Frontal, crítico, visceral. Nunca cambiará el “Pepe” Castro. Como tampoco nunca dejará de tener a Unión bien presente, casi tanto como Argentinos Juniors o Vélez, clubes en los que consiguió una dimensión —sobre todo en Argentinos y siendo campeón de América hasta jugar aquella inolvidable final en Tokio ante la Juventus— diferente a la lograda con Unión, aunque sabe —porque se lo hacen saber también— que fue partícipe de una epopeya inolvidable para la hinchada tatengue como fue la del ‘89.
Frontal, crítico y visceral dijimos. Así es el “Pepe”, ni más ni menos. Aceptarlo como es, compartir o no, pero cambiarlo, jamás.
—¿Te acordás quién te trajo a Unión?
—Está buena la pregunta porque me permite aclarar algo: yo elegí ir a Unión. El que se lo adjudique, se equivoca.
—Sorprendió mucho, aquello, porque menos de tres años antes le habías hecho un gol a la Juventus en la Intercontinental y Unión estaba en la B...
—Mirá, tenía varios equipos para seguir en Primera pero estaba cansado... Y ví como una linda posibilidad la de Unión. Ahí me encontré con un señor de apellido Sabag, ¿te acordás de él?
—Por supuesto, Jorge Sabag... Manejaban el fútbol de Unión con Rubén Decoud en ese momento...
—Tengo un grato recuerdo de ese hombre... Sigo... tampoco puedo esquivarle al bulto y te reconozco algo: lo que me ofrecía Unión era muy valedero, pero si alguien me convenció en definitiva, fue ese señor Sabag. Al principio pedía, me decían que no podían y al rato me llamaban y me decían que sí. Así fue la negociación. A casi todo me dijeron que sí. ¡Y mirá que pedí, eh...!
—¿Qué pasó?, ¿no te querían ya en Primera?
(risas) —Tenía ofertas de Gimnasia, de Ferro, pero necesitaba un desafío.
—¿No le tenías miedo al cambio?
—Tiré por tierra lo que muchos decían, porque se me hizo más sencillo jugar en la B que en la A... El golpe duro fue ir a la cancha de Douglas Haig, el primer partido, el que empatamos 0 a 0... ¡Había gente a caballo mirando el partido...! Y la cancha estaba muy mala.
—Te cuento algo: Humberto Zuccarelli me admitió el año pasado que fue cierto aquello que contaste que una vez te regó la cancha cuando él dirigía a Temperley y vos jugabas en Argentinos...
—Salimos en esa canchita a jugar con Temperley, era un día a pleno sol, la semana fue a pleno sol y resulta que la cancha estaba inundada... Entonces lo miro al Flaco y le digo: “¿Vos te pensás que nos vas a ganar regando la cancha?... Ganamos... Yo le seguía diciendo cosas durante el partido. Bah, le dije de todo... Ycuando terminó, quería subirse al micro a pegarme... Imagináte cuando Unión lo contrató en la octava o décima fecha, no me acuerdo bien... Para colmo yo andaba lesionado en ese momento, no estaba jugando bien.
—Passucci tiró una frase, algo así: “nosotros caminamos los pasillos de Unión como campeones y nunca nos reconocieron”. ¿Coincidís?
—Leí las declaraciones de Roberto en El Litoral... No coincido en algunas cosas. El se adjudica haber participado en una reunión que cambió el rumbo. Quizás se refiera a otra, pero hay una que es la más importante. La reunión para cambiarle el rumbo al Flaco Zuccarelli, fue conmigo y el Flaco Tognarelli, un tipazo, ladero mío, casi de secretario lo tenía. Nadie más... En esa, tenía la idea de volverme a Buenos Aires.
—Y de lo que te acabo de preguntar...
—¿A la falta de reconocimiento?... Lo sentí la última vez... Mirá, cuando el Flaco me da la cinta de capitán, le dice a todos: “Este es el jugador de mayor jerarquía, por eso va a ser el capitán, va a patear los penales, va a manejar el grupo y va a venir un día después que el resto a entrenar”. Yo me quedaba en Buenos Aires a hacerme masajes de recuperación, cuando jugábamos allá. Yo había ganado cuatro títulos, tenía pergaminos importantes. A mí no me golpeó tanto que no me reconocieran, pero a los muchachos que se marcaron con Unión, fue y es bravo.
—Entonces, en ese aspecto coincidís con Passucci...
—A mí nunca me llamaron para decirme: “Tomá, acá tenés la camiseta”.... Pero hay chicos como Altamirano, González, Fernández, Tomé, Rabuñal, Echaniz, etcétera, que hicieron una gran campaña. Y ellos no se sienten bien, como tampoco se sienten bien cuando se habla del “madelonazo”.
—¿Vos decís que no les gusta que se reconozca esa gesta por el gol de Leo?
