“En esta categoría es difícil jugar bien al fútbol, por eso, cuando no se puede, hay que ganar”, dijo Delfino, palabras más, palabras menos. No es desacertado su análisis, porque acá lo que importan son los resultados. Pero Delfino es el primero que sabe que para ganar hay que jugar bien; o por lo menos, mejor que el rival. ¿Fue más Colón que San Miguel?, fue efectivo y con eso le alcanzó. Se mostró predispuesto a la lucha dentro de un marco de partido parejo. Y luego, con la ventaja a favor (le duró poco el 2 a 0, pero supo mantener el 2 a 1), se defendió sabiendo de qué manera lo iban a atacar, por más peligroso que haya sido. ¿Qué le faltó?, aguantar un poco más la pelota en el campo rival para que le partido no se convierta en un frontón. Y aprovechar los espacios para jugar de contragolpe. Por eso, al margen del ingreso de Thaller (para armar línea de cinco y fortalecerse en el juego áereo) y de Muñoz para “romper” en el medio, también Delfino apostó por gente rápida y fresca de mitad de cancha para adelante como Buosi y Franco García, pero no pudo capitalizar nunca el contragolpe.
Luces y sombras de un Colón que se acostumbra a ganar con Delfino
Esta seguidilla le permitió ampliar a diez puntos la diferencia con el último clasificado. Con San Miguel fue eficaz, pero a los goles los siguen haciendo los volantes.

La realidad es que el equipo se metió muy atrás para sostener el resultado. Son estrategias, le salió bien pero la situación no estuvo exenta de una alta cuota de sufrimiento. Lo ideal hubiese sido que el trámite se sostenga un poco más arriba. San Miguel tiró muchos centros, Delfino lo sabía y por eso agregó altura con Thaller y Muñoz. Al final, salió bien.

Estas rachas ganadoras, como la que consiguió con Delfino, aumentan la autoestima. Como siempre se dice, es mejor trabajar sobre las victorias que hacerlo sobre las derrotas. ¿Hay diferencias, en el juego, con lo que el equipo hacía con Medrán?, no. Colón no ha mejorado, pero el equipo gana sin jugar bien. Con San Miguel tuvo una virtud indispensable y fue el de la eficacia. No pudo crear cantidad de situaciones, pero capitalizó las pocas que tuvo para ponerse en ventaja. No anduvo bien Lago. Y si no anda bien Lago, es muy difícil que aparezca otro que sea capaz de administrar la pelota. El mejor en el primer tiempo, sobre todo, fue Toledo (la figura de Colón). La supo manejar con mucho criterio, pero estuvo bastante solo en la generación de juego en una cancha que no ayudaba para nada y frente a un rival que achicaba y encimaba siempre.
Impacto de las victorias en el equipo
La buena noticia, más allá de estas victorias consecutivas, es que Colón le ha sacado 10 puntos de ventaja a Ciudad Bolívar, que es el último que está entrando en el Reducido. Y el primero que queda afuera es Los Andes, que tiene 12 puntos menos que Colón pero debe un partido (como visitante ante Defensores de Belgrano el 9 de setiembre). Faltando diez fechas para el final, es una diferencia muy apreciable y tranquilizadora. De todos modos, el objetivo es clasificar lo más alto posible para tener alguna ventaja deportiva o, en el caso de ser primero, contar con la otra chance de ascender.
Desde que Delfino llegó al club, fue “toqueteando” el equipo. El cambio más sustancial lo dio ante San Miguel, poniendo a los dos centrodelanteros. No funcionó. Bonansea estuvo muchísimo más activo que Garate y participó en la jugada del gol de Lértora con un cabezazo previo que no pudo retener el arquero rival y dio rebote. La idea era abrir la cancha por afuera con Marcioni y con Lago para que, por adentro, haya dos en condiciones de complicar la estructura defensiva del rival. El problema de los “9” sigue instalado y menos mal que el equipo encuentra otros “goleadores” (Toledo metió dos en los últimos dos partidos, los “5” también se anotaron y Lago “moja” seguido).

Si algo va a tener Colón, con Delfino, es orden. El técnico lo pregona siempre y es la palabra que más utiliza cada vez que se refiere a la actuación del equipo. Se fastidió en el primer tiempo con Patronato porque, seguramente, vio un equipo desordenado, más allá de su equivocación – admitida por él mismo – de poner de titular a Allende. Atrás se arregla, arriba necesita que lleguen goles de delanteros y en el medio tiene una falta de juego para el que deberá encontrar sociedades. Toledo puede aportar algo, Antonio no termina de consolidarse y hoy parece haber perdido la titularidad, entonces se vuelve a lo de siempre: la falta de un estratega. Y por eso la intención de traer un “10” (el apuntado fue Tomás González, el de Estudiantes de Río Cuarto al que Delfino conoce muy bien) para reforzarse. Lo vio Delfino cuando hizo el diagnóstico, pero también lo había visto Medrán. Hubo opciones, pero posiblemente haya faltado el presupuesto para ir por un jugador que el equipo necesita.









