Lesiones, suspensiones, rendimientos individuales bajos de los “sanos” y, como si esto fuera poco, tres derrotas consecutivas y el descenso del tercero al sexto lugar. Colón, o mejor dicho Delfino, está frente a un cuadro complejo en el objetivo de mejorar un equipo que se cae ante cualquier adversidad, entre errores o defectos propios y también los ajenos. Porque el fallo arbitral del domingo, anulándole un gol lícito con el partido 0 a 0, podría haber cambiado la historia. Fue un condicionante. No el único. Tampoco el decisivo. Colón perdió porque regaló otra vez un gol y porque el segundo tiempo fue realmente malo. Pero además, porque el arbitraje lo perjudicó.
Colón: en el pellejo de Iván Delfino caen suspensiones, lesiones y bajos rendimientos
Si Muñoz y Castet pueden volver, parte del problema se resolvería. Lago y Barrios siguen en duda, Peinipil, Lértora y Thaller están afuera y el resto (arquero incluido) no levanta cabeza.


Veamos:
* En el rubro lesionados, Lago, Pier Barrios, Castet y Muñoz. Los tres primeros, titulares indiscutidos más allá de que Lago y Barrios han bajado su rendimiento y Castet levantó un poco el suyo pero sin descollar. El otro, el volante central, reemplazante natural para un Lértora que tampoco podrá jugar por llegar al límite de amonestaciones. Pero Muñoz se recupera de un desgarro y está afuera para el domingo.
* En el rubro suspendidos, las ausencias de Lértora y Peinipil por haber llegado al límite de amonestaciones y, además, la de Thaller, que en un contexto normal no sería un problema si estaría Barrios en condiciones de volver, pero es duda y allí se plantea un problema para resolver.
* En el rubro “rendimientos individuales bajos”, están varios involucrados, empezando por el arquero. Budiño ha cometido errores en los tres últimos partidos. Comete un penal (¿innecesario?) en el gol de Racing de Córdoba más allá de que ataja el remate inicial de Chavarría; da rebote en el segundo de Morón (el de Berterame) y deja la pelota a merced en el primero de Godoy Cruz para que Poggi la empuje al fondo del arco. Y después, ni Garate ni Bonansea terminan de afirmarse en la titularidad, Marcioni fue de mayor a menor, Antonio no arranca y a Sarmiento le cuesta asumir responsabilidad de conducción futbolística.
Siete fechas para revertir el rumbo
Delfino dijo el domingo que “al equipo le voy a encontrar la vuelta para que mejore”, en una expresión llena de un obligado optimismo. Faltan siete fechas y este bajón en los resultados, más picos de rendimiento muy bajos en los últimos partidos, se constituyen en una marcada preocupación teniendo en cuenta que se acerca el momento de las definiciones, tanto en la clasificación para el Reducido (la aspiración innegociable de Colón es la clasificación entre los cuatro primeros) como en ese torneo final que definirá el segundo ascenso.
El panorama no es claro. Pero no por la clasificación en sí, porque uno supone que Colón terminará metido entre los ocho por más que no logre el objetivo de los cuatro primeros lugares (hoy está sexto), sino porque el equipo no termina de encontrar un rendimiento sustentable. El primer tiempo del domingo fue con orden, pero sin profundidad. Le alcanzó para jugar mejor que Godoy Cruz, pero más allá del error de la terna arbitral anulándole el gol a Toledo, cuando lo atacaron – a Colón – le crearon problemas y el segundo tiempo fue muy flojo y casi sin generar jugadas de peligro.
Hay que tratar de armar el mosaico futbolístico con lo que se puede y está disponible. Si Castet y Muñoz se recuperan – parecen ser los más cercanos – se le solucionaría parte del problema a Delfino, al menos en no quedarse sin tantos de la defensa titular afuera y con un “5” de características similares a Lértora. Pero la realidad es que deberá hacer varias modificaciones (fueron cinco para jugar en Mendoza) y, sobre todo, encontrar respuestas adecuadas en dos aspectos que siguen sin solución y que se entrelazan entre sí: 1) la falta de un armado de juego claro; 2) la falta de profundidad.
Llorar sobre la leche derramada ya no sirve. Lamentablemente, el armado del plantel para esta temporada arrancó sobre una base cierta: había que cambiar rotundamente porque el plantel anterior hizo que peligrara la permanencia en la segunda categoría del fútbol argentino, realizando una de las peores campañas de los 121 años de historia del club. Entonces, no se podía confiar de ninguna manera en la base que podría haber quedado de un torneo al otro. La llegada en cantidad, con un presupuesto que no era ilimitado y sin ventas a la vista, hizo que se hiciera “agua” en algunos puestos, que en otros exista una “superpoblación” y en otros se sufran carencias. En algún momento, el plantel tuvo 4 jugadores para jugar de “3” (Castet, Allende, Risso Patrón y Conrado Ibarra), la ausencia de un armador de juego y pocas variantes para el o los puestos de adelante, donde el “salvador” terminó siendo Lago, que no es un punta neto.
Mendoza dejó, como saldo, una luz que se prendió en el comienzo del partido y que hizo olvidar los dos primeros tiempos (con Racing de Córdoba y Deportivo Morón) en los que se hizo todo lo que se debía hacer para perder el partido. Esa luz se apagó en la parte final del primer tiempo, con el gol mal anulado y con un gol regalado al rival. El segundo tiempo tuvo esa imagen desechable de otros partidos, sin juego, sin ideas y sin profundidad. Suficiente para que resulte imposible modificar el resultado.