—A mi no me molesta, pero yo sé cómo es la cosa... Leo fue uno más y no sé si lo pongo entre los cinco primeros en grado de importancia. A los chicos les molesta, pero no lo van a decir. Hay chicos que lograron eso y nada más en su carrera... Y con Roberto Passucci todo bien, lo aprecio mucho... Me río porque el que estaba más contento en el primer partido, era él. Y yo le decía: “¿Vos estás contento porque ahora vas a ser el capitán en el segundo partido?”... A mí me habían echado y no iba a jugar la revancha.
—Leo venía sin pena ni gloria, tuvo un buen pasar en Unión y fue uno más, como uno del montón... Muchos se creen que era Rattín en el vestuario y no es así, era uno más.
—Pero no podés dudar que fue uno de los que cambió la historia en esa segunda rueda...
—Hubo otras cosas superiores a su incorporación... Esa reunión con el Flaco, el cambio de estilo... ¡Yo hice 18 goles en la segunda rueda!... Leo era un gran jugador, no lo niego. Pero se festeja ese segundo partido con Colón, con su gol, cuando en el primero se saca la ventaja o cuando hubo partidos, como el de Almirante Brown allá o los de Italiano, allá y en Santa Fe, que fueron bravísimos.
—Con Almirante hiciste los dos goles en Isidro Casanova en esa semifinal...
—Ese día, con Brown, los saqué a los muchachos a un costado y les dije: “Miren la pilcha nuestra y miren la de ellos”, que era de acetato, se te pegaba en el cuerpo, un desastre... “Muchachos, con la pilcha ya le estamos ganando a este equipo”.
—Volviendo al principio, se nota que ganaste plata en Unión...
—A mí me daba vergüenza cobrar lo que cobraba... Decoud me decía que aflojara. ¿Sabés cuál era mi sueldo o cómo se ajustaba?, con el 85 por ciento móvil de la inflación. Y estábamos en la época de la hiperinflación de mi querido Raúl Alfonsín. Decoud me decía “che Pepe, ¿podrás después vos?, porque con tu plata le pagamos a más de la mitad del plantel”. Yo paraba en el Hostal y me pagaban todo: desayuno, almuerzo, merienda y cena. Un día le digo al gerente del hotel: ¿cuánto gasta Unión conimgo?, tanto, me contesta. “Listo, hacé cuatro platos al mediodía y cuatro a la noche, de menor envergadura”, porque yo comía a la carta. Y me llevaba algunos pibes que estaban surgiendo o que no comían bien, a comer conmigo al Hostal.
—¿Qué viste cuando viniste el año pasado a los 30 años del ‘89?
—No vino un solo directivo de primera línea y me arrepentí de haber ido. Los muchachos estaban como locos porque Leo no fue.
—¿A vos te cayó mal que Madelón no haya estado?
—La verdad que no sé por qué no fue. Leo nunca me demostró que es un mal tipo... La otra historia es diferente. Lo del ‘89 no es un “madelonazo”, ¡hizo tres goles en el campeonato!. Pero la historia lo puso ahí y si la gente está identificada con esa palabra, bienvenido para él. Pero en la intimidad, el plantel sabe quién fue quién. A mí no me molesta eso, con la medalla de campeón de América, con los que jugué y a los defensores que me llevé puesto, me alcanza. Pero al resto de los muchachos no les cierra. Carlitos González fue el Panza Videla de Argentinos. Yo no le quito méritos a Leo, fue importantísimo, pero el reconocimiento se lo lleva él... A veces, la vida te depara esas cosas.
—Zuccarelli reconoce que además de la contratación de Madelón, hizo que el equipo cambiara y empiece a marcar en zona...
—¿Vos te acordás lo que fue mi primera rueda? Hice un solo gol y después hice 18. No tenía ganas de jugar... Esa es la realidad, había jugadores que hacían lo que querían, tenían envidia, jugadores que se iban a dormir a cualquier hora. Varias veces me pregunté qué estaba haciendo ahí. Plata no quería. Quería triunfar y defender mi camiseta de la mejor manera... Para que el equipo funcionara, se jugó de otra manera, se limpió lo que había que limpiar y logramos que el Flaco entendiera que había que ser protagonista, cosa que aún hoy le cuesta. El barco se inclinó para otro lado, jugando a la pelota.
—¿Y cómo te llevaste con Zuccarelli?
—El Flaco es una buena persona, pero entraba al vestuario con una cara que ni te cuento... Cara de perro ponía... Yo le dije: “Flaco, la cagás con esa cara de perro que ponés... Mimalos un poquito a los pibes”... Mirá, te cuento algo: un día, Dante Fernández jugó con la 7 y metió uno o dos goles. Cuando yo volví al equipo, Dante me dice: “Pepe, me dejás que juegue con tu camiseta, con la 7”. Pero sí le dije. Y el Flaco se la quería sacar... Después cambió. Y fue para bien... Es una buena persona el Flaco.