Pareció no molestar demasiado, al menos en las declaraciones luego del partido, la muy mala actuación que tuvo Colón ante Deportivo Morón. O no fue lo mismo que la tarde del partido en cancha de San Telmo, cuando Ignacio Lago, por ejemplo, fue contundente en la autocrítica que hizo del partido y el propio Medrán también, cuando señaló que “hoy no fuimos nosotros”. El sábado, Colón tampoco fue Colón y es en lo que habrá que indagar para saber qué pasó.
Colón: se puede jugar mal, pero nunca se debe resignar la lucha
El remedio que se usó para recuperarse de la actuación ante San Telmo, se tendrá que volver a utilizar luego del flojísimo partido en Morón. Y también hay que ir “al hueso” para evitar que vuelva a ocurrir.

Las culpas son compartidas:
* 1) Las del entrenador. Porque armó un esquema en el que dio ventajas por el costado derecho, sector en el que Antonio estuvo perdido en los 20 minutos que ocupó la posición bien abierta por delante de Beltrán; luego lo corrió a Cano a ese lugar hasta que lo sacó en el entretiempo; luego jugó unos minutos Godoy y terminó poniendo a Sarmiento. ¿Tantos problemas le trajo no encontrar un reemplazo adecuado para Marcioni?
* 2) Las de los jugadores. Porque al margen de generalizar la mala tarde (salvo Paredes que fue el único para rescatar y “salvar del aplazo”), no mostraron esa rebeldía que se hace muy necesaria cuando las cosas no salen, para salir a pelear el partido con otros argumentos más emparentados con las cuestiones anímicas (que tienen mucho valor en el fútbol o en cualquier deporte) que con las estrictamente técnicas y estratégicas.
Colón, literalmente, nunca lo “peleó” al partido. Fue una actuación llena de sombras y debilidades, sin recurrir al amor propio y al esfuerzo, aunque más no sea desde lo físico para tratar de hacérsela un poco más difícil al rival.
Entonces, cuando suceden estas cosas (y es la segunda vez que pasa), hay que ir realmente al hueso para saber los por qué. Ningún equipo que tenga tantas irregularidades puede lograr algo importante. Perder en la cancha de Morón era algo que podía pasar, pero no que la derrota llegue después de un rendimiento tan bajo e impresentable de un equipo que no tuvo ningún argumento ni tampoco alguna reacción que permita justificar la manera en la que llegó a jugar el partido al oeste del Gran Buenos Aires: con la condición de único puntero de la zona, tres victorias consecutivas y cero gol en contra en las tres presentaciones.
El sábado, Colón fue un equipo muy difícil de entender. Que haya sido un paso en falso es una posibilidad que el propio equipo se encargará de demostrar el domingo que viene cuando reciba a Godoy Cruz. Pero que genera incertidumbre y que confude, es una realidad que preocupa y esto va más allá de lo muchísimo que falta para cerrar el capítulo clasificatorio. La inestabilidad y la irregularidad no es buena consejera, mucho menos para un equipo que pretende ser protagonista, que juega con la exigencia que le demanda el peso de la camiseta que visten y que a los posibles vaivenes futbolísticos debe responderle con algo que no se negocia jamás: la actitud.
Porque eso es lo que no se vio del equipo, la actitud para “plantarse” en la cancha y decir “acá está el puntero y vamos a demostrar por qué estamos donde estamos”. Eso no pasó. Una mala tarde puede darse. Si es generalizada, seguramente el partido se perderá. Pero cuando no se lucha, cuando un equipo no es competitivo y cuando el rival hace lo que quiere y no golea porque no mete quinta a fondo o porque se encuentra con un par de buenas atajadas del arquero rival, allí la preocupación aumenta.
Colón no debe jugar como uno más
Colón venía de jugar un muy buen partido ante San Miguel y un encuentro – el de Racing de Córdoba – en el que empezó con una furia arrasadora, llegó al gol queriendo siempre más que el rival y luego puso lo que se debe poner para asegurar la victoria, sin resignar, a través de la vía del contragolpe, la posibilidad de aumentar el resultado. En Morón se volvió a fojas cero, se volvió a las dudas que despertó la mala actuación ante San Telmo y hasta acrecentadas, porque ante Morón se jugó peor y jamás hubo la reacción que se vio esa tarde en la Isla Maciel (descontando cuando perdía 2 a 0 y poniéndose a tiro del empate con la doble atajada de Enrico).
Colón confunde y se convierte en uno más cuando tiene actuaciones tan decepcionantes como la del sábado en Morón o aquella en San Telmo. Y todos sabemos que Colón no es un equipo más. Ni por los nombres propios de sus jugadores ni por el prestigio como institución ni mucho menos por la pasión que arrastra y que seguramente se verá reflejada el domingo con la cancha llena, como siempre, apoyando al equipo y al club (que lo necesita). Pero este sube-baja confunde. Y lo aleja de la pretendida mística que siempre tienen los equipos que aspiran a algo mayor.









