Ese abrazo en medio del Mineirao de Leo Burián —que perdió a su hermano— con el “Pulga” Rodríguez —que perdió a su padre en Simoca— es el nuevo “Abrazo del Alma”. Como el del “Pato” Fillol con el “Conejo” Tarantini el día que Argentina fue campeón del mundo en 1978 contra Holanda. Y el título de hoy, 26 años después, es el mismo que puse en esa tarde fría del Chateau Carreras, con las historias de los paraguayos, de porqué la agarró Cañete, de lo que pasó con Puentedura y todas esas líneas que escriben siempre los refutadores de Leyendas.


































