismo se encargó de hacer notar, cuando surgió la posibilidad de traer un jugador con el mercado cerrado y ante la posibilidad de que se vaya Allende. La paciencia que le pide a la gente, dependerá de que el equipo juegue mejor y que mantenga la línea de los buenos resultados que consiguió en estos dos primeros partidos que dirigió.









